sábado, 9 de mayo de 2015

Guerra y paz entre Marte y Venus

No es un tema fresco, no es de ayer, ni anteayer, ni del otro tampoco. Pero sigo encontrándome opiniones duras y enfrentadas en facebook, y estupideces como templos en nuestro entorno, nuestras leyes y nuestros medios de comunicación. Hablo de la eterna, inacabable, inteminable, (lamentable hasta niveles preocupantes de vergüenza ajena) batalla de sexos.

Voy a intentar dejar mi opinión muy clara, y voy a empezar por un diccionario de términos al uso.

Machista: Término para referirse a una persona que considera que las mujeres son inherentemente inferiores a los hombres intelectual o moralmente, y/o que deben ser consideradas de un modo u otro ciudadanos de segunda clase, concediéndoseles menos respeto y derechos que a los hombres.
Feminista: Término para referirse a una persona que se opone ideológicamente al machismo, y defiende el empoderamiento de la mujer para igualarla en derechos, oportunidades y consideración social a los hombres. 
Hembrista: Término para referirse a una persona que considera que los hombres son inherentemente inferiores a las mujeres intelectual o moralmente, y/o que deben ser considerados de un modo u otro ciudadanos de segunda clase, concediéndoseles menos respeto y derechos que a las mujeres.
Masculinista: Término para referirse a una persona que se opone ideológicamente al hembrismo, y defiende el empoderamiento del hombre para igualarlo en derechos, oportunidades y consideración social a las mujeres. 
Feminazi: Término despectivo e informal para referirse a una persona hembrista, especialmente cuando ésta pretende disfrazar su hembrismo de feminismo.

De momento parece fácil ¿No? Bueno, ya lo sé. No es tan sencillo como eso, pero de momento voy a quedarme en la definición más estricta, y luego abordaremos las implicaciones sociales.
Empecemos con los 4 primeros. 2 de ellos son posiciones extremas que defienden la superioridad de un sexo sobre el otro, y los 2 restantes, supuestamente, persiguen la igualdad.
¿Alguien se da cuenta del problema? Hay una duplicidad de términos sospechosa. El machismo y el hembrismo pueden querer diferenciarse terminológicamente, ya que parecen posturas enfrentadas y opuestas. En realidad son dos caras de la misma moneda: la discriminación de personas por criterios de sexo, así que para los que prefieran integrarlos como un problema común, existe una palabra muy buena: Sexismo.
Con el feminismo y el masculinismo en cambio, la cosa se complica. Parecería lógico que dos posturas que defienden la igualdad se agruparan bajo una misma bandera, pero no suele ocurrir así. Para colmo, y al contrario que ocurre con el sexismo, no existe un término extendido que los unifique. Quizá porque lo contrario a ser sexista debería ser ser normal, y resulta más fácil señalar y dar nombre a las desviaciones de la normalidad, que a las distintas y limitadas formas de ésta por oposición, pero (suspiro) ojalá fuera solo eso.

Cuando surgió el feminismo, estaba claro quién se estaba llevando la peor parte en las desigualdades de género. Parecía absurdo que un hombre se manifestara contra la cultura sexista de la época, ya que él se llevaba la mejor parte. Y ojo, el sexismo es cruel en las dos direcciones: impone expectativas y modelos estrictos, limitando la libertad en la forma de ser y vivir, las actividades, hobbies, oficios y castiga las desviaciones del canon. Aún así, ya digo, el hombre tenía mucho más margen de maniobra, y la sociedad le juzgaba con mucha más benevolencia que a la mujer. Pero por aquel entonces, creo que nadie se planteaba que hubiera un enemigo común, sino un reparto injusto de derechos y deberes.

whenever I meet a feminazi. . WI] KEEP THIN WEED. I M THINGI IT VIII] THIN. MEN IS MASTER RACE

Volvemos al siglo 21, y nos encontramos con varios problemas. El primero es que a pesar de las muchas batallas importantes ganadas, el feminismo no ha terminado de lograr sus objetivos, primero, porque en muchos lugares del mundo no ha empezado a calar siquiera, o ha sufrido una represión durísima, y segundo, porque incluso en los países donde el feminismo ha calado más, sigue habiendo un abismo entre nuestros conceptos culturales de hombres y mujeres. El segundo, que algunos partidos políticos, de vez en cuando, y con ánimo de parecer modernos y congraciarse con los colectivos feministas, pegan patinazos. Y aquí llega la cultura de la "hipercompensación" o la revancha. Es decir, mantener (o no) prácticas discriminatorias hacia la mujer, pero tratar de compensarla con otras prácticas discriminatorias hacia el hombre. Soy injusto hacia ella, pero luego soy injusto hacia él ¿Eso no es hasta cierto punto, una forma de justicia? Pues no, no lo es, es esparcir el problema, y de paso, enfrentar a la gente. 

Resulta que entre las sufridas filas de heroínas que tanto luchan por la igualdad han ido apareciendo personas con unos cuantos errores de concepto. Gente que ha confundido el patriarcado con el cromosoma "Y", que cree que el problema no está la discriminación, ni en la cultura, sino en los hombres, simple y llanamente, y que la solución radica en algún punto intermedio entre exterminar al sexo masculino y extinguir la humanidad en una generación en un paraíso lésbico; e imponer una serie de normativas que aten en corto al hombre, dando preferencia legal a la mujer, y considerando al hombre en un animal perverso, un violador latente, un objeto sexual o un mal necesario. Esta gente cree que la lucha es de hombres contra mujeres, no de injusticia contra justicia,  Son tan radicales, que no consienten al hombre feminista, en la creencia de que para demostrarse tan fuertes como el hombre, deben ganar sus batallas en solitario, y que tener hombres de su lado desvirtúa la lucha, porque les deja sabor de boca de haber recibido una concesión del enemigo, no haber ganado su recompensa. Malvados los hombres amigos de la igualdad, que con nuestra generosidad paternalista solo reforzamos el patriarcado. Sobra decir que estas personas le hacen un flaco favor al feminismo.



Son éstas las que, al haber confundido feminismo con hembrismo descarado, son tachadas de feminazis, y tan jocoso, irrespetuosos, ofensivo e inmaduro como el término pueda sonar, tiene su sentido y razón de ser para los masculinistas, que se preocupan por los torpes arreglos legales que en nombre de la igualdad, nos separan aún más. Y aquí empiezan los malentendidos y escaramuzas ideológicas: Dado que la mujer sigue sufriendo abusos, hay quien no cree que exista el hembrismo, considera que todo masculinista es un machista encubierto (y algunos lo son, y con poco disimulo) y que el término "feminazi" es un insulto a todas las feministas (cuando en realidad, se refiere a las manzanas podridas, las hembristas radicales que enturbian con su actitud hostil el buen nombre del feminismo). Y es que el hembrismo ha asustado a muchas y muchos, hasta el punto de que bastante gente, en principio normal y de buena intención, reniega de decirse feminista, porque confunden el feminismo con el hembrismo, y creen que ser feminista implica tener algo contra los hombres (No es así, el feminismo bien entendido es exigir para la mujer lo mismo que el hombre recibe). Y cómo no, están los masculinistas que al tirar de sátira y mofa, y abusar de términos como "feminazi" o de mandar a fregar a las hembristas, sabotean su propia credibilidad.

Creo que en el fondo, para empezar a conciliar posturas, lo primero que hay que hacer es darle difusión al término hembrista. Entre los/las masculinistas, porque nadie se los va a tomar en serio si no hablan con propiedad, y entre las/los feministas, porque el hembrismo les ha parasitado desde dentro, y lo mejor para volver a legitimarse a ojos de todos es arrancárselo de raiz (y para eso, como con todo hay que empezar por reconocerlo). El machismo, por supuesto, sigue ahí, fuerte como siempre, sólo que de ese ya no hay que advertir tanto, todos sabemos que es un enemigo peligroso.
Y bueno, yo me considero masculinista y feminista al mismo tiempo, pero me frustra que no haya una palabra única para eso, porque lo otro suena a "defiendo la igualdad pero que quede claro que soy hombre" y "defiendo la igualdad pero que quede claro que soy mujer". Y mientras nos preocupe tanto defender nuestras diferencias ¿Cómo vamos a llegar a la igualdad?

Para los que piensen que una cultura victimizada no puede tiranizar a su vez a otros, que piense un poco en los israelíes, y para los que piensen que la cultura sexista no hace daño también a los hombres, aunque podría tirarme una entrada entera hablando de esto, dejo un ejemplo que creo que está bastante claro:

1 comentario:

  1. No se porque parece que mi comentario anterior no ha quedado reflejado, así que creo que mejor dos comentarios que ninguno. Por si apareciese el anterior, hago un resumen aquí. Decía que estoy totalmente de acuerdo como casi siempre.
    Y que cuando he leído sobre la hipercompensación pensé que hablarías de la otra, de cuando una persona dice del otro sexo que le cree mas inteligente y superior etc etc, tal como hizo cierto político hace poco en televisión.
    Un beso, sigue escribiendo así de bien.

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