La historia de la humanidad ha estado plagada de épocas de depresión, en las que el hambre galopaba rampante, la miseria era la norma común, la educación y la cultura no eran accesibles, y en las que la mera supervivencia no se daba por sentada. La más famosa y contundente fué la Alta Edad Media, pero tanto en imperios de la antigüedad como en las naciones industriales se han repetido estos periodos, cuando las malas cosechas, las epidemias, la economía o la guerra así lo han dictado.
El debate ético, moral e ideológico era poco común entre la gente de a pie de estos periodos. Primero, porque en tiempos de crisis no es frecuente poder hablar con libertad de estos temas sin miedo a la represión. Segundo, porque la gente rara vez poseía el vocabulario y la complejidad de ideas suficientes como para expresar estos conceptos. Y tercero, porque el aliento se reservaba para trabajar sin descanso, y quizá garantizar el pan de cada día.
Por eso se hacen necesarios conceptos más simples para abreviar y resumir todos los ideales y conceptos morales positivos. En estos tiempos, además, la gente ofrece lo peor de sí misma, cuando su propia existencia y seguridad se ve amenazada, y la solidaridad sale cara; por eso esos conceptos han de venir del exterior, ya que la fe en la bondad humana es un tesoro insólito, y la asunción de que es el propio hombre el que debe hacer imperar bien y justicia para remediar lo que él mismo causa es desoladora.
En estos periodos aparece para cumplir este papel la palabra "Dios". Dios, para el que es creyente de verdad, es la encarnación de todo bien. Los hombres buenos lo son en la medida en que respetan a Dios, o le llevan en su corazón. Esto ahorra mucha palabrería y reflexión, porque creer de corazón en Dios, es creer en la bondad, la generosidad, la justicia, la igualdad, la compasión, el perdón, etc...
Cuando estas reminiscencias religiosas se cuelan en el escultismo como legados de un pasado más espiritual, incomodando a los más laicos del colectivo, no hay que horrorizarse y tacharla a ciegas, sino entenderla como lo que es: un resumen burdo y teocentrista de "Aquello en lo que creo". Este aquello en lo que uno cree puede, en efecto, ser la religión, pero no tiene que limitarse a la misma: Son tus sueños, tus ideales, tu manera de entender el mundo, y tu propia interiorización de los conceptos absolutos del bien.
Quisiera poseer la solución al enigma de cómo resumir en las fórmulas y ceremoniales algo tan complejo en nada que sea más corto que una frase de, al menos 5 palabras sin recurrir a Dios, para poder hablar con propiedad, pero temo que el asunto es complicado, y merece que cada uno haga su propia reflexión.
lunes, 17 de diciembre de 2012
jueves, 13 de diciembre de 2012
Palabras abstractas y complicadas...
Mi plan era continuar con los tres principios scout, pero me doy cuenta, aún antes de empezar, de que resultaría muy complicado continuar sin aclarar el conflicto con la lingüística en el que se metido el escultismo de estas últimas décadas. Ya he comentado antes que me parece pereza intelectual el cambio de vocabulario, pero me temo que para explicarme bien deba alargar el planteamiento, y hablar un poco de mí mismo.
Mi fe en estos últimos años no pasa de ser un coqueteo con el mito por amor a la fantasía, (en tanto que ésta no sólo es bella y amena, sino un medio y una excusa para reflexionar sobre ideas más elevadas); y un pequeño reducto de agnosticismo, nacido del miedo profundo al gran misterio de la muerte, y al concepto de afrontar el fin de la existencia desde dentro. (Es fácil presenciar el fin de algo desde fuera, y aceptar la idea de que ese algo ha dejado de existir, ¿Pero abordar la inexistencia desde dentro? La idea es brutalmente sencilla y a un tiempo imposible: no experimentas nada, porque sencillamente no existes.)
Sin embargo, cuando me sumergí en el escultismo, aún profesaba un agnosticismo menos interesado, y más próximo a la fe cristiana. Nuestros libros de progresión de entonces llevaban mucho tiempo sin actualizar, y aunque aún no había una obsesión tan chirriante con la corrección política; palabras como "Dios", o "Patria" (hoy en día incluso palabras como "Honor", "Bandera" o "Alma" corren riesgo de caer en este saco) ya eran incómodas por su proliferación en las fórmulas, ceremoniales, y canciones.
Recientemente ha surgido un afán falsamente renovador por erradicar estas palabras de nuestro vocabulario para evitar que se nos asocie con colectivos mucho menos benévolos que el nuestro, y con conceptos anticuados; pero sin sustituirlos por ninguna otra cosa, dejando delatadores huecos en blanco, aún emborronados y manchados por los restregones de la goma de borrar.
Las palabras me son tan incómodas como a cualquiera, y soy partidario de utilizar un lenguaje lo más ajustado posible a la realidad, para poder hablar con propiedad. Pero no soy partidario de negar el pasado, de tratar de eliminar quirúrgicamente conceptos que nos definen como colectivo por no hacer un esfuerzo por encontrar las palabras apropiadas para explicarlos. La pereza intelectual es uno de los defectos que más rápidamente nos puede alejar de nuestro desarrollo como personas, y quizá, por alejarnos de ideas y colectivos que han sido restrictivos y censuradores, nos estamos convirtiendo nosotros también en torpes censores del lenguaje, desesperados por una higiene conceptual que mantenga una fachada impoluta.
Seguiría, pero parece que la entrada ya se me está haciendo demasiado larga, y para no abusar de vuestra paciencia, mejor explico estas palabras una por una, y en entradas independientes. Continuará...
Mi fe en estos últimos años no pasa de ser un coqueteo con el mito por amor a la fantasía, (en tanto que ésta no sólo es bella y amena, sino un medio y una excusa para reflexionar sobre ideas más elevadas); y un pequeño reducto de agnosticismo, nacido del miedo profundo al gran misterio de la muerte, y al concepto de afrontar el fin de la existencia desde dentro. (Es fácil presenciar el fin de algo desde fuera, y aceptar la idea de que ese algo ha dejado de existir, ¿Pero abordar la inexistencia desde dentro? La idea es brutalmente sencilla y a un tiempo imposible: no experimentas nada, porque sencillamente no existes.)
Sin embargo, cuando me sumergí en el escultismo, aún profesaba un agnosticismo menos interesado, y más próximo a la fe cristiana. Nuestros libros de progresión de entonces llevaban mucho tiempo sin actualizar, y aunque aún no había una obsesión tan chirriante con la corrección política; palabras como "Dios", o "Patria" (hoy en día incluso palabras como "Honor", "Bandera" o "Alma" corren riesgo de caer en este saco) ya eran incómodas por su proliferación en las fórmulas, ceremoniales, y canciones.
Recientemente ha surgido un afán falsamente renovador por erradicar estas palabras de nuestro vocabulario para evitar que se nos asocie con colectivos mucho menos benévolos que el nuestro, y con conceptos anticuados; pero sin sustituirlos por ninguna otra cosa, dejando delatadores huecos en blanco, aún emborronados y manchados por los restregones de la goma de borrar.
Las palabras me son tan incómodas como a cualquiera, y soy partidario de utilizar un lenguaje lo más ajustado posible a la realidad, para poder hablar con propiedad. Pero no soy partidario de negar el pasado, de tratar de eliminar quirúrgicamente conceptos que nos definen como colectivo por no hacer un esfuerzo por encontrar las palabras apropiadas para explicarlos. La pereza intelectual es uno de los defectos que más rápidamente nos puede alejar de nuestro desarrollo como personas, y quizá, por alejarnos de ideas y colectivos que han sido restrictivos y censuradores, nos estamos convirtiendo nosotros también en torpes censores del lenguaje, desesperados por una higiene conceptual que mantenga una fachada impoluta.
Seguiría, pero parece que la entrada ya se me está haciendo demasiado larga, y para no abusar de vuestra paciencia, mejor explico estas palabras una por una, y en entradas independientes. Continuará...
viernes, 7 de diciembre de 2012
Virtudes Scout: PUREZA
Vamos con la última de las tres virtudes, tal y como las aprendí: La pureza.
Me consta que en otros círculos, incluída la asociación en que ahora se engloba mi grupo, esta difícil palabra se ha sustituído por "humildad", para facilitar el trámite de tener que explicar un concepto con unas connotaciones tan arcaicas como las que evoca la palabra "Pureza". Con todo, me parece un ejercicio de pereza intelectual, ya que la pureza scout no se limita a la humildad, sino que va mucho más allá.
Saquemos la pureza de todo contexto religioso o de virginalidad. La pureza es el estado en el que algo está libre de imperfecciones, de manchas, de desperfectos. Obviamente, hablamos de pureza moral, pero... ¿Qué mente, hoy en día, está libre de recovecos, de perversiones, de pasadizos oscuros llenos de vueltas y callejones sin salida donde se encuentran los frutos de nuestros temores, prejuicios y sufrimiento, donde se encuentran todos los mecanismos de defensa emocional que nos oscurecen el carácter?
Hay quien dice que la verdadera pureza está en la primera infancia, y tienen parte de razón, porque es cuando menos contaminadas están nuestras mentes... pero por supuesto, no es una pureza duradera, porque los bebés aún no han aprendido a controlar sus impulsos, sentimientos, y apetitos, aún no saben comportarse socialmente. Creo que la auténtica pureza de espíritu está en tratar de ver el mundo con los ojos de un niño, permitiendo que las cosas nos ilusionen, y no prejuzgando, no dar nada por hecho, excepto la humildad de no despreciar nada, de sobreentender que todo puede merecer la pena, de que todo merece respeto, y que no somos mejores que nada ni nadie. Librarse del sarcasmo que nace en el corazón, de la crueldad, de la soberbia, de los prejuicios, de la estrechez de miras. La pureza es quizá como empezar de cero con cada persona que conoces, poner la misma ilusión en cada empresa, y amar cada vez como si fuera la primera y la última. Manteniendo esa ingenuidad, esa ilusión, esa terquedad en el buen hacer. El escultismo es un movimiento pensado para los niños, y una de las virtudes del scout es intentar no perder nunca a ese niño interior.
Esto requiere un ejercicio constante de reflexión y autoevaluación, y un esfuerzo enorme para intentar mantener siempre una actitud abierta y justa. Es imposible mantener limpia del todo la casa donde uno vive, si no es a costa de trabajar en ello a menudo, pero el que pretende ser sano en cuerpo y mente debe abrir las ventanas de vez en cuando y airear el polvo.
Me consta que en otros círculos, incluída la asociación en que ahora se engloba mi grupo, esta difícil palabra se ha sustituído por "humildad", para facilitar el trámite de tener que explicar un concepto con unas connotaciones tan arcaicas como las que evoca la palabra "Pureza". Con todo, me parece un ejercicio de pereza intelectual, ya que la pureza scout no se limita a la humildad, sino que va mucho más allá.
Saquemos la pureza de todo contexto religioso o de virginalidad. La pureza es el estado en el que algo está libre de imperfecciones, de manchas, de desperfectos. Obviamente, hablamos de pureza moral, pero... ¿Qué mente, hoy en día, está libre de recovecos, de perversiones, de pasadizos oscuros llenos de vueltas y callejones sin salida donde se encuentran los frutos de nuestros temores, prejuicios y sufrimiento, donde se encuentran todos los mecanismos de defensa emocional que nos oscurecen el carácter?
Hay quien dice que la verdadera pureza está en la primera infancia, y tienen parte de razón, porque es cuando menos contaminadas están nuestras mentes... pero por supuesto, no es una pureza duradera, porque los bebés aún no han aprendido a controlar sus impulsos, sentimientos, y apetitos, aún no saben comportarse socialmente. Creo que la auténtica pureza de espíritu está en tratar de ver el mundo con los ojos de un niño, permitiendo que las cosas nos ilusionen, y no prejuzgando, no dar nada por hecho, excepto la humildad de no despreciar nada, de sobreentender que todo puede merecer la pena, de que todo merece respeto, y que no somos mejores que nada ni nadie. Librarse del sarcasmo que nace en el corazón, de la crueldad, de la soberbia, de los prejuicios, de la estrechez de miras. La pureza es quizá como empezar de cero con cada persona que conoces, poner la misma ilusión en cada empresa, y amar cada vez como si fuera la primera y la última. Manteniendo esa ingenuidad, esa ilusión, esa terquedad en el buen hacer. El escultismo es un movimiento pensado para los niños, y una de las virtudes del scout es intentar no perder nunca a ese niño interior.
Esto requiere un ejercicio constante de reflexión y autoevaluación, y un esfuerzo enorme para intentar mantener siempre una actitud abierta y justa. Es imposible mantener limpia del todo la casa donde uno vive, si no es a costa de trabajar en ello a menudo, pero el que pretende ser sano en cuerpo y mente debe abrir las ventanas de vez en cuando y airear el polvo.
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