lunes, 17 de diciembre de 2012

Palabras complicadas: DIOS

La historia de la humanidad ha estado plagada de épocas de depresión, en las que el hambre galopaba rampante, la miseria era la norma común, la educación y la cultura no eran accesibles, y en las que la mera supervivencia no se daba por sentada. La más famosa y contundente fué la Alta Edad Media, pero tanto en imperios de la antigüedad como en las naciones industriales se han repetido estos periodos, cuando las malas cosechas, las epidemias, la economía o la guerra así lo han dictado.

El debate ético, moral e ideológico era poco común entre la gente de a pie de estos periodos. Primero, porque en tiempos de crisis no es frecuente poder hablar con libertad de estos temas sin miedo a la represión. Segundo, porque la gente rara vez poseía el vocabulario y la complejidad de ideas suficientes como para expresar estos conceptos. Y tercero, porque el aliento se reservaba para trabajar sin descanso, y quizá garantizar el pan de cada día.
Por eso se hacen necesarios conceptos más simples para abreviar y resumir todos los ideales y conceptos morales positivos. En estos tiempos, además, la gente ofrece lo peor de sí misma, cuando su propia existencia y seguridad se ve amenazada, y la solidaridad sale cara; por eso esos conceptos han de venir del exterior, ya que la fe en la bondad humana es un tesoro insólito, y la asunción de que es el propio hombre el que debe hacer imperar bien y justicia para remediar lo que él mismo causa es desoladora.

En estos periodos aparece para cumplir este papel la palabra "Dios". Dios, para el que es creyente de verdad, es la encarnación de todo bien. Los hombres buenos lo son en la medida en que respetan a Dios, o le llevan en su corazón. Esto ahorra mucha palabrería y reflexión, porque creer de corazón en Dios, es creer en la bondad, la generosidad, la justicia, la igualdad, la compasión, el perdón, etc...

Cuando estas reminiscencias religiosas se cuelan en el escultismo como legados de un pasado más espiritual, incomodando a los más laicos del colectivo, no hay que horrorizarse y tacharla a ciegas, sino entenderla como lo que es: un resumen burdo y teocentrista de "Aquello en lo que creo". Este aquello en lo que uno cree puede, en efecto, ser la religión, pero no tiene que limitarse a la misma: Son tus sueños, tus ideales, tu manera de entender el mundo, y tu propia interiorización de los conceptos absolutos del bien.

Quisiera poseer la solución al enigma de cómo resumir en las fórmulas y ceremoniales algo tan complejo en nada que sea más corto que una frase de, al menos 5 palabras sin recurrir a Dios, para poder hablar con propiedad, pero temo que el asunto es complicado, y merece que cada uno haga su propia reflexión.

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