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jueves, 14 de agosto de 2014

El Scout es leal

Primero, la ley original con la traducción que a mi entendimiento sería la más ajustada.

A SCOUT IS LOYAL
(EL SCOUT ES LEAL) Al rey, a sus jefes, a su país y a sus empleadores. Debe permanecer leal a éstos en la dicha y la adversidad, frente a cualquiera que sea su enemigo, o incluso aquellos que hablen mal de ellos.

Y a continuación, la ley tal y como llegó a mí:

EL SCOUT ES LEAL

Mientras otros principios scouts se encuentran más diluidos y dispersos en el texto subyacente de varias leyes, Baden Powell no encontró otra forma de resumir la lealtad en la ley, o bien quiso hacer especial hincapié en ella. El sentido está bien claro: sé leal a los tuyos, defiéndelos de los que les ataquen o agravien, etc. Ya he hablado mucho de la lealtad en su virtud correspondiente, de lo que es y de lo que no debe ser. Por eso, en esta ley, me parece de especial interés centrarme en algo que aclara la ley original, pero no la actual, ni su principio correspondiente: ¿A quién debe ser leal un scout? 

Me ha llamado la atención bastante que en múltiples interpretaciones posteriores de la ley se han añadido a la lista a los padres, a los subordinados, y en algunos casos, a los camaradas. El fundador no los incluyó en su lista a ninguno de éstos. ¿Por qué? Bueno, aquí es donde toca ponerse crítico con el fundador, ya que si bien fue el artífice de la idea que a día de hoy ayuda a educar a millones de niños en todo el mundo en una filosofía que les haga más esforzados, nobles y comprometidos; está claro que antes de tener idea de la magnitud que iba a adquirir su iniciativa, le dio toques muy personales que creo que no eran necesarios, o útiles siquiera para el propósito al que hoy sirve el escultismo. Baden Powell era un militar británico, y como tal, sus lealtades eran primero para con el país y con la monarquía. Esperaba además obediencia de sus subordinados, fueran éstos soldados, o jóvenes scouts, a los que en un principio, quiso acercar a esos valores de lealtad obediencia y sacrificio castrenses. Quizá, al ser el líder fundador, y pensar educar a chavales, nunca se le ocurrió pensar, que más importante aún que la lealtad a los superiores, es a los subordinados, a los que dependen de nosotros, o a los que nos profesan lealtad. En general, choco de frente con la idea misma de estar obligado a deber lealtad a alguien que no ha decidido uno mismo, y que una persona adulta debe decidir con sabiduría dónde deposita sus lealtades, y ser consecuente. Pero también dije antes que no todos los lazos los elegimos, algunos, como los de la familia, nos vienen dados al nacer, pero también tienen valor. Entonces, ¿Cómo se nos quedaría la ley original, y dónde debe quedar la lealtad de un scout? Como republicano que me considero, opino que todos los reyes habidos y por haber pueden irse a hacer gárgaras, por lo que a mí respecta, como institución corrupta y alejada de cualquier sentido de la justicia y la igualdad entre personas que son. ¿La gente que te da trabajo? Muchos de ellos son una panda de sinvergüenzas que no dudan en darte la patada por muy bien que hagas tu trabajo, si con ello se ahorran cuatro perras chicas. ¿Y el país? Baste decir que pocas cosas, aparte de la religión, han traído tanto daño y dolor como un patriotismo mal entendido. Pero quizá en esto último resida la clave de dónde deben estar nuestras lealtades. En todo aquello que consideremos patria, en los términos que la describía en entradas anteriores (Concretamente, aquí). Allí donde tengamos pendiente una deuda de gratitud, entre aquellas personas que podamos decir nuestras, y que nos pueden decir suyas.

Siguiendo esta pauta, no tenemos por qué ser leales a un gobernante corrupto o mediocre que no nos represente, pero sí a los líderes que escojamos; ni a unos padres maltratadores o desentendidos de tí, pero sí a una familia que con más o menos acierto se esfuerza por ofrecerte apoyo, cariño y un futuro, no al país como abstracción de fronteras y nacionalismos, pero sí a tu patria tal y como la configuran todas las cosas, personas y lugares que amas y de los que formas parte. A las personas a las que les debemos algo, aunque sea el contribuir a que seamos quienes somos el día de hoy. Y por supuesto, a nuestros ideales, a nuestras creencias y principios, a las leyes que aceptemos como propias desde nuestra libertad y responsabilidad. Al fin y al cabo, si discutimos cómo cumplir mejor la ley scout, no es porque nadie nos impusiera obedecerla, sino porque en su momento tomamos la decisión de la promesa como individuos libres.

domingo, 13 de octubre de 2013

El Scout cifra su honor en ser digno de confianza.

Primero, la ley original con la traducción que a mi entendimiento sería la más ajustada.

A SCOUT'S HONOUR IS TO BE TRUSTED
(EL HONOR DE UN SCOUT RESIDE EN QUE CONFÍEN EN ÉL) Si un scout dice "Por mi honor, así es", significa que así es, tal como si hubiera hecho el más solemne juramento. De modo similar, si un oficial scout le dice a un scout: "Confío en tu honor el que hagas esto," el scout está obligado a cumplir con esa orden hasta el máximo de sus capacidades, y a no dejar que nada interfiera en la realización de ésta. Si un scout rompiera su honor diciendo una mentira o no cumpliendo con una orden con exactitud cuando se confiara en su honor a que lo hiciera, dejaría de ser scout, y debería entregar su medalla scout y no serle permitido volver a llevarla nunca más.

Y a continuación, la ley tal y como llegó a mí:

EL SCOUT CIFRA SU HONOR EN SER DIGNO DE CONFIANZA

Como habréis podido comprobar, la ley original pone especial peso en el valor de la obediencia ciega y absoluta como medida de la disciplina, algo con lo que yo, personalmente, no comulgo, y que hay que entender en el contexto del fundador, un general militar inglés que trataba a los primeros scouts como jóvenes soldados, y confiaba, de hecho, en que pudieran ser individuos útiles como mensajeros, enfermeros, y demás funciones de campo. Mi intención, como educador, no es crear soldados, y por tanto mi método y mensaje no debe ser el mismo, pero trataremos eso más adelante, con leyes que se prestan más a ese debate. Por otro lado, me parece poco motivador el ser tan categórico en decidir quién es scout y quién no, ya que la mayoría de scouts realizan su promesa a una edad muy temprana como para hacer frente a todas las responsabilidades que la ley deposita en ellos, y adjudicar castigo de expulsión vitalicia de la hermandad es un sinsentido educativo, ya que niega toda capacidad de redimirse de los propios errores y mejorar.
La ley, además, habla de honor, otra gran palabra en desuso, que sin embargo me parece bastante bonita, y quizá requiera su propia entrada entre las palabras abstractas y complicadas. Un día de estos, con suerte.

Esta ley podríamos dividirla en dos partes: En primer lugar, el scout es honesto, entiende la mentira como algo malo en la mayoría de ocasiones, y nunca miente por beneficio propio. Soy de la opinión de que, en ocasiones, una verdad callada o mitigada puede ser un alivio, que las mentiras piadosas a veces tienen su sentido de ser y su valor, pero pese a todo, un mundo libre de engaños es un mundo mejor, más limpio y más justo, y por lo tanto, el scout debe tomarse como parte de su filosofía personal el ser tan honesto como pueda. Y yendo un poco más allá, todavía existe la costumbre de dar "tu palabra scout", y cuando un scout da su palabra, pone la dignidad de su nombre y la calidad de su promesa scout en el asador, y por lo tanto, se da por hecho que lo que diga será siempre la más absoluta de las verdades.

En segundo, el scout debe ser esforzado en estar a la altura de las espectativas que en él se depositan. Ésto no quiere decir que el scout haya de ser perfecto. Puede fracasar, pero nunca por no haberlo intentado lo suficiente. A base de tomarse las pequeñas cosas en serio, y ser esforzado, diligente, y honrado, el scout puede peligrar de acabar siendo aquél de entre sus conocidos al que más a menudo le pidan favores complicados, o le encomienden tareas de cierta responsabilidad, y eso no quiere decir que tenga que aceptarlas siempre. Pero cuando las acepta, y se compromete, un scout no decepciona. Porque cuando se demuestra a la altura de la tarea, se le den las gracias o no, el mero hecho de saber que sus semejantes confían en él, y que cuentan con que no les va a fallar, es, para el scout, el mayor de los honores.

domingo, 6 de octubre de 2013

La Ley Scout

Me propongo seguir con mi blog-enciclopedia sobre el escultismo, después de un largo parón durante el que, entre otras cosas, he ido a un último campamento de verano con el grupo scout Narsés, antes de venirme a Valencia a estudiar en la universidad, y desligarme de las actividades habituales del grupo.

La Ley Scout, la madre de todas las normas y reglamentos scout, el eje central del ideograma. Lo que los principios y virtudes esbozan, apuntando a unos conceptos generales e imprecisos, se concreta y precisa en la ley, de forma mucho más específica. Un decálogo de normas que definen el significado de ser Scout.

Esta ley fue publicada en 1908 en el libro "Scouting for Boys" (Escultismo para muchachos), y es la que prometen cumplir todos los miembros del movimiento Scout (y/o Guías) en todo el mundo. No obstante, como todo en esta vida, la ley scout no es enteramente perfecta, ni inmutable. A lo largo de la larga historia de expansión y difusión del escultismo, ésta ha sufrido reinterpretaciones, versionados, y traducciones muy libres, que han dado lugar a una cierta variedad en su forma exacta, como podéis comprobar en la página correspondiente a la Ley Scout en la versión española de la Wikipedia. Además, nos separa más de un siglo de su publicación, y el punto de vista del fundador queda un tanto lejos de la ética pedagógica y sociocultural moderna. Por eso, a medida que vaya comentando los detalles de cada ley, no sólo trataré de explicarla en profundidad, exprimiendo su sentido, sino que haré una crítica de sus puntos más flacos, y comentaré las diferencias entre ley original en inglés, y la versión de la federación Scout Baden-Powell de España, que me llegó a mí cuando llegué a la tropa scout Impeesa, del grupo scout Narsés, allá por 1998.

jueves, 24 de enero de 2013

El scout es buen ciudadano.

Llegamos, con una semana de retraso, eso sí, al segundo principio scout, que si bien no tiene connotaciones tan desagradables como algunas de las cosas ya explicadas, sí que hiede a corrección política que tira para atrás. Tiene su gracia la cosa, porque ser políticamente correcto y ser buen ciudadano parecen lo mismo pero no tienen por qué tener nada que ver. Dejadme explicarme.

El scout debe ser CÍVICO. Esto quiere decir que no se mueve en sociedad como un intruso, tomando lo que necesita y desentendiéndose de todo lo demás. Un buen scout es miembro activo de su comunidad, y asimila el compromiso de cuidarla y mejorarla para que ésta sea el entorno ideal tanto para él como para los demás.

En este punto, cabe añadir que el concepto de comunidad al que me refería puede ser extraordinariamente amplio, y puede referirse a tu barrio, tu pueblo, tu ciudad, tu provincia, o incluso, tu país.
Esta clase de civismo se puede manifestar de mil maneras. Conocer tu entorno, respetarlo, quizá incluso amarlo lo bastante como para echar raíces en él, son solo un principio en nuestra labor.
El scout se esfuerza por mantener limpios sus espacios públicos, cuidados los bienes comunales, se interesa por sus vecinos, y por las noticias y novedades que afectan a su entorno, a su pueblo, barrio, ciudad...

Creo que cuando decimos la expresión "Buen ciudadano", algún gatillo se dispara que nos recuerda al concepto de "niño bueno" o a la concepción infantil de "buen alumno". Es decir, ser dócil y obediente. Por eso nos suena todo a políticamente correcto. Pero un buen ciudadano no tiene nada que ver con eso. Un buen ciudadano tiene el deber cívico de preocuparse por el entorno y sus conciudadanos, y eso implica tener algún criterio político firme: reflexionar, votar, manifestarse, exigir, y llegado al caso de la injusticia extrema, poner en práctica la desobediencia civil. Éso es lo más divertido del asunto, que aunque el scout por norma general sea disciplinado, obediente, y acate las normas aceptadas en su comunidad; su obligación cívica y moral es de desobedecer las leyes injustas, y luchar por algo mejor.

Al fin y al cabo, si la misión del jefe era que dejáramos un mundo mejor; nos va tocando poner nuestro granito de arena en la lucha, dándole un giro Gandhiano a aquella frase de John Fitzgerald Kenndy que decía: "No se pregunten qué puede hacer su país por ustedes. Pregúntense qué pueden hacer ustedes por su país."


viernes, 11 de enero de 2013

El scout está orgulloso de su fe y la practica.

Empiezo nuevo capítulo, ya por fin, y ahora hablaré de otros elementos del ideario scout que, al igual que las virtudes, se presenta en número de tres: los principios.
El primero de ellos, y, probablemente, mi favorito, es el que en mi libro de progresión rezaba:
"EL SCOUT ESTÁ ORGULLOSO DE SU FE Y LA PRACTICA"

Como ya dije antes, siempre que las palabras "Dios" y "Fe" aparecen en los idearios, las considero un anacronismo cultural, no porque no respete la religión, como fuente de paz espiritual y marco de desarrollo y autorealización para muchos... Sino porque la considero un resumen incompleto del esquema de creencias espirituales, morales, ideológicas, políticas, etc... que a mi ver, son tan importantes para definir quién es cada uno en esta vida.

Creo que si tuviera que resumir este principio en un adjetivo que defina al que lo cumple (y he estado muy tentado de hacerlo por lo largo del título) sería: CONSECUENTE.
El scout, y a mi ver cualquier persona, debe alcanzar un alto grado de sintonía entre lo que cree, lo que predica, y lo que realiza. El que se ampara demasiado en el relativismo moral (quien dice lo que no cree, hace lo contrario de lo que dice, y actúa en contra de sus convicciones) acaba pecando de falsedad, no se respeta mucho a sí mismo o a sus ideales, y pierde credibilidad para con todos aquellos que le escuchen. Pobre ejemplo para los demás entonces, si pretende ser un referente.

La auténtica sabiduría reside en la frase del friso del oráculo de Delfos: "Conócete a sí mismo". El scout debe intentar tener claro quién es, y no avergonzarse de ello. Siempre se puede dudar. De hecho, se debe dudar. La dosis sana de inseguridad es lo que nos permite detenernos a reflexionar, autoevaluarnos, replantearnos ideas, salir de nuestros errores, corregirnos, perfeccionarnos. La duda nos impide convertirnos en zelotes fanáticos. Pero si te avergüenzas de aquello en lo que crees, quizá sea el momento de replanteártelo en serio, y tomar un nuevo camino.

Si no hay razones para avergonzarse, el scout no se esconde, no se retracta, no se contradice. Si uno es religioso, por ejemplo, asistirá a los oficios y ceremonias correspondientes y se esforzará por cumplir los votos y mandamientos de su credo, en la manera que entienda mejor y más sabia. Si es defensor de la igualdad de género, no abusará jamás física, verbal, o psicológicamente de su pareja, y no utilizará el género como excusa para establecer criterios diferentes en el reparto de derechos y obligaciones. Si se es Scout... sencillamente, se intentará de corazón ser de verdad scout.

Si cree en ello de corazón, nunca se avergonzará de uniformes, de símbolos ni nada por el estilo, defenderá sus ideales con lógica y respeto, pero con pasión, y será firme en sus convicciones.
¿Tenéis claro en lo que creéis? ¿No? Pues entonces el escultismo y la filosofía socrática os invitan a la actividad mental más sana del mundo: sentáos un rato a reflexionar.

martes, 1 de enero de 2013

Palabras complicadas: PATRIA

Patria es otra de esas palabras que rechinan en nuestros oídos con ecos extraños.
George Bernard Shaw decía que "Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él". y que "Nunca se tendrá un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana". Oscar Wilde resumía en que, "El patriotismo es la virtud de los depravados". Arthur Schopenhauer profundizaba en ello, yendo aún más allá al explicar que "Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad".
 Otros tantos autores hablaron del patriotismo como algo necesario.

Creo que la división lógica está en separar los conceptos de patria y de nacionalismo. El nacionalismo no mejora el país, ya que da por hecho que el país es mejor que la mayoría. El patriotismo bien entendido es crítico, y no tiene nada que ver con banderas, sino con nuestra relación con el entorno. Los nacionalismos siempre me han parecido una soberana estupidez, ya que están vacíos de ideales, y generalmente se regodean en el ensalzamiento de los valores abstractos de la llamada patria. Como proclama política, son una manera muy al uso de aparentar una ideología y de no ofrecer nada.

Sin embargo, sí que tenemos una patria, porque todo el mundo echa raíces, en un momento u otro de su vida. La patria, creo yo, sería ese lugar, o ese entorno o circunstancias al que uno puede llamar hogar. No tiene por qué tener nada que ver con el lugar donde naciste, o incluso, con un lugar. Es algo más complejo, y a la vez mucho más simple. Tiene que ver con el amor, la nostalgia y con nuestro propio entorno vital, con toda la gente y procesos que lo componen.
Pero, para amar algo, hay que conocerlo al menos en cierta medida. No se puede amar un país porque es un sistema caótico y complejo de magnitudes monstruosas y límites difusos que no podemos ni siquiera aspirar a abarcar.

Cuando mis lobatos me preguntan que de qué equipo soy (y reconozco que sufro esta pregunta a menudo, y detesto el fútbol), yo siempre les contesto que del de mis amigos, del de mi familia, y del grupo scout Narsés. Si tengo el día inspirado, a veces añado que yo no pertenezco a nadie, más que a aquellos a los que llevo en el corazón. Y ésa, amigos míos, es mi patria. También lo es mi barrio, mi vieja escuela, la biblioteca, el grupo y su local, la casa de mis padres y la cueva de friki en la que he convertido el sótano, o el foro de rol donde participo, la federación scout en la que crecí, y todos los amigos que tengo dispersos por España y por el mundo. Todas esas cosas son mi patria, porque patria, al final, es un concepto para describir los vínculos invisibles que comprometen al scout con su entorno que lo convierte en quien es desde el momento en que nace. Su prójimo, su ecosistema, su sitio en el mundo. Llámalo mundo, sociedad, o como quieras.

El fundador nos dejó la misión de dejar el mundo mejor de lo que estaba, y, por decirlo así, la palabra "DIOS" refería a los planos de construcción, y la palabra "PATRIA" a los materiales; o dicho de otra manera, al modelo y al trozo de lienzo que nos toca pintar en el cuadro cósmico. Aquello en lo que crees, y el entorno que te rodea. La misión del idealista siempre será transformar lo segundo para ajustarlo a lo primero, y las palabras que utilicemos no serán tan importantes como su significado.



lunes, 17 de diciembre de 2012

Palabras complicadas: DIOS

La historia de la humanidad ha estado plagada de épocas de depresión, en las que el hambre galopaba rampante, la miseria era la norma común, la educación y la cultura no eran accesibles, y en las que la mera supervivencia no se daba por sentada. La más famosa y contundente fué la Alta Edad Media, pero tanto en imperios de la antigüedad como en las naciones industriales se han repetido estos periodos, cuando las malas cosechas, las epidemias, la economía o la guerra así lo han dictado.

El debate ético, moral e ideológico era poco común entre la gente de a pie de estos periodos. Primero, porque en tiempos de crisis no es frecuente poder hablar con libertad de estos temas sin miedo a la represión. Segundo, porque la gente rara vez poseía el vocabulario y la complejidad de ideas suficientes como para expresar estos conceptos. Y tercero, porque el aliento se reservaba para trabajar sin descanso, y quizá garantizar el pan de cada día.
Por eso se hacen necesarios conceptos más simples para abreviar y resumir todos los ideales y conceptos morales positivos. En estos tiempos, además, la gente ofrece lo peor de sí misma, cuando su propia existencia y seguridad se ve amenazada, y la solidaridad sale cara; por eso esos conceptos han de venir del exterior, ya que la fe en la bondad humana es un tesoro insólito, y la asunción de que es el propio hombre el que debe hacer imperar bien y justicia para remediar lo que él mismo causa es desoladora.

En estos periodos aparece para cumplir este papel la palabra "Dios". Dios, para el que es creyente de verdad, es la encarnación de todo bien. Los hombres buenos lo son en la medida en que respetan a Dios, o le llevan en su corazón. Esto ahorra mucha palabrería y reflexión, porque creer de corazón en Dios, es creer en la bondad, la generosidad, la justicia, la igualdad, la compasión, el perdón, etc...

Cuando estas reminiscencias religiosas se cuelan en el escultismo como legados de un pasado más espiritual, incomodando a los más laicos del colectivo, no hay que horrorizarse y tacharla a ciegas, sino entenderla como lo que es: un resumen burdo y teocentrista de "Aquello en lo que creo". Este aquello en lo que uno cree puede, en efecto, ser la religión, pero no tiene que limitarse a la misma: Son tus sueños, tus ideales, tu manera de entender el mundo, y tu propia interiorización de los conceptos absolutos del bien.

Quisiera poseer la solución al enigma de cómo resumir en las fórmulas y ceremoniales algo tan complejo en nada que sea más corto que una frase de, al menos 5 palabras sin recurrir a Dios, para poder hablar con propiedad, pero temo que el asunto es complicado, y merece que cada uno haga su propia reflexión.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Palabras abstractas y complicadas...

Mi plan era continuar con los tres principios scout, pero me doy cuenta, aún antes de empezar, de que resultaría muy complicado continuar sin aclarar el conflicto con la lingüística en el que se metido el escultismo de estas últimas décadas. Ya he comentado antes que me parece pereza intelectual el cambio de vocabulario, pero me temo que para explicarme bien deba alargar el planteamiento, y hablar un poco de mí mismo.

Mi fe en estos últimos años no pasa de ser un coqueteo con el mito por amor a la fantasía, (en tanto que ésta no sólo es bella y amena, sino un medio y una excusa para reflexionar sobre ideas más elevadas); y un pequeño reducto de agnosticismo, nacido del miedo profundo al gran misterio de la muerte, y al concepto de afrontar el fin de la existencia desde dentro. (Es fácil presenciar el fin de algo desde fuera, y aceptar la idea de que ese algo ha dejado de existir, ¿Pero abordar la inexistencia desde dentro? La idea es brutalmente sencilla y a un tiempo imposible: no experimentas nada, porque sencillamente no existes.)
Sin embargo, cuando me sumergí en el escultismo, aún profesaba un agnosticismo menos interesado, y más próximo a la fe cristiana. Nuestros libros de progresión de entonces llevaban mucho tiempo sin actualizar, y aunque aún no había una obsesión tan chirriante con la corrección política; palabras como "Dios", o "Patria" (hoy en día incluso palabras como "Honor", "Bandera" o "Alma" corren riesgo de caer en este saco) ya eran incómodas por su proliferación en las fórmulas, ceremoniales, y canciones.

Recientemente ha surgido un afán falsamente renovador por erradicar estas palabras de nuestro vocabulario para evitar que se nos asocie con colectivos mucho menos benévolos que el nuestro, y con conceptos anticuados; pero sin sustituirlos por ninguna otra cosa, dejando delatadores huecos en blanco, aún emborronados y manchados por los restregones de la goma de borrar.

Las palabras me son tan incómodas como a cualquiera, y soy partidario de utilizar un lenguaje lo más ajustado posible a la realidad, para poder hablar con propiedad. Pero no soy partidario de negar el pasado, de tratar de eliminar quirúrgicamente conceptos que nos definen como colectivo por no hacer un esfuerzo por encontrar las palabras apropiadas para explicarlos. La pereza intelectual es uno de los defectos que más rápidamente nos puede alejar de nuestro desarrollo como personas, y quizá, por alejarnos de ideas y colectivos que han sido restrictivos y censuradores, nos estamos convirtiendo nosotros también en torpes censores del lenguaje, desesperados por una higiene conceptual que mantenga una fachada impoluta.

Seguiría, pero parece que la entrada ya se me está haciendo demasiado larga, y para no abusar de vuestra paciencia, mejor explico estas palabras una por una, y en entradas independientes. Continuará...

viernes, 7 de diciembre de 2012

Virtudes Scout: PUREZA

Vamos con la última de las tres virtudes, tal y como las aprendí: La pureza.

Me consta que en otros círculos, incluída la asociación en que ahora se engloba mi grupo, esta difícil palabra se ha sustituído por "humildad", para facilitar el trámite de tener que explicar un concepto con unas connotaciones tan arcaicas como las que evoca la palabra "Pureza". Con todo, me parece un ejercicio de pereza intelectual, ya que la pureza scout no se limita a la humildad, sino que va mucho más allá.

Saquemos la pureza de todo contexto religioso o de virginalidad. La pureza es el estado en el que algo está libre de imperfecciones, de manchas, de desperfectos. Obviamente, hablamos de pureza moral, pero... ¿Qué mente, hoy en día, está libre de recovecos, de perversiones, de pasadizos oscuros llenos de vueltas y callejones sin salida donde se encuentran los frutos de nuestros temores, prejuicios y sufrimiento, donde se encuentran todos los mecanismos de defensa emocional que nos oscurecen el carácter?

Hay quien dice que la verdadera pureza está en la primera infancia, y tienen parte de razón, porque es cuando menos contaminadas están nuestras mentes... pero por supuesto, no es una pureza duradera, porque los bebés aún no han aprendido a controlar sus impulsos, sentimientos, y apetitos, aún no saben comportarse socialmente. Creo que la auténtica pureza de espíritu está en tratar de ver el mundo con los ojos de un niño, permitiendo que las cosas nos ilusionen, y no prejuzgando, no dar nada por hecho, excepto la humildad de no despreciar nada, de sobreentender que todo puede merecer la pena, de que todo merece respeto, y que no somos mejores que nada ni nadie. Librarse del sarcasmo que nace en el corazón, de la crueldad, de la soberbia, de los prejuicios, de la estrechez de miras. La pureza es quizá como empezar de cero con cada persona que conoces, poner la misma ilusión en cada empresa, y amar cada vez como si fuera la primera y la última. Manteniendo esa ingenuidad, esa ilusión, esa terquedad en el buen hacer. El escultismo es un movimiento pensado para los niños, y una de las virtudes del scout es intentar no perder nunca a ese niño interior.


 Esto requiere un ejercicio constante de reflexión y autoevaluación, y un esfuerzo enorme para intentar mantener siempre una actitud abierta y justa. Es imposible mantener limpia del todo la casa donde uno vive, si no es a costa de trabajar en ello a menudo, pero el que pretende ser sano en cuerpo y mente debe abrir las ventanas de vez en cuando y airear el polvo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Virtudes Scout: ABNEGACIÓN

Espero que no se os hiciera muy larga mi anterior entrada, en la que traté de definir la lealtad.
Vamos ahora con la segunda virtud Scout: La abnegación.

La abnegación es el empeño altruista. El hacer el bien por el bien mismo, el ayudar a otros, sin esperar nada a cambio. Encarnada por el caballero en la leyenda de San Jorge (y por Yitán en el FFIX), es quizá la más hermosa de todas ellas, puede que la más importante. La abnegación abarca el esfuerzo y sacrificio que se hace en provecho de los demás; la sana costumbre de ser bueno porque no se concibe lo contrario, de ayudar porque la ayuda hace falta, de elevarse por encima de la inteligencia animal para hacer lo impensable en la vida salvaje: entregarse a una causa distinta a la propia supervivencia.

El concepto en sí mismo es precioso. La realidad con la que ha de compararse, monstruosa.
El palabro en sí mismo ya es infrecuente en el lenguaje cotidiano, más rara aún es la abnegación verdadera en los tiempos que corren, en los que toda acción se juzga en función del esfuerzo que conlleva y el beneficio que reporta. Me consta incluso que en la cultura popular, en la tele, en la calle, en las casas y familias, a muchos niños se les inculca activamente el tratar de aprovecharse al máximo de todo y de todos, al tiempo que se evita la generosidad (del tipo que sea) con los extraños, para que no se aprovechen de uno. Son tiempos de egoísmo.

En mi opinión, el mundo ya está lo bastante plagado de malas personas. Hay quien piensa que hay gente que es malvada, y no hay más que hablar. Yo aún no me he posicionado. Hay gente que no ha recibido una buena educación, o que sufrieron demasiado y no supieron encajarlo, o a los que no se les ha inculcado otra cosa que espíritu de supervivencia, o que cae en la desidia moral y el egoísmo. Quizá es verdad que hay malas personas, si bien opino que las malas personas no nacen, se hacen. El caso es, que llevados por este egoísmo, no hay maldad que un ser humano no sea capaz de perpetrar, ni daño que no sea capaz de inflingir al mundo o a sus semejantes.

La abnegación no solo es bonita, es un rasgo necesario, porque es la única manera de equilibrar la balanza. La maldad engendra sufrimiento, y el sufrimiento, más maldad. La bondad puede engendrar gratitud, y la gratitud, bondad. La película de la naranja mecánica exponía muy claramente esta idea, y no debe caer en saco roto, ya que a la vista de todos está el rumbo del mundo y de nuestra cultura.
Más allá de la batalla moral entre el bien y el mal, más allá de la metafísica colorista y fantasiosa, una realidad se impone: no puede existir ninguna sociedad justa sin la abnegación como premisa. 









jueves, 22 de marzo de 2012

Virtudes Scout: LEALTAD

Como ya dije, me he propuesto abordar el escultismo desde sus principios ideológicos, normas y leyes, y voy a empezar por las virtudes scout, representadas en el saludo scout por los tres dedos (índice, anular y corazón) que permanecen alzados en el saludo scout.
Las tres virtudes scout, tal y como yo las aprendí, son Lealtad, Abnegación, y Pureza.

La lealtad, el primero, parece el más fácil de definir, o el que la gente más a menudo cree erróneamente que entiende a la perfección. Y hay mucha gente que se equivoca con ella, porque en mi opinión, y como ya diré más adelante, hay muchas cosas que la lealtad no es. Quizá, se coloca el primero, porque es, de las tres virtudes, la que más relación tiene con nuestra forma de relacionarnos con el prójimo. Y el sentimiento scout, aunque es, ante todo, algo muy personal, que se lleva por dentro, el buen scout se debe a los demás.

De la lealtad se espera que aporte un margen de predecibilidad para con los tuyos, con el fin de evitar a toda costa el doloroso sentimiento de creerse traicionado. Principalmente, cuando más se acusa la falta de lealtad, es a la hora de llevarse sorpresas desagradables.

En realidad, es un poco más complejo. Más que predecibilidad, es ser honesto y consecuente con las propias afinidades. Cuando uno crea un vínculo con otra persona, uno debe siempre mirar por el bien del otro, desde el respeto y la amistad. A veces los vínculos nos vienen dados al nacer, a veces los decidimos nosotros mismos, y a veces, ni siquiera nos los proponemos, pero los esfuerzos de otros forjan esos lazos por nosotros, y no por ello son menos importantes. La lealtad, reducida a su mínima expresión, es recordar esos lazos y ser fiel a ellos en todo momento.

Por poner unos cuantos ejemplos típicos:
Lealtad es saber guardar un secreto, cuando revelarlo puede hacer verdadero daño a tu amigo; o revelarlo, cuando es la única manera de salvarlo.
La lealtad no tiene por qué ser siempre solícito o estar siempre a disposición, sí que lo es, en cambio, permanecer al lado de tu amigo, cuando las cosas se pongan difíciles de verdad;
defender a tus amigos cuando sea el momento de luchar;
También lo es hablar en defensa de tus amigos, cuando se les critique injustamente.
La lealtad es honradez, es amistad, y es constancia. Es ser noble y justo.


La lealtad también puede ser decirle a un amigo la verdad aún cuando sea difícil. Lealtad no es decir siempre que sí, sin cuestionar o debatir opiniones nunca.
Lealtad tampoco es ser sicario del amigo, aceptando como propios a sus enemigos, y uniéndose alegremente a las guerras que éste decida comenzar.  Respaldar una maldad es el peor caso de lealtad mal entendida, y por desgracia, muy frecuente.
Un amigo leal no tiene por ello que dejar de ser justo, y advertir a sus amistades de su error cuando se dispongan a cometer un atropello. Lealtad es ser paciente con sus errores, sin ignorarlos, y feroz con sus agresores, sin prejuzgarlos.


La lealtad también se puede profesar hacia un colectivo, o, a un nivel más profundo, hacia un ideal, un sentimiento o una idea. Como con un amigo, el que es leal a un ideal, lo ama, pero no por ello es menos crítico con él. Ser leal a un ideal implica conocerlo, reflexionarlo, defenderlo, ser consciente de sus fallos y sus lagunas, y ser capaz de aceptarlos y debatirlos, en lugar de ocultarlos. Alguien que es leal, no se avergüenza de ello. No cambia de idea de la noche a la mañana, no traiciona sus propios principios. Lealtad es ser consecuente. Esto también se aplica a las amistades. Alguien leal a un ideal o a un amigo se sentirá orgulloso de ello, no lo ocultará. Lealtad ser capaz de hablar de ese vínculo sin tapujos ni tensión, porque si se defiende de manera irracional, se arriesga el dar a entender que lo que defiende, es por extensión irracional.
 
¿Cuánta gente hay que se avergüenza de lo que cree o de a quién quiere, pero cree que no importa siempre que ponga en ello su corazón? Sin duda, mucha más de la que a simple vista se percibe o de la que estaría dispuesta a reconocerlo. ¿Cuánta gente hay que defiende con rabia sus ideas o a sus amigos, sin pararse un segundo a reflexionar sobre ello? ¿Cuánta, que te deja atrás en el camino, cuando más falta te hacen?