viernes, 29 de marzo de 2013

La que nunca ganará el festival de la canción scout.

En mi tercera y última entrada, seguiré hablando del festival un poco más. Sé que soy un maniático detallista con según qué cuestiones, y que casi ninguna de aquellas cosas que me escandalizaban en las dos entradas anteriores, por sí misma, tiene por qué interpretarse como una degradación del significado del escultismo. Todas en conjunto, no obstante, arrojan una sombra de duda.

Mucho más me preocuparon las letras. Soy aficionado a la lectura y la escritura, he sido letrista de mi grupo en un par de ocasiones (alguna de ellas con éxito) y tengo la costumbre de leer y analizar las letras de las canciones del certamen antes de que empiece la música, para valorarlas por su valor como poesía y como mensaje. Este año le concedí mi voto personal a una canción que hablaba de perseguir la utopía para poder avanzar, para seguir caminando, y volverse siempre a levantar. Algunas referencias eran bastante bonitas. Ganó, de hecho, aunque sospecho que la letra fué lo que menos intervino en ello. El resto de canciones en cambio eran pobres, no sólo en lo puramente lírico (cada una y cada cual hacía lo que podía, y había los altibajos naturales), sino en lo ideológico. Ninguna te contaba una historia interesante, o te hablaba de un tema importante, todas hablaban simplemente del escultismo, (cosa natural, claro). Pero las referencias al escultismo que allí se veían sólo pueden calificarse de bancarrota conceptual. Todas se contentaban con mencionar 5 o 6 veces palabras de la siguiente lista "sentimiento", "amistad", "canción" (al ser el festival, la cosa está en bandeja), o "centenario" (al celebrarse los cien años de escultismo en la región, la palabra estaba destinada a ser la muletilla comercial). Poco más. Casi daba la impresión de que quienes escribieron esas letras (imagino que escultas, rovers y scouters de sus respectivos grupos) no tenían ni puñetera idea de lo que iba el escultismo. Lo de que sea un sentimiento o que implique hacer amigos es cierto, pero lo mismo puede decirse de una peña o un equipo deportivo, una cofradía de semana santa, una parroquia mormona, una comparsa de carnaval, un colectivo de recreación histórica, o la asociación vecinal de amigos de la petanca.
 Si el festival debe servir para darnos a conocer, explicad algo más; o si vivimos tiempos de crisis y miseria, sed reivindicativos; no sé, haced algo constructivo, útil. Hablar del escultismo ensalzándolo pero sin explicarlo o ponerlo en práctica, es como hacerse la pelota a uno mismo, y para colmo andar falto de adjetivos. Me llevó a pensar que quizá el relevo generacional no ha sido óptimo, que el mensaje se ha transmitido a través de un teléfono roto viejo y oxidado, y que hay scouts ahí fuera con pañoleta al cuello y muy buena intención, pero que nunca terminaron de comprender el escultismo. Es un pensamiento deprimente, lo sé.

Por eso, el día de mi cumpleaños (17 de Marzo, día de San Patricio), mientras estaba de acampada con mi grupo, y aquejado de un caso grave de melancolía por razones muchas y variadas que en su mayoría no vienen al caso pero que incluyen lo dicho arriba; decidí sar salida a los sentimientos escribiendo algo, y puse todas esas inquietudes en verso. Mi grupo se queja de que casi nunca me decido a poner mi pluma a trabajar para crear nuevas letras de canción. Ésta queda a disposición de ellos, aunque es demasiado larga, y arremete contra el rumbo de la asociación de tal manera, y pone tanto en entredicho la preservación del ideal, que estoy seguro de que nunca, nunca, ganará el festival de la canción. Dice así:

Muchos años han pasado
de sangrar y de crecer,
nuestras caras han cambiado
nuestro sueño ¿Dónde fue?

Aprendimos las pasiones
de las glorias del ayer
mas la mano que recibe
aquel legado ¿Dónde fue?

Nuestras ropas son distintas,
marchitó la tradición,
mas la meta de las pistas
que seguimos ¿Se olvidó?

Aún lo llaman sentimiento,
aún se canta la canción,
mas el sentido que tuvo
con el tiempo ¿Se olvidó?

(Estribillo)
[Y cuando los sueños naufragan,
muere el mundo alrededor,
y la ambición y el dinero
son más fuertes que el amor...
¿Era amistad solamente?
¿Sólo juegos y canción?
¿La juventud celebrada
y el placer de la excursión?

Detrás de aquellas canciones
hubo ganas de luchar,
de elegir un rumbo justo
y no dejar de caminar,
de educar y dar ejemplo,
de guiar a los demás
a un mañana más hermoso
que ha de hacerse realidad.]

Éramos niños entonces,
no entendimos la misión.
Ahora que somos mayores
la esperanza ¿Se perdió?

Los lemas se gritan fuerte,
los pañuelos dan color.
Mas la ley que prometimos,
su sentido ¿Se perdió?

Cuando el amigo se marche,
apriete la soledad, y
nuestros sueños envejezcan
¿Qué será del ideal?

La misión no ha terminado,
el mundo aún debe cambiar,
que soñar sea nuestra lucha,
y nuestra meta, luchar.

(Estribillo)
[Y cuando los sueños naufragan...]

La evolución de ASDE

Hablaba en la anterior entrada de los festivales de la canción. Su origen y significado, y en lo que se han convertido en mi asociación. No quedaría completo el artículo si no dijera que este rastro de pasos que alejan al festival de su propósito y sentido, no son un caso aislado en nuestra asociación. Creo que forman parte de un proceso mucho más grande, triste y preocupante, que amenaza con arrebatar al escultismo de su significado, gota a gota, palabra a palabra, idea a idea. Sospecho, de hecho, que éste un fenómeno generalizado en muchos grupos scouts de hoy en día, al margen de su afiliación asociativa, y de las propias asociaciones, que por comodidad o pereza intelectual o ideológica lo consienten y/o incentivan.

Para entrar en materia, diré que en mi grupo y en la federación que lo vió nacer, las actividades se abrían y cerraban con un acto de izada o arriada de banderas, que incluía las tradicionales formaciones, gritos, canciones. Elementos todos ellos cargados de simbolismo, que recordaban a una disciplina marcial arcaica (y de ahí el rechazo), que sin embargo nos permite tener una organización interna eficaz, mantener la tradición del grupo (allí donde la tradición no entraba en conflicto con el sentido común) e inculcar un poco de disciplina, eso sí, bien entendida, a los muchachos.

No queda apenas rastro de eso. Cualquier anuncio que se haga, se hace desde la megafonía de un escenario, aquél del que dispongamos si estamos en un festival de la canción, o uno portátil si no hay otra cosa. El resto del tiempo, estos equipos de sonido se destinan a poner música, de la que sea facilona, masticadita y de moda, que puede mezclar los últimos éxitos del verano con pachangueo discotequero, con clásicos de disney o algún éxito poco controvertido del pop-rock. Lo frecuente es que la música se mantenga a pleno volumen hasta la hora en que la ley exija unos niveles razonables de silencio. El mantener unos hábitos de sueño sanos queda descartado, en favor de convertir los actos asociativos en un guateque multitudinario en el que, como elemento fuera de lugar, hay niños en edades de primaria.

El festival, que es, ya digo, muy simbólico del espíritu de la asociación, es el principal escaparate de algunos de estos atropellos. En él se ven las actitudes infantiles de mal perder, falta de educación, desinterés por la limpieza de los espacios públicos, y el respeto al entorno y a los demás de las que hacen gala, pero hay más. Se ha hecho costumbre que algún cargo público o personalidad del ayuntamiento o la Comunidad Autónoma co-presente el certamen (como si cada scouter veterano no fuera, por méritos propios, un profesional de la animación de grupos), y en algún momento de la gala, alguien le cuelga al cuello una pañoleta. Esa persona se siente algo más integrada durante quince minutos, pero no comprende el significado de la pañoleta que le han colgado. Probablemente no sepa nada de la ley scout, los principios, las virtudes, las tradiciones, y todo aquello que este blog intenta desvelar. No sabe que para ponerse ese mismo pañuelo, nosotros hemos hecho una promesa, un juramento que nos ata de por vida a una vida de servicio a la comunidad, al mundo, a nuestro prójimo y a nuestro ideal de dejar un mundo mejor. Pero nosotros sí lo sabemos. Lo sabemos y al ponérsela al cuello al primer político que se acerca sin saber nada de todo ésto para quedar bien con él, estamos prostituyendo el significado de la pañoleta, nada más y nada menos.

Y veo que me traiciona mi verborrea, y vuelvo a pasarme del largo apropiado, así que continuaré en una 3ª y última entrega de esta reflexión y crítica al rumbo del escultismo.





miércoles, 27 de marzo de 2013

El festival de la canción scout.

Hace ya unas cuantas semanas se celebró en Murcia el "Festival de la Canción Scout".
Ya sea para amenizar veladas sentados alrededor del fuego, para levantar el ánimo y entretenerse durante las largas caminatas por el monte, como método de exorcismo para alejar el mal humor y la tristeza cuando nos enfrentmos a dificultades, o para presentar a los más jóvenes la belleza del lenguaje a través de la lírica, con la esperanza de que quizá, con el tiempo, sean buenos lectores, pensadores, conversadores, o incluso poetas... La canción siempre ha estado ligada al movimiento scout.

Por eso es tradición celebrar certámenes de canciones entre grupos pertenecientes a la misma asociación. Para compartir esa faceta artística del escultismo, para compartir canciones, ideas, sueños y música. Para darle voz en verso a la lucha que libramos.

Hace años que dejaron de gustarme estos festivales. Por múltiples razones. Para empezar, la impresión general que he obtenido de ellos en los últimos años es de que ya no se trata tanto de compartir algo hermoso, como de competir. Por probar con una analogía que os sea familiar, diré que el clima es similar al de Eurovisión:
1)No existe una variedad de premios y menciones que recompensen aspectos vitales como la melodía o la letra, sino un podio único, que ocuparán los favoritos de un jurado cuyo criterio es misterioso, y en el que se intuye una inclinación a factores como el efectismo visual de la puesta en escena (disfraces, atrezzo, decorados, bailes, escenificación, etc...), o factores políticos (quién ganó la última vez, con quién me llevo bien o mal, con quién quiero llevarme mejor, quién está pasando por un bache y se merece algo que le anime...) en detrimento de otros como la calidad artística de la canción, o la encarnación de los valores scouts en una letra inteligente y hermosa.
2)Los principales objetivos son ganar, hacer ruido, hacer publicidad al conjunto y animar a tu bando como si te fuera la vida en ello, por lo que, claro está, casi nadie tiene un interés desmedido por las canciones de los demás. Hay, de hecho un premio a la "animación", para incentivar que los grupos cumplan estos objetivos. Diré que este año tal premio se lo llevó un grupo que llevó carteles enormes como parte de su estrategia de animación, que se sentaba en primera fila y que cada vez que los levantaba, conseguía que nadie que estuviera detrás de ellos pudiera ver el escenario. Sin palabras.

Creo, y así lo escribo, que la sociedad del capitalismo radical y de los deportes de competición inculcan a las personas desde su más tierna infancia que la esencia de la vida es competir... y ganar, mientras que yo opino que sería mucho más sensato educar a nuestros niños en la mentalidad de la cooperación. Por supuesto, esto es lo que se intenta hacer desde los grupos scout, o eso se supone, pero el festival supone un paso en falso, a mi ver. Las canciones no surgen por casualidad, casi nunca. En muchos casos requieren el esfuerzo combinado de mucha gente, y el sacrificio de mucho tiempo de la ronda solar para ensayarla, prepararla, y crear decorados y atrezzo, y eso es tiempo que se nos escapa y que podríamos dedicar a trabajar otras cosas. No digo que haya que medir con cronómetro el tiempo que se dedica por placer a juegos o a proyectos de dudosa utilidad final, pero recuerdo el caso de un grupo, perteneceiente a la federación en la que el mío estuvo antes de ésta, que estaba casi desintegrado, no tenía casi medios o infraestructuras, no acampaban ni se reunían, y su única actividad anual, era participar en el festival de la canción. Una elección de prioridades intrigante.

Aún me queda mucho por decir, pero la entrada es larga, y nunca se debe abusar de la paciencia del lector, así que en "La evolución de ASDE", continuará...

 


lunes, 25 de marzo de 2013

El deber de un scout empieza en su propia casa.

Tarde, para no variar, termino el capítulo de principios scouts con éste último de los principios: El deber de un scout empieza en su propia casa.

¿A alguno le suena la frase "Yo, hasta que no me tomo un café, no soy persona"? Aunque la frase en principio es inocente y no alude más que a la poca energía con que se levantan los dependientes de la cafeína, muchas personas lo utilizan como excusa para ser unos bordes durante las primeras horas del día. Hay gente que tiene una cierta moral, pero es de cara a la galería, en lo privado necesitan coger fuerzas, buscar su paréntesis, su margen de excepción, su trecho para coger carrerilla. Hay gente que necesita prepararse para ser amable, como el que necesita acicalarse para sentirse capaz de enfrentarse al mundo. ¿Quiere eso decir, que si no se nos concediese ese espacio, no podríamos actuar en justicia a quienes somos, a quienes queremos o a quienes debemos ser?

Creo que este principio habla precisamente de eso. Uno no decide dónde poner su casilla de salida, porque en realidad, nunca abandona el tablero de juego. No se hace una frontera, porque lo ideal es no abandonar sus límites. No se decide cuándo actuar como un scout, porque SE ES scout.

Es difícil, claro, no somos perfectos, y nos desviamos del camino constantemente, de ahí la dificultad de ser puro... pero de lo que se trata es de no ser gentil y caballeroso con todo el mundo, menos con quien tienes confianza suficiente como para ser un cretino y que te lo perdonen. No cuidar el medio ambiente plantando árboles y cumplir las obligaciones en el trabajo como un campeón... y desatender a la mascota al llegar a casa porque uno está cansado. El escultismo no es sólo una herramienta para cambiar el mundo, sino también para cambiarnos a nosotros mismos, para pulir nuestras imperfecciones y mejorar, para ser más capaces de cambiar el mundo y a los demás. El mundo dejó de ser un entorno en el que los árboles, los ríos, el suelo, los recursos, las plantas y animales eran sus características principales... hoy en día, nuestro medio ambiente está hecho de personas, y de los resultados de las decisiones de esas personas. Por eso, para cambiar el mundo, hemos de cambiar nosotros, educar a los demás y educarnos a nosotros mismos. Para eso, tenemos que incorporar los principios scouts a nuestra vida diaria, a las decisiones cotidianas, a nuestro trabajo, nuestras amistades, nuestras relaciones... a todo.

Y ése es el último principio que nos debe guiar para no caer en la hipocresía. No necesito quitarme las legañas para ser cortés, ni un baño de sales para preocuparme por el medio ambiente, ni siquiera estar de buen humor para ser amigo de todos. Pienso, luego existo, luego soy scout, mientras esté vivo y despierto, porque así lo he decidido, así lo prometí, y así debe ser siempre, sin excepciones.