Las tres virtudes scout, tal y como yo las aprendí, son Lealtad, Abnegación, y Pureza.
La lealtad, el primero, parece el más fácil de definir, o el que la gente más a menudo cree erróneamente que entiende a la perfección. Y hay mucha gente que se equivoca con ella, porque en mi opinión, y como ya diré más adelante, hay muchas cosas que la lealtad no es. Quizá, se coloca el primero, porque es, de las tres virtudes, la que más relación tiene con nuestra forma de relacionarnos con el prójimo. Y el sentimiento scout, aunque es, ante todo, algo muy personal, que se lleva por dentro, el buen scout se debe a los demás.
De la lealtad se espera que aporte un margen de predecibilidad para con los tuyos, con el fin de evitar a toda costa el doloroso sentimiento de creerse traicionado. Principalmente, cuando más se acusa la falta de lealtad, es a la hora de llevarse sorpresas desagradables.
En realidad, es un poco más complejo. Más que predecibilidad, es ser honesto y consecuente con las propias afinidades. Cuando uno crea un vínculo con otra persona, uno debe siempre mirar por el bien del otro, desde el respeto y la amistad. A veces los vínculos nos vienen dados al nacer, a veces los decidimos nosotros mismos, y a veces, ni siquiera nos los proponemos, pero los esfuerzos de otros forjan esos lazos por nosotros, y no por ello son menos importantes. La lealtad, reducida a su mínima expresión, es recordar esos lazos y ser fiel a ellos en todo momento.
Por poner unos cuantos ejemplos típicos:
Lealtad es saber guardar un secreto, cuando revelarlo puede hacer verdadero daño a tu amigo; o revelarlo, cuando es la única manera de salvarlo.
La lealtad no tiene por qué ser siempre solícito o estar siempre a disposición, sí que lo es, en cambio, permanecer al lado de tu amigo, cuando las cosas se pongan difíciles de verdad;
defender a tus amigos cuando sea el momento de luchar;
También lo es hablar en defensa de tus amigos, cuando se les critique injustamente.
La lealtad es honradez, es amistad, y es constancia. Es ser noble y justo.
La lealtad también puede ser decirle a un amigo la verdad aún cuando sea difícil. Lealtad no es decir siempre que sí, sin cuestionar o debatir opiniones nunca.
Lealtad tampoco es ser sicario del amigo, aceptando como propios a sus enemigos, y uniéndose alegremente a las guerras que éste decida comenzar. Respaldar una maldad es el peor caso de lealtad mal entendida, y por desgracia, muy frecuente.
Un amigo leal no tiene por ello que dejar de ser justo, y advertir a sus amistades de su error cuando se dispongan a cometer un atropello. Lealtad es ser paciente con sus errores, sin ignorarlos, y feroz con sus agresores, sin prejuzgarlos.
¿Cuánta gente hay que se avergüenza de lo que cree o de a quién quiere, pero cree que no importa siempre que ponga en ello su corazón? Sin duda, mucha más de la que a simple vista se percibe o de la que estaría dispuesta a reconocerlo. ¿Cuánta gente hay que defiende con rabia sus ideas o a sus amigos, sin pararse un segundo a reflexionar sobre ello? ¿Cuánta, que te deja atrás en el camino, cuando más falta te hacen?