A SCOUT IS LOYAL
(EL SCOUT ES LEAL) Al rey, a sus jefes, a su país y a sus empleadores. Debe permanecer leal a éstos en la dicha y la adversidad, frente a cualquiera que sea su enemigo, o incluso aquellos que hablen mal de ellos.
Y a continuación, la ley tal y como llegó a mí:
EL SCOUT ES LEAL
Mientras otros principios scouts se encuentran más diluidos y dispersos en el texto subyacente de varias leyes, Baden Powell no encontró otra forma de resumir la lealtad en la ley, o bien quiso hacer especial hincapié en ella. El sentido está bien claro: sé leal a los tuyos, defiéndelos de los que les ataquen o agravien, etc. Ya he hablado mucho de la lealtad en su virtud correspondiente, de lo que es y de lo que no debe ser. Por eso, en esta ley, me parece de especial interés centrarme en algo que aclara la ley original, pero no la actual, ni su principio correspondiente: ¿A quién debe ser leal un scout?
Me ha llamado la atención bastante que en múltiples interpretaciones posteriores de la ley se han añadido a la lista a los padres, a los subordinados, y en algunos casos, a los camaradas. El fundador no los incluyó en su lista a ninguno de éstos. ¿Por qué? Bueno, aquí es donde toca ponerse crítico con el fundador, ya que si bien fue el artífice de la idea que a día de hoy ayuda a educar a millones de niños en todo el mundo en una filosofía que les haga más esforzados, nobles y comprometidos; está claro que antes de tener idea de la magnitud que iba a adquirir su iniciativa, le dio toques muy personales que creo que no eran necesarios, o útiles siquiera para el propósito al que hoy sirve el escultismo. Baden Powell era un militar británico, y como tal, sus lealtades eran primero para con el país y con la monarquía. Esperaba además obediencia de sus subordinados, fueran éstos soldados, o jóvenes scouts, a los que en un principio, quiso acercar a esos valores de lealtad obediencia y sacrificio castrenses. Quizá, al ser el líder fundador, y pensar educar a chavales, nunca se le ocurrió pensar, que más importante aún que la lealtad a los superiores, es a los subordinados, a los que dependen de nosotros, o a los que nos profesan lealtad. En general, choco de frente con la idea misma de estar obligado a deber lealtad a alguien que no ha decidido uno mismo, y que una persona adulta debe decidir con sabiduría dónde deposita sus lealtades, y ser consecuente. Pero también dije antes que no todos los lazos los elegimos, algunos, como los de la familia, nos vienen dados al nacer, pero también tienen valor. Entonces, ¿Cómo se nos quedaría la ley original, y dónde debe quedar la lealtad de un scout? Como republicano que me considero, opino que todos los reyes habidos y por haber pueden irse a hacer gárgaras, por lo que a mí respecta, como institución corrupta y alejada de cualquier sentido de la justicia y la igualdad entre personas que son. ¿La gente que te da trabajo? Muchos de ellos son una panda de sinvergüenzas que no dudan en darte la patada por muy bien que hagas tu trabajo, si con ello se ahorran cuatro perras chicas. ¿Y el país? Baste decir que pocas cosas, aparte de la religión, han traído tanto daño y dolor como un patriotismo mal entendido. Pero quizá en esto último resida la clave de dónde deben estar nuestras lealtades. En todo aquello que consideremos patria, en los términos que la describía en entradas anteriores (Concretamente, aquí). Allí donde tengamos pendiente una deuda de gratitud, entre aquellas personas que podamos decir nuestras, y que nos pueden decir suyas.
Siguiendo esta pauta, no tenemos por qué ser leales a un gobernante corrupto o mediocre que no nos represente, pero sí a los líderes que escojamos; ni a unos padres maltratadores o desentendidos de tí, pero sí a una familia que con más o menos acierto se esfuerza por ofrecerte apoyo, cariño y un futuro, no al país como abstracción de fronteras y nacionalismos, pero sí a tu patria tal y como la configuran todas las cosas, personas y lugares que amas y de los que formas parte. A las personas a las que les debemos algo, aunque sea el contribuir a que seamos quienes somos el día de hoy. Y por supuesto, a nuestros ideales, a nuestras creencias y principios, a las leyes que aceptemos como propias desde nuestra libertad y responsabilidad. Al fin y al cabo, si discutimos cómo cumplir mejor la ley scout, no es porque nadie nos impusiera obedecerla, sino porque en su momento tomamos la decisión de la promesa como individuos libres.