miércoles, 27 de marzo de 2013

El festival de la canción scout.

Hace ya unas cuantas semanas se celebró en Murcia el "Festival de la Canción Scout".
Ya sea para amenizar veladas sentados alrededor del fuego, para levantar el ánimo y entretenerse durante las largas caminatas por el monte, como método de exorcismo para alejar el mal humor y la tristeza cuando nos enfrentmos a dificultades, o para presentar a los más jóvenes la belleza del lenguaje a través de la lírica, con la esperanza de que quizá, con el tiempo, sean buenos lectores, pensadores, conversadores, o incluso poetas... La canción siempre ha estado ligada al movimiento scout.

Por eso es tradición celebrar certámenes de canciones entre grupos pertenecientes a la misma asociación. Para compartir esa faceta artística del escultismo, para compartir canciones, ideas, sueños y música. Para darle voz en verso a la lucha que libramos.

Hace años que dejaron de gustarme estos festivales. Por múltiples razones. Para empezar, la impresión general que he obtenido de ellos en los últimos años es de que ya no se trata tanto de compartir algo hermoso, como de competir. Por probar con una analogía que os sea familiar, diré que el clima es similar al de Eurovisión:
1)No existe una variedad de premios y menciones que recompensen aspectos vitales como la melodía o la letra, sino un podio único, que ocuparán los favoritos de un jurado cuyo criterio es misterioso, y en el que se intuye una inclinación a factores como el efectismo visual de la puesta en escena (disfraces, atrezzo, decorados, bailes, escenificación, etc...), o factores políticos (quién ganó la última vez, con quién me llevo bien o mal, con quién quiero llevarme mejor, quién está pasando por un bache y se merece algo que le anime...) en detrimento de otros como la calidad artística de la canción, o la encarnación de los valores scouts en una letra inteligente y hermosa.
2)Los principales objetivos son ganar, hacer ruido, hacer publicidad al conjunto y animar a tu bando como si te fuera la vida en ello, por lo que, claro está, casi nadie tiene un interés desmedido por las canciones de los demás. Hay, de hecho un premio a la "animación", para incentivar que los grupos cumplan estos objetivos. Diré que este año tal premio se lo llevó un grupo que llevó carteles enormes como parte de su estrategia de animación, que se sentaba en primera fila y que cada vez que los levantaba, conseguía que nadie que estuviera detrás de ellos pudiera ver el escenario. Sin palabras.

Creo, y así lo escribo, que la sociedad del capitalismo radical y de los deportes de competición inculcan a las personas desde su más tierna infancia que la esencia de la vida es competir... y ganar, mientras que yo opino que sería mucho más sensato educar a nuestros niños en la mentalidad de la cooperación. Por supuesto, esto es lo que se intenta hacer desde los grupos scout, o eso se supone, pero el festival supone un paso en falso, a mi ver. Las canciones no surgen por casualidad, casi nunca. En muchos casos requieren el esfuerzo combinado de mucha gente, y el sacrificio de mucho tiempo de la ronda solar para ensayarla, prepararla, y crear decorados y atrezzo, y eso es tiempo que se nos escapa y que podríamos dedicar a trabajar otras cosas. No digo que haya que medir con cronómetro el tiempo que se dedica por placer a juegos o a proyectos de dudosa utilidad final, pero recuerdo el caso de un grupo, perteneceiente a la federación en la que el mío estuvo antes de ésta, que estaba casi desintegrado, no tenía casi medios o infraestructuras, no acampaban ni se reunían, y su única actividad anual, era participar en el festival de la canción. Una elección de prioridades intrigante.

Aún me queda mucho por decir, pero la entrada es larga, y nunca se debe abusar de la paciencia del lector, así que en "La evolución de ASDE", continuará...

 


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