La historia de la humanidad ha estado plagada de épocas de depresión, en las que el hambre galopaba rampante, la miseria era la norma común, la educación y la cultura no eran accesibles, y en las que la mera supervivencia no se daba por sentada. La más famosa y contundente fué la Alta Edad Media, pero tanto en imperios de la antigüedad como en las naciones industriales se han repetido estos periodos, cuando las malas cosechas, las epidemias, la economía o la guerra así lo han dictado.
El debate ético, moral e ideológico era poco común entre la gente de a pie de estos periodos. Primero, porque en tiempos de crisis no es frecuente poder hablar con libertad de estos temas sin miedo a la represión. Segundo, porque la gente rara vez poseía el vocabulario y la complejidad de ideas suficientes como para expresar estos conceptos. Y tercero, porque el aliento se reservaba para trabajar sin descanso, y quizá garantizar el pan de cada día.
Por eso se hacen necesarios conceptos más simples para abreviar y resumir todos los ideales y conceptos morales positivos. En estos tiempos, además, la gente ofrece lo peor de sí misma, cuando su propia existencia y seguridad se ve amenazada, y la solidaridad sale cara; por eso esos conceptos han de venir del exterior, ya que la fe en la bondad humana es un tesoro insólito, y la asunción de que es el propio hombre el que debe hacer imperar bien y justicia para remediar lo que él mismo causa es desoladora.
En estos periodos aparece para cumplir este papel la palabra "Dios". Dios, para el que es creyente de verdad, es la encarnación de todo bien. Los hombres buenos lo son en la medida en que respetan a Dios, o le llevan en su corazón. Esto ahorra mucha palabrería y reflexión, porque creer de corazón en Dios, es creer en la bondad, la generosidad, la justicia, la igualdad, la compasión, el perdón, etc...
Cuando estas reminiscencias religiosas se cuelan en el escultismo como legados de un pasado más espiritual, incomodando a los más laicos del colectivo, no hay que horrorizarse y tacharla a ciegas, sino entenderla como lo que es: un resumen burdo y teocentrista de "Aquello en lo que creo". Este aquello en lo que uno cree puede, en efecto, ser la religión, pero no tiene que limitarse a la misma: Son tus sueños, tus ideales, tu manera de entender el mundo, y tu propia interiorización de los conceptos absolutos del bien.
Quisiera poseer la solución al enigma de cómo resumir en las fórmulas y ceremoniales algo tan complejo en nada que sea más corto que una frase de, al menos 5 palabras sin recurrir a Dios, para poder hablar con propiedad, pero temo que el asunto es complicado, y merece que cada uno haga su propia reflexión.
lunes, 17 de diciembre de 2012
jueves, 13 de diciembre de 2012
Palabras abstractas y complicadas...
Mi plan era continuar con los tres principios scout, pero me doy cuenta, aún antes de empezar, de que resultaría muy complicado continuar sin aclarar el conflicto con la lingüística en el que se metido el escultismo de estas últimas décadas. Ya he comentado antes que me parece pereza intelectual el cambio de vocabulario, pero me temo que para explicarme bien deba alargar el planteamiento, y hablar un poco de mí mismo.
Mi fe en estos últimos años no pasa de ser un coqueteo con el mito por amor a la fantasía, (en tanto que ésta no sólo es bella y amena, sino un medio y una excusa para reflexionar sobre ideas más elevadas); y un pequeño reducto de agnosticismo, nacido del miedo profundo al gran misterio de la muerte, y al concepto de afrontar el fin de la existencia desde dentro. (Es fácil presenciar el fin de algo desde fuera, y aceptar la idea de que ese algo ha dejado de existir, ¿Pero abordar la inexistencia desde dentro? La idea es brutalmente sencilla y a un tiempo imposible: no experimentas nada, porque sencillamente no existes.)
Sin embargo, cuando me sumergí en el escultismo, aún profesaba un agnosticismo menos interesado, y más próximo a la fe cristiana. Nuestros libros de progresión de entonces llevaban mucho tiempo sin actualizar, y aunque aún no había una obsesión tan chirriante con la corrección política; palabras como "Dios", o "Patria" (hoy en día incluso palabras como "Honor", "Bandera" o "Alma" corren riesgo de caer en este saco) ya eran incómodas por su proliferación en las fórmulas, ceremoniales, y canciones.
Recientemente ha surgido un afán falsamente renovador por erradicar estas palabras de nuestro vocabulario para evitar que se nos asocie con colectivos mucho menos benévolos que el nuestro, y con conceptos anticuados; pero sin sustituirlos por ninguna otra cosa, dejando delatadores huecos en blanco, aún emborronados y manchados por los restregones de la goma de borrar.
Las palabras me son tan incómodas como a cualquiera, y soy partidario de utilizar un lenguaje lo más ajustado posible a la realidad, para poder hablar con propiedad. Pero no soy partidario de negar el pasado, de tratar de eliminar quirúrgicamente conceptos que nos definen como colectivo por no hacer un esfuerzo por encontrar las palabras apropiadas para explicarlos. La pereza intelectual es uno de los defectos que más rápidamente nos puede alejar de nuestro desarrollo como personas, y quizá, por alejarnos de ideas y colectivos que han sido restrictivos y censuradores, nos estamos convirtiendo nosotros también en torpes censores del lenguaje, desesperados por una higiene conceptual que mantenga una fachada impoluta.
Seguiría, pero parece que la entrada ya se me está haciendo demasiado larga, y para no abusar de vuestra paciencia, mejor explico estas palabras una por una, y en entradas independientes. Continuará...
Mi fe en estos últimos años no pasa de ser un coqueteo con el mito por amor a la fantasía, (en tanto que ésta no sólo es bella y amena, sino un medio y una excusa para reflexionar sobre ideas más elevadas); y un pequeño reducto de agnosticismo, nacido del miedo profundo al gran misterio de la muerte, y al concepto de afrontar el fin de la existencia desde dentro. (Es fácil presenciar el fin de algo desde fuera, y aceptar la idea de que ese algo ha dejado de existir, ¿Pero abordar la inexistencia desde dentro? La idea es brutalmente sencilla y a un tiempo imposible: no experimentas nada, porque sencillamente no existes.)
Sin embargo, cuando me sumergí en el escultismo, aún profesaba un agnosticismo menos interesado, y más próximo a la fe cristiana. Nuestros libros de progresión de entonces llevaban mucho tiempo sin actualizar, y aunque aún no había una obsesión tan chirriante con la corrección política; palabras como "Dios", o "Patria" (hoy en día incluso palabras como "Honor", "Bandera" o "Alma" corren riesgo de caer en este saco) ya eran incómodas por su proliferación en las fórmulas, ceremoniales, y canciones.
Recientemente ha surgido un afán falsamente renovador por erradicar estas palabras de nuestro vocabulario para evitar que se nos asocie con colectivos mucho menos benévolos que el nuestro, y con conceptos anticuados; pero sin sustituirlos por ninguna otra cosa, dejando delatadores huecos en blanco, aún emborronados y manchados por los restregones de la goma de borrar.
Las palabras me son tan incómodas como a cualquiera, y soy partidario de utilizar un lenguaje lo más ajustado posible a la realidad, para poder hablar con propiedad. Pero no soy partidario de negar el pasado, de tratar de eliminar quirúrgicamente conceptos que nos definen como colectivo por no hacer un esfuerzo por encontrar las palabras apropiadas para explicarlos. La pereza intelectual es uno de los defectos que más rápidamente nos puede alejar de nuestro desarrollo como personas, y quizá, por alejarnos de ideas y colectivos que han sido restrictivos y censuradores, nos estamos convirtiendo nosotros también en torpes censores del lenguaje, desesperados por una higiene conceptual que mantenga una fachada impoluta.
Seguiría, pero parece que la entrada ya se me está haciendo demasiado larga, y para no abusar de vuestra paciencia, mejor explico estas palabras una por una, y en entradas independientes. Continuará...
viernes, 7 de diciembre de 2012
Virtudes Scout: PUREZA
Vamos con la última de las tres virtudes, tal y como las aprendí: La pureza.
Me consta que en otros círculos, incluída la asociación en que ahora se engloba mi grupo, esta difícil palabra se ha sustituído por "humildad", para facilitar el trámite de tener que explicar un concepto con unas connotaciones tan arcaicas como las que evoca la palabra "Pureza". Con todo, me parece un ejercicio de pereza intelectual, ya que la pureza scout no se limita a la humildad, sino que va mucho más allá.
Saquemos la pureza de todo contexto religioso o de virginalidad. La pureza es el estado en el que algo está libre de imperfecciones, de manchas, de desperfectos. Obviamente, hablamos de pureza moral, pero... ¿Qué mente, hoy en día, está libre de recovecos, de perversiones, de pasadizos oscuros llenos de vueltas y callejones sin salida donde se encuentran los frutos de nuestros temores, prejuicios y sufrimiento, donde se encuentran todos los mecanismos de defensa emocional que nos oscurecen el carácter?
Hay quien dice que la verdadera pureza está en la primera infancia, y tienen parte de razón, porque es cuando menos contaminadas están nuestras mentes... pero por supuesto, no es una pureza duradera, porque los bebés aún no han aprendido a controlar sus impulsos, sentimientos, y apetitos, aún no saben comportarse socialmente. Creo que la auténtica pureza de espíritu está en tratar de ver el mundo con los ojos de un niño, permitiendo que las cosas nos ilusionen, y no prejuzgando, no dar nada por hecho, excepto la humildad de no despreciar nada, de sobreentender que todo puede merecer la pena, de que todo merece respeto, y que no somos mejores que nada ni nadie. Librarse del sarcasmo que nace en el corazón, de la crueldad, de la soberbia, de los prejuicios, de la estrechez de miras. La pureza es quizá como empezar de cero con cada persona que conoces, poner la misma ilusión en cada empresa, y amar cada vez como si fuera la primera y la última. Manteniendo esa ingenuidad, esa ilusión, esa terquedad en el buen hacer. El escultismo es un movimiento pensado para los niños, y una de las virtudes del scout es intentar no perder nunca a ese niño interior.
Esto requiere un ejercicio constante de reflexión y autoevaluación, y un esfuerzo enorme para intentar mantener siempre una actitud abierta y justa. Es imposible mantener limpia del todo la casa donde uno vive, si no es a costa de trabajar en ello a menudo, pero el que pretende ser sano en cuerpo y mente debe abrir las ventanas de vez en cuando y airear el polvo.
Me consta que en otros círculos, incluída la asociación en que ahora se engloba mi grupo, esta difícil palabra se ha sustituído por "humildad", para facilitar el trámite de tener que explicar un concepto con unas connotaciones tan arcaicas como las que evoca la palabra "Pureza". Con todo, me parece un ejercicio de pereza intelectual, ya que la pureza scout no se limita a la humildad, sino que va mucho más allá.
Saquemos la pureza de todo contexto religioso o de virginalidad. La pureza es el estado en el que algo está libre de imperfecciones, de manchas, de desperfectos. Obviamente, hablamos de pureza moral, pero... ¿Qué mente, hoy en día, está libre de recovecos, de perversiones, de pasadizos oscuros llenos de vueltas y callejones sin salida donde se encuentran los frutos de nuestros temores, prejuicios y sufrimiento, donde se encuentran todos los mecanismos de defensa emocional que nos oscurecen el carácter?
Hay quien dice que la verdadera pureza está en la primera infancia, y tienen parte de razón, porque es cuando menos contaminadas están nuestras mentes... pero por supuesto, no es una pureza duradera, porque los bebés aún no han aprendido a controlar sus impulsos, sentimientos, y apetitos, aún no saben comportarse socialmente. Creo que la auténtica pureza de espíritu está en tratar de ver el mundo con los ojos de un niño, permitiendo que las cosas nos ilusionen, y no prejuzgando, no dar nada por hecho, excepto la humildad de no despreciar nada, de sobreentender que todo puede merecer la pena, de que todo merece respeto, y que no somos mejores que nada ni nadie. Librarse del sarcasmo que nace en el corazón, de la crueldad, de la soberbia, de los prejuicios, de la estrechez de miras. La pureza es quizá como empezar de cero con cada persona que conoces, poner la misma ilusión en cada empresa, y amar cada vez como si fuera la primera y la última. Manteniendo esa ingenuidad, esa ilusión, esa terquedad en el buen hacer. El escultismo es un movimiento pensado para los niños, y una de las virtudes del scout es intentar no perder nunca a ese niño interior.
Esto requiere un ejercicio constante de reflexión y autoevaluación, y un esfuerzo enorme para intentar mantener siempre una actitud abierta y justa. Es imposible mantener limpia del todo la casa donde uno vive, si no es a costa de trabajar en ello a menudo, pero el que pretende ser sano en cuerpo y mente debe abrir las ventanas de vez en cuando y airear el polvo.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Virtudes Scout: ABNEGACIÓN
Espero que no se os hiciera muy larga mi anterior entrada, en la que traté de definir la lealtad.
Vamos ahora con la segunda virtud Scout: La abnegación.
La abnegación es el empeño altruista. El hacer el bien por el bien mismo, el ayudar a otros, sin esperar nada a cambio. Encarnada por el caballero en la leyenda de San Jorge (y por Yitán en el FFIX), es quizá la más hermosa de todas ellas, puede que la más importante. La abnegación abarca el esfuerzo y sacrificio que se hace en provecho de los demás; la sana costumbre de ser bueno porque no se concibe lo contrario, de ayudar porque la ayuda hace falta, de elevarse por encima de la inteligencia animal para hacer lo impensable en la vida salvaje: entregarse a una causa distinta a la propia supervivencia.
El concepto en sí mismo es precioso. La realidad con la que ha de compararse, monstruosa.
El palabro en sí mismo ya es infrecuente en el lenguaje cotidiano, más rara aún es la abnegación verdadera en los tiempos que corren, en los que toda acción se juzga en función del esfuerzo que conlleva y el beneficio que reporta. Me consta incluso que en la cultura popular, en la tele, en la calle, en las casas y familias, a muchos niños se les inculca activamente el tratar de aprovecharse al máximo de todo y de todos, al tiempo que se evita la generosidad (del tipo que sea) con los extraños, para que no se aprovechen de uno. Son tiempos de egoísmo.
En mi opinión, el mundo ya está lo bastante plagado de malas personas. Hay quien piensa que hay gente que es malvada, y no hay más que hablar. Yo aún no me he posicionado. Hay gente que no ha recibido una buena educación, o que sufrieron demasiado y no supieron encajarlo, o a los que no se les ha inculcado otra cosa que espíritu de supervivencia, o que cae en la desidia moral y el egoísmo. Quizá es verdad que hay malas personas, si bien opino que las malas personas no nacen, se hacen. El caso es, que llevados por este egoísmo, no hay maldad que un ser humano no sea capaz de perpetrar, ni daño que no sea capaz de inflingir al mundo o a sus semejantes.
La abnegación no solo es bonita, es un rasgo necesario, porque es la única manera de equilibrar la balanza. La maldad engendra sufrimiento, y el sufrimiento, más maldad. La bondad puede engendrar gratitud, y la gratitud, bondad. La película de la naranja mecánica exponía muy claramente esta idea, y no debe caer en saco roto, ya que a la vista de todos está el rumbo del mundo y de nuestra cultura.
Más allá de la batalla moral entre el bien y el mal, más allá de la metafísica colorista y fantasiosa, una realidad se impone: no puede existir ninguna sociedad justa sin la abnegación como premisa.
Vamos ahora con la segunda virtud Scout: La abnegación.
La abnegación es el empeño altruista. El hacer el bien por el bien mismo, el ayudar a otros, sin esperar nada a cambio. Encarnada por el caballero en la leyenda de San Jorge (y por Yitán en el FFIX), es quizá la más hermosa de todas ellas, puede que la más importante. La abnegación abarca el esfuerzo y sacrificio que se hace en provecho de los demás; la sana costumbre de ser bueno porque no se concibe lo contrario, de ayudar porque la ayuda hace falta, de elevarse por encima de la inteligencia animal para hacer lo impensable en la vida salvaje: entregarse a una causa distinta a la propia supervivencia.
El concepto en sí mismo es precioso. La realidad con la que ha de compararse, monstruosa.
El palabro en sí mismo ya es infrecuente en el lenguaje cotidiano, más rara aún es la abnegación verdadera en los tiempos que corren, en los que toda acción se juzga en función del esfuerzo que conlleva y el beneficio que reporta. Me consta incluso que en la cultura popular, en la tele, en la calle, en las casas y familias, a muchos niños se les inculca activamente el tratar de aprovecharse al máximo de todo y de todos, al tiempo que se evita la generosidad (del tipo que sea) con los extraños, para que no se aprovechen de uno. Son tiempos de egoísmo.
En mi opinión, el mundo ya está lo bastante plagado de malas personas. Hay quien piensa que hay gente que es malvada, y no hay más que hablar. Yo aún no me he posicionado. Hay gente que no ha recibido una buena educación, o que sufrieron demasiado y no supieron encajarlo, o a los que no se les ha inculcado otra cosa que espíritu de supervivencia, o que cae en la desidia moral y el egoísmo. Quizá es verdad que hay malas personas, si bien opino que las malas personas no nacen, se hacen. El caso es, que llevados por este egoísmo, no hay maldad que un ser humano no sea capaz de perpetrar, ni daño que no sea capaz de inflingir al mundo o a sus semejantes.
La abnegación no solo es bonita, es un rasgo necesario, porque es la única manera de equilibrar la balanza. La maldad engendra sufrimiento, y el sufrimiento, más maldad. La bondad puede engendrar gratitud, y la gratitud, bondad. La película de la naranja mecánica exponía muy claramente esta idea, y no debe caer en saco roto, ya que a la vista de todos está el rumbo del mundo y de nuestra cultura.
Más allá de la batalla moral entre el bien y el mal, más allá de la metafísica colorista y fantasiosa, una realidad se impone: no puede existir ninguna sociedad justa sin la abnegación como premisa.
jueves, 22 de marzo de 2012
Virtudes Scout: LEALTAD
Como ya dije, me he propuesto abordar el escultismo desde sus principios ideológicos, normas y leyes, y voy a empezar por las virtudes scout, representadas en el saludo scout por los tres dedos (índice, anular y corazón) que permanecen alzados en el saludo scout.
Las tres virtudes scout, tal y como yo las aprendí, son Lealtad, Abnegación, y Pureza.
La lealtad, el primero, parece el más fácil de definir, o el que la gente más a menudo cree erróneamente que entiende a la perfección. Y hay mucha gente que se equivoca con ella, porque en mi opinión, y como ya diré más adelante, hay muchas cosas que la lealtad no es. Quizá, se coloca el primero, porque es, de las tres virtudes, la que más relación tiene con nuestra forma de relacionarnos con el prójimo. Y el sentimiento scout, aunque es, ante todo, algo muy personal, que se lleva por dentro, el buen scout se debe a los demás.
De la lealtad se espera que aporte un margen de predecibilidad para con los tuyos, con el fin de evitar a toda costa el doloroso sentimiento de creerse traicionado. Principalmente, cuando más se acusa la falta de lealtad, es a la hora de llevarse sorpresas desagradables.
En realidad, es un poco más complejo. Más que predecibilidad, es ser honesto y consecuente con las propias afinidades. Cuando uno crea un vínculo con otra persona, uno debe siempre mirar por el bien del otro, desde el respeto y la amistad. A veces los vínculos nos vienen dados al nacer, a veces los decidimos nosotros mismos, y a veces, ni siquiera nos los proponemos, pero los esfuerzos de otros forjan esos lazos por nosotros, y no por ello son menos importantes. La lealtad, reducida a su mínima expresión, es recordar esos lazos y ser fiel a ellos en todo momento.
Por poner unos cuantos ejemplos típicos:
Lealtad es saber guardar un secreto, cuando revelarlo puede hacer verdadero daño a tu amigo; o revelarlo, cuando es la única manera de salvarlo.
La lealtad no tiene por qué ser siempre solícito o estar siempre a disposición, sí que lo es, en cambio, permanecer al lado de tu amigo, cuando las cosas se pongan difíciles de verdad;
defender a tus amigos cuando sea el momento de luchar;
También lo es hablar en defensa de tus amigos, cuando se les critique injustamente.
La lealtad es honradez, es amistad, y es constancia. Es ser noble y justo.
La lealtad también puede ser decirle a un amigo la verdad aún cuando sea difícil. Lealtad no es decir siempre que sí, sin cuestionar o debatir opiniones nunca.
Lealtad tampoco es ser sicario del amigo, aceptando como propios a sus enemigos, y uniéndose alegremente a las guerras que éste decida comenzar. Respaldar una maldad es el peor caso de lealtad mal entendida, y por desgracia, muy frecuente.
Un amigo leal no tiene por ello que dejar de ser justo, y advertir a sus amistades de su error cuando se dispongan a cometer un atropello. Lealtad es ser paciente con sus errores, sin ignorarlos, y feroz con sus agresores, sin prejuzgarlos.
La lealtad también se puede profesar hacia un colectivo, o, a un nivel más profundo, hacia un ideal, un sentimiento o una idea. Como con un amigo, el que es leal a un ideal, lo ama, pero no por ello es menos crítico con él. Ser leal a un ideal implica conocerlo, reflexionarlo, defenderlo, ser consciente de sus fallos y sus lagunas, y ser capaz de aceptarlos y debatirlos, en lugar de ocultarlos. Alguien que es leal, no se avergüenza de ello. No cambia de idea de la noche a la mañana, no traiciona sus propios principios. Lealtad es ser consecuente. Esto también se aplica a las amistades. Alguien leal a un ideal o a un amigo se sentirá orgulloso de ello, no lo ocultará. Lealtad ser capaz de hablar de ese vínculo sin tapujos ni tensión, porque si se defiende de manera irracional, se arriesga el dar a entender que lo que defiende, es por extensión irracional.
¿Cuánta gente hay que se avergüenza de lo que cree o de a quién quiere, pero cree que no importa siempre que ponga en ello su corazón? Sin duda, mucha más de la que a simple vista se percibe o de la que estaría dispuesta a reconocerlo. ¿Cuánta gente hay que defiende con rabia sus ideas o a sus amigos, sin pararse un segundo a reflexionar sobre ello? ¿Cuánta, que te deja atrás en el camino, cuando más falta te hacen?
Las tres virtudes scout, tal y como yo las aprendí, son Lealtad, Abnegación, y Pureza.
La lealtad, el primero, parece el más fácil de definir, o el que la gente más a menudo cree erróneamente que entiende a la perfección. Y hay mucha gente que se equivoca con ella, porque en mi opinión, y como ya diré más adelante, hay muchas cosas que la lealtad no es. Quizá, se coloca el primero, porque es, de las tres virtudes, la que más relación tiene con nuestra forma de relacionarnos con el prójimo. Y el sentimiento scout, aunque es, ante todo, algo muy personal, que se lleva por dentro, el buen scout se debe a los demás.
De la lealtad se espera que aporte un margen de predecibilidad para con los tuyos, con el fin de evitar a toda costa el doloroso sentimiento de creerse traicionado. Principalmente, cuando más se acusa la falta de lealtad, es a la hora de llevarse sorpresas desagradables.
En realidad, es un poco más complejo. Más que predecibilidad, es ser honesto y consecuente con las propias afinidades. Cuando uno crea un vínculo con otra persona, uno debe siempre mirar por el bien del otro, desde el respeto y la amistad. A veces los vínculos nos vienen dados al nacer, a veces los decidimos nosotros mismos, y a veces, ni siquiera nos los proponemos, pero los esfuerzos de otros forjan esos lazos por nosotros, y no por ello son menos importantes. La lealtad, reducida a su mínima expresión, es recordar esos lazos y ser fiel a ellos en todo momento.
Por poner unos cuantos ejemplos típicos:
Lealtad es saber guardar un secreto, cuando revelarlo puede hacer verdadero daño a tu amigo; o revelarlo, cuando es la única manera de salvarlo.
La lealtad no tiene por qué ser siempre solícito o estar siempre a disposición, sí que lo es, en cambio, permanecer al lado de tu amigo, cuando las cosas se pongan difíciles de verdad;
defender a tus amigos cuando sea el momento de luchar;
También lo es hablar en defensa de tus amigos, cuando se les critique injustamente.
La lealtad es honradez, es amistad, y es constancia. Es ser noble y justo.
La lealtad también puede ser decirle a un amigo la verdad aún cuando sea difícil. Lealtad no es decir siempre que sí, sin cuestionar o debatir opiniones nunca.
Lealtad tampoco es ser sicario del amigo, aceptando como propios a sus enemigos, y uniéndose alegremente a las guerras que éste decida comenzar. Respaldar una maldad es el peor caso de lealtad mal entendida, y por desgracia, muy frecuente.
Un amigo leal no tiene por ello que dejar de ser justo, y advertir a sus amistades de su error cuando se dispongan a cometer un atropello. Lealtad es ser paciente con sus errores, sin ignorarlos, y feroz con sus agresores, sin prejuzgarlos.
¿Cuánta gente hay que se avergüenza de lo que cree o de a quién quiere, pero cree que no importa siempre que ponga en ello su corazón? Sin duda, mucha más de la que a simple vista se percibe o de la que estaría dispuesta a reconocerlo. ¿Cuánta gente hay que defiende con rabia sus ideas o a sus amigos, sin pararse un segundo a reflexionar sobre ello? ¿Cuánta, que te deja atrás en el camino, cuando más falta te hacen?
martes, 20 de marzo de 2012
Ave Fénix.
Amigos, he perdido el acceso a mi viejo blog, así que, y aunque seguirá ahí para releer viejas entradas, ya no escribiré más en él. Como no quiero abandonar del todo la costumbre, algo dispersa, de escribir; me dispongo a empezar otro, que hasta nuevo aviso, se podría considerar en obras mientras lo pongo todo en orden.
Espero que la novedad me anime y logre arrancar bien.
No descarto seguir escribiendo artículos intimistas, o poéticos, o todo aquello que definía mi viejo blog, y sus viejas entradas. Pero en éste tengo intención, además, de exponer ideas, de decir lo que pienso, de definir mi propia idea de diversos conceptos que me parezcan importantes.
Si el amor me sorprende de nuevo en esta etapa turbia, quizá recupere parte del viejo estilo, pero por ahora, necesito este espacio para dar rienda suelta a mi necesidad de exponer ideas.
Como es un tema del que nunca había hablado mucho, y es uno de los ejes de mi vida, voy a empezar hablando del escultismo. Nos leemos en breves, si la lucha da tregua.
Buena Caza y Largas Lunas.
Espero que la novedad me anime y logre arrancar bien.
No descarto seguir escribiendo artículos intimistas, o poéticos, o todo aquello que definía mi viejo blog, y sus viejas entradas. Pero en éste tengo intención, además, de exponer ideas, de decir lo que pienso, de definir mi propia idea de diversos conceptos que me parezcan importantes.
Si el amor me sorprende de nuevo en esta etapa turbia, quizá recupere parte del viejo estilo, pero por ahora, necesito este espacio para dar rienda suelta a mi necesidad de exponer ideas.
Como es un tema del que nunca había hablado mucho, y es uno de los ejes de mi vida, voy a empezar hablando del escultismo. Nos leemos en breves, si la lucha da tregua.
Buena Caza y Largas Lunas.
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