Llegamos, con una semana de retraso, eso sí, al segundo principio scout, que si bien no tiene connotaciones tan desagradables como algunas de las cosas ya explicadas, sí que hiede a corrección política que tira para atrás. Tiene su gracia la cosa, porque ser políticamente correcto y ser buen ciudadano parecen lo mismo pero no tienen por qué tener nada que ver. Dejadme explicarme.
El scout debe ser CÍVICO. Esto quiere decir que no se mueve en sociedad como un intruso, tomando lo que necesita y desentendiéndose de todo lo demás. Un buen scout es miembro activo de su comunidad, y asimila el compromiso de cuidarla y mejorarla para que ésta sea el entorno ideal tanto para él como para los demás.
En este punto, cabe añadir que el concepto de comunidad al que me refería puede ser extraordinariamente amplio, y puede referirse a tu barrio, tu pueblo, tu ciudad, tu provincia, o incluso, tu país.
Esta clase de civismo se puede manifestar de mil maneras. Conocer tu entorno, respetarlo, quizá incluso amarlo lo bastante como para echar raíces en él, son solo un principio en nuestra labor.
El scout se esfuerza por mantener limpios sus espacios públicos, cuidados los bienes comunales, se interesa por sus vecinos, y por las noticias y novedades que afectan a su entorno, a su pueblo, barrio, ciudad...
Creo que cuando decimos la expresión "Buen ciudadano", algún gatillo se dispara que nos recuerda al concepto de "niño bueno" o a la concepción infantil de "buen alumno". Es decir, ser dócil y obediente. Por eso nos suena todo a políticamente correcto. Pero un buen ciudadano no tiene nada que ver con eso. Un buen ciudadano tiene el deber cívico de preocuparse por el entorno y sus conciudadanos, y eso implica tener algún criterio político firme: reflexionar, votar, manifestarse, exigir, y llegado al caso de la injusticia extrema, poner en práctica la desobediencia civil. Éso es lo más divertido del asunto, que aunque el scout por norma general sea disciplinado, obediente, y acate las normas aceptadas en su comunidad; su obligación cívica y moral es de desobedecer las leyes injustas, y luchar por algo mejor.
Al fin y al cabo, si la misión del jefe era que dejáramos un mundo mejor; nos va tocando poner nuestro granito de arena en la lucha, dándole un giro Gandhiano a aquella frase de John Fitzgerald Kenndy que decía: "No se pregunten qué puede hacer su país por ustedes. Pregúntense qué pueden hacer ustedes por su país."
jueves, 24 de enero de 2013
viernes, 11 de enero de 2013
El scout está orgulloso de su fe y la practica.
Empiezo nuevo capítulo, ya por fin, y ahora hablaré de otros elementos del ideario scout que, al igual que las virtudes, se presenta en número de tres: los principios.
El primero de ellos, y, probablemente, mi favorito, es el que en mi libro de progresión rezaba:
"EL SCOUT ESTÁ ORGULLOSO DE SU FE Y LA PRACTICA"
Como ya dije antes, siempre que las palabras "Dios" y "Fe" aparecen en los idearios, las considero un anacronismo cultural, no porque no respete la religión, como fuente de paz espiritual y marco de desarrollo y autorealización para muchos... Sino porque la considero un resumen incompleto del esquema de creencias espirituales, morales, ideológicas, políticas, etc... que a mi ver, son tan importantes para definir quién es cada uno en esta vida.
Creo que si tuviera que resumir este principio en un adjetivo que defina al que lo cumple (y he estado muy tentado de hacerlo por lo largo del título) sería: CONSECUENTE.
El scout, y a mi ver cualquier persona, debe alcanzar un alto grado de sintonía entre lo que cree, lo que predica, y lo que realiza. El que se ampara demasiado en el relativismo moral (quien dice lo que no cree, hace lo contrario de lo que dice, y actúa en contra de sus convicciones) acaba pecando de falsedad, no se respeta mucho a sí mismo o a sus ideales, y pierde credibilidad para con todos aquellos que le escuchen. Pobre ejemplo para los demás entonces, si pretende ser un referente.
La auténtica sabiduría reside en la frase del friso del oráculo de Delfos: "Conócete a sí mismo". El scout debe intentar tener claro quién es, y no avergonzarse de ello. Siempre se puede dudar. De hecho, se debe dudar. La dosis sana de inseguridad es lo que nos permite detenernos a reflexionar, autoevaluarnos, replantearnos ideas, salir de nuestros errores, corregirnos, perfeccionarnos. La duda nos impide convertirnos en zelotes fanáticos. Pero si te avergüenzas de aquello en lo que crees, quizá sea el momento de replanteártelo en serio, y tomar un nuevo camino.
Si no hay razones para avergonzarse, el scout no se esconde, no se retracta, no se contradice. Si uno es religioso, por ejemplo, asistirá a los oficios y ceremonias correspondientes y se esforzará por cumplir los votos y mandamientos de su credo, en la manera que entienda mejor y más sabia. Si es defensor de la igualdad de género, no abusará jamás física, verbal, o psicológicamente de su pareja, y no utilizará el género como excusa para establecer criterios diferentes en el reparto de derechos y obligaciones. Si se es Scout... sencillamente, se intentará de corazón ser de verdad scout.
Si cree en ello de corazón, nunca se avergonzará de uniformes, de símbolos ni nada por el estilo, defenderá sus ideales con lógica y respeto, pero con pasión, y será firme en sus convicciones.
¿Tenéis claro en lo que creéis? ¿No? Pues entonces el escultismo y la filosofía socrática os invitan a la actividad mental más sana del mundo: sentáos un rato a reflexionar.
El primero de ellos, y, probablemente, mi favorito, es el que en mi libro de progresión rezaba:
"EL SCOUT ESTÁ ORGULLOSO DE SU FE Y LA PRACTICA"
Como ya dije antes, siempre que las palabras "Dios" y "Fe" aparecen en los idearios, las considero un anacronismo cultural, no porque no respete la religión, como fuente de paz espiritual y marco de desarrollo y autorealización para muchos... Sino porque la considero un resumen incompleto del esquema de creencias espirituales, morales, ideológicas, políticas, etc... que a mi ver, son tan importantes para definir quién es cada uno en esta vida.
Creo que si tuviera que resumir este principio en un adjetivo que defina al que lo cumple (y he estado muy tentado de hacerlo por lo largo del título) sería: CONSECUENTE.
El scout, y a mi ver cualquier persona, debe alcanzar un alto grado de sintonía entre lo que cree, lo que predica, y lo que realiza. El que se ampara demasiado en el relativismo moral (quien dice lo que no cree, hace lo contrario de lo que dice, y actúa en contra de sus convicciones) acaba pecando de falsedad, no se respeta mucho a sí mismo o a sus ideales, y pierde credibilidad para con todos aquellos que le escuchen. Pobre ejemplo para los demás entonces, si pretende ser un referente.
La auténtica sabiduría reside en la frase del friso del oráculo de Delfos: "Conócete a sí mismo". El scout debe intentar tener claro quién es, y no avergonzarse de ello. Siempre se puede dudar. De hecho, se debe dudar. La dosis sana de inseguridad es lo que nos permite detenernos a reflexionar, autoevaluarnos, replantearnos ideas, salir de nuestros errores, corregirnos, perfeccionarnos. La duda nos impide convertirnos en zelotes fanáticos. Pero si te avergüenzas de aquello en lo que crees, quizá sea el momento de replanteártelo en serio, y tomar un nuevo camino.
Si no hay razones para avergonzarse, el scout no se esconde, no se retracta, no se contradice. Si uno es religioso, por ejemplo, asistirá a los oficios y ceremonias correspondientes y se esforzará por cumplir los votos y mandamientos de su credo, en la manera que entienda mejor y más sabia. Si es defensor de la igualdad de género, no abusará jamás física, verbal, o psicológicamente de su pareja, y no utilizará el género como excusa para establecer criterios diferentes en el reparto de derechos y obligaciones. Si se es Scout... sencillamente, se intentará de corazón ser de verdad scout.
Si cree en ello de corazón, nunca se avergonzará de uniformes, de símbolos ni nada por el estilo, defenderá sus ideales con lógica y respeto, pero con pasión, y será firme en sus convicciones.
¿Tenéis claro en lo que creéis? ¿No? Pues entonces el escultismo y la filosofía socrática os invitan a la actividad mental más sana del mundo: sentáos un rato a reflexionar.
martes, 1 de enero de 2013
Palabras complicadas: PATRIA
Patria es otra de esas palabras que rechinan en nuestros oídos con ecos extraños.
George Bernard Shaw decía que "Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él". y que "Nunca se tendrá un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana". Oscar Wilde resumía en que, "El patriotismo es la virtud de los depravados". Arthur Schopenhauer profundizaba en ello, yendo aún más allá al explicar que "Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad".
Otros tantos autores hablaron del patriotismo como algo necesario.
Creo que la división lógica está en separar los conceptos de patria y de nacionalismo. El nacionalismo no mejora el país, ya que da por hecho que el país es mejor que la mayoría. El patriotismo bien entendido es crítico, y no tiene nada que ver con banderas, sino con nuestra relación con el entorno. Los nacionalismos siempre me han parecido una soberana estupidez, ya que están vacíos de ideales, y generalmente se regodean en el ensalzamiento de los valores abstractos de la llamada patria. Como proclama política, son una manera muy al uso de aparentar una ideología y de no ofrecer nada.
Sin embargo, sí que tenemos una patria, porque todo el mundo echa raíces, en un momento u otro de su vida. La patria, creo yo, sería ese lugar, o ese entorno o circunstancias al que uno puede llamar hogar. No tiene por qué tener nada que ver con el lugar donde naciste, o incluso, con un lugar. Es algo más complejo, y a la vez mucho más simple. Tiene que ver con el amor, la nostalgia y con nuestro propio entorno vital, con toda la gente y procesos que lo componen.
Pero, para amar algo, hay que conocerlo al menos en cierta medida. No se puede amar un país porque es un sistema caótico y complejo de magnitudes monstruosas y límites difusos que no podemos ni siquiera aspirar a abarcar.
Cuando mis lobatos me preguntan que de qué equipo soy (y reconozco que sufro esta pregunta a menudo, y detesto el fútbol), yo siempre les contesto que del de mis amigos, del de mi familia, y del grupo scout Narsés. Si tengo el día inspirado, a veces añado que yo no pertenezco a nadie, más que a aquellos a los que llevo en el corazón. Y ésa, amigos míos, es mi patria. También lo es mi barrio, mi vieja escuela, la biblioteca, el grupo y su local, la casa de mis padres y la cueva de friki en la que he convertido el sótano, o el foro de rol donde participo, la federación scout en la que crecí, y todos los amigos que tengo dispersos por España y por el mundo. Todas esas cosas son mi patria, porque patria, al final, es un concepto para describir los vínculos invisibles que comprometen al scout con su entorno que lo convierte en quien es desde el momento en que nace. Su prójimo, su ecosistema, su sitio en el mundo. Llámalo mundo, sociedad, o como quieras.
El fundador nos dejó la misión de dejar el mundo mejor de lo que estaba, y, por decirlo así, la palabra "DIOS" refería a los planos de construcción, y la palabra "PATRIA" a los materiales; o dicho de otra manera, al modelo y al trozo de lienzo que nos toca pintar en el cuadro cósmico. Aquello en lo que crees, y el entorno que te rodea. La misión del idealista siempre será transformar lo segundo para ajustarlo a lo primero, y las palabras que utilicemos no serán tan importantes como su significado.
George Bernard Shaw decía que "Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él". y que "Nunca se tendrá un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana". Oscar Wilde resumía en que, "El patriotismo es la virtud de los depravados". Arthur Schopenhauer profundizaba en ello, yendo aún más allá al explicar que "Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad".
Otros tantos autores hablaron del patriotismo como algo necesario.
Creo que la división lógica está en separar los conceptos de patria y de nacionalismo. El nacionalismo no mejora el país, ya que da por hecho que el país es mejor que la mayoría. El patriotismo bien entendido es crítico, y no tiene nada que ver con banderas, sino con nuestra relación con el entorno. Los nacionalismos siempre me han parecido una soberana estupidez, ya que están vacíos de ideales, y generalmente se regodean en el ensalzamiento de los valores abstractos de la llamada patria. Como proclama política, son una manera muy al uso de aparentar una ideología y de no ofrecer nada.
Sin embargo, sí que tenemos una patria, porque todo el mundo echa raíces, en un momento u otro de su vida. La patria, creo yo, sería ese lugar, o ese entorno o circunstancias al que uno puede llamar hogar. No tiene por qué tener nada que ver con el lugar donde naciste, o incluso, con un lugar. Es algo más complejo, y a la vez mucho más simple. Tiene que ver con el amor, la nostalgia y con nuestro propio entorno vital, con toda la gente y procesos que lo componen.
Pero, para amar algo, hay que conocerlo al menos en cierta medida. No se puede amar un país porque es un sistema caótico y complejo de magnitudes monstruosas y límites difusos que no podemos ni siquiera aspirar a abarcar.
Cuando mis lobatos me preguntan que de qué equipo soy (y reconozco que sufro esta pregunta a menudo, y detesto el fútbol), yo siempre les contesto que del de mis amigos, del de mi familia, y del grupo scout Narsés. Si tengo el día inspirado, a veces añado que yo no pertenezco a nadie, más que a aquellos a los que llevo en el corazón. Y ésa, amigos míos, es mi patria. También lo es mi barrio, mi vieja escuela, la biblioteca, el grupo y su local, la casa de mis padres y la cueva de friki en la que he convertido el sótano, o el foro de rol donde participo, la federación scout en la que crecí, y todos los amigos que tengo dispersos por España y por el mundo. Todas esas cosas son mi patria, porque patria, al final, es un concepto para describir los vínculos invisibles que comprometen al scout con su entorno que lo convierte en quien es desde el momento en que nace. Su prójimo, su ecosistema, su sitio en el mundo. Llámalo mundo, sociedad, o como quieras.
El fundador nos dejó la misión de dejar el mundo mejor de lo que estaba, y, por decirlo así, la palabra "DIOS" refería a los planos de construcción, y la palabra "PATRIA" a los materiales; o dicho de otra manera, al modelo y al trozo de lienzo que nos toca pintar en el cuadro cósmico. Aquello en lo que crees, y el entorno que te rodea. La misión del idealista siempre será transformar lo segundo para ajustarlo a lo primero, y las palabras que utilicemos no serán tan importantes como su significado.
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