sábado, 9 de mayo de 2015

Guerra y paz entre Marte y Venus

No es un tema fresco, no es de ayer, ni anteayer, ni del otro tampoco. Pero sigo encontrándome opiniones duras y enfrentadas en facebook, y estupideces como templos en nuestro entorno, nuestras leyes y nuestros medios de comunicación. Hablo de la eterna, inacabable, inteminable, (lamentable hasta niveles preocupantes de vergüenza ajena) batalla de sexos.

Voy a intentar dejar mi opinión muy clara, y voy a empezar por un diccionario de términos al uso.

Machista: Término para referirse a una persona que considera que las mujeres son inherentemente inferiores a los hombres intelectual o moralmente, y/o que deben ser consideradas de un modo u otro ciudadanos de segunda clase, concediéndoseles menos respeto y derechos que a los hombres.
Feminista: Término para referirse a una persona que se opone ideológicamente al machismo, y defiende el empoderamiento de la mujer para igualarla en derechos, oportunidades y consideración social a los hombres. 
Hembrista: Término para referirse a una persona que considera que los hombres son inherentemente inferiores a las mujeres intelectual o moralmente, y/o que deben ser considerados de un modo u otro ciudadanos de segunda clase, concediéndoseles menos respeto y derechos que a las mujeres.
Masculinista: Término para referirse a una persona que se opone ideológicamente al hembrismo, y defiende el empoderamiento del hombre para igualarlo en derechos, oportunidades y consideración social a las mujeres. 
Feminazi: Término despectivo e informal para referirse a una persona hembrista, especialmente cuando ésta pretende disfrazar su hembrismo de feminismo.

De momento parece fácil ¿No? Bueno, ya lo sé. No es tan sencillo como eso, pero de momento voy a quedarme en la definición más estricta, y luego abordaremos las implicaciones sociales.
Empecemos con los 4 primeros. 2 de ellos son posiciones extremas que defienden la superioridad de un sexo sobre el otro, y los 2 restantes, supuestamente, persiguen la igualdad.
¿Alguien se da cuenta del problema? Hay una duplicidad de términos sospechosa. El machismo y el hembrismo pueden querer diferenciarse terminológicamente, ya que parecen posturas enfrentadas y opuestas. En realidad son dos caras de la misma moneda: la discriminación de personas por criterios de sexo, así que para los que prefieran integrarlos como un problema común, existe una palabra muy buena: Sexismo.
Con el feminismo y el masculinismo en cambio, la cosa se complica. Parecería lógico que dos posturas que defienden la igualdad se agruparan bajo una misma bandera, pero no suele ocurrir así. Para colmo, y al contrario que ocurre con el sexismo, no existe un término extendido que los unifique. Quizá porque lo contrario a ser sexista debería ser ser normal, y resulta más fácil señalar y dar nombre a las desviaciones de la normalidad, que a las distintas y limitadas formas de ésta por oposición, pero (suspiro) ojalá fuera solo eso.

Cuando surgió el feminismo, estaba claro quién se estaba llevando la peor parte en las desigualdades de género. Parecía absurdo que un hombre se manifestara contra la cultura sexista de la época, ya que él se llevaba la mejor parte. Y ojo, el sexismo es cruel en las dos direcciones: impone expectativas y modelos estrictos, limitando la libertad en la forma de ser y vivir, las actividades, hobbies, oficios y castiga las desviaciones del canon. Aún así, ya digo, el hombre tenía mucho más margen de maniobra, y la sociedad le juzgaba con mucha más benevolencia que a la mujer. Pero por aquel entonces, creo que nadie se planteaba que hubiera un enemigo común, sino un reparto injusto de derechos y deberes.

whenever I meet a feminazi. . WI] KEEP THIN WEED. I M THINGI IT VIII] THIN. MEN IS MASTER RACE

Volvemos al siglo 21, y nos encontramos con varios problemas. El primero es que a pesar de las muchas batallas importantes ganadas, el feminismo no ha terminado de lograr sus objetivos, primero, porque en muchos lugares del mundo no ha empezado a calar siquiera, o ha sufrido una represión durísima, y segundo, porque incluso en los países donde el feminismo ha calado más, sigue habiendo un abismo entre nuestros conceptos culturales de hombres y mujeres. El segundo, que algunos partidos políticos, de vez en cuando, y con ánimo de parecer modernos y congraciarse con los colectivos feministas, pegan patinazos. Y aquí llega la cultura de la "hipercompensación" o la revancha. Es decir, mantener (o no) prácticas discriminatorias hacia la mujer, pero tratar de compensarla con otras prácticas discriminatorias hacia el hombre. Soy injusto hacia ella, pero luego soy injusto hacia él ¿Eso no es hasta cierto punto, una forma de justicia? Pues no, no lo es, es esparcir el problema, y de paso, enfrentar a la gente. 

Resulta que entre las sufridas filas de heroínas que tanto luchan por la igualdad han ido apareciendo personas con unos cuantos errores de concepto. Gente que ha confundido el patriarcado con el cromosoma "Y", que cree que el problema no está la discriminación, ni en la cultura, sino en los hombres, simple y llanamente, y que la solución radica en algún punto intermedio entre exterminar al sexo masculino y extinguir la humanidad en una generación en un paraíso lésbico; e imponer una serie de normativas que aten en corto al hombre, dando preferencia legal a la mujer, y considerando al hombre en un animal perverso, un violador latente, un objeto sexual o un mal necesario. Esta gente cree que la lucha es de hombres contra mujeres, no de injusticia contra justicia,  Son tan radicales, que no consienten al hombre feminista, en la creencia de que para demostrarse tan fuertes como el hombre, deben ganar sus batallas en solitario, y que tener hombres de su lado desvirtúa la lucha, porque les deja sabor de boca de haber recibido una concesión del enemigo, no haber ganado su recompensa. Malvados los hombres amigos de la igualdad, que con nuestra generosidad paternalista solo reforzamos el patriarcado. Sobra decir que estas personas le hacen un flaco favor al feminismo.



Son éstas las que, al haber confundido feminismo con hembrismo descarado, son tachadas de feminazis, y tan jocoso, irrespetuosos, ofensivo e inmaduro como el término pueda sonar, tiene su sentido y razón de ser para los masculinistas, que se preocupan por los torpes arreglos legales que en nombre de la igualdad, nos separan aún más. Y aquí empiezan los malentendidos y escaramuzas ideológicas: Dado que la mujer sigue sufriendo abusos, hay quien no cree que exista el hembrismo, considera que todo masculinista es un machista encubierto (y algunos lo son, y con poco disimulo) y que el término "feminazi" es un insulto a todas las feministas (cuando en realidad, se refiere a las manzanas podridas, las hembristas radicales que enturbian con su actitud hostil el buen nombre del feminismo). Y es que el hembrismo ha asustado a muchas y muchos, hasta el punto de que bastante gente, en principio normal y de buena intención, reniega de decirse feminista, porque confunden el feminismo con el hembrismo, y creen que ser feminista implica tener algo contra los hombres (No es así, el feminismo bien entendido es exigir para la mujer lo mismo que el hombre recibe). Y cómo no, están los masculinistas que al tirar de sátira y mofa, y abusar de términos como "feminazi" o de mandar a fregar a las hembristas, sabotean su propia credibilidad.

Creo que en el fondo, para empezar a conciliar posturas, lo primero que hay que hacer es darle difusión al término hembrista. Entre los/las masculinistas, porque nadie se los va a tomar en serio si no hablan con propiedad, y entre las/los feministas, porque el hembrismo les ha parasitado desde dentro, y lo mejor para volver a legitimarse a ojos de todos es arrancárselo de raiz (y para eso, como con todo hay que empezar por reconocerlo). El machismo, por supuesto, sigue ahí, fuerte como siempre, sólo que de ese ya no hay que advertir tanto, todos sabemos que es un enemigo peligroso.
Y bueno, yo me considero masculinista y feminista al mismo tiempo, pero me frustra que no haya una palabra única para eso, porque lo otro suena a "defiendo la igualdad pero que quede claro que soy hombre" y "defiendo la igualdad pero que quede claro que soy mujer". Y mientras nos preocupe tanto defender nuestras diferencias ¿Cómo vamos a llegar a la igualdad?

Para los que piensen que una cultura victimizada no puede tiranizar a su vez a otros, que piense un poco en los israelíes, y para los que piensen que la cultura sexista no hace daño también a los hombres, aunque podría tirarme una entrada entera hablando de esto, dejo un ejemplo que creo que está bastante claro:

jueves, 19 de marzo de 2015

Día del Padre

He trabado amistad recientemente con un grupillo de personas estupendas a través de mi novia (también parte del mismo), que se autodenominan "Club Antidonantes". Las une la realidad de estar criando un hijo sin mucha ayuda por parte de los padres biológicos, y de considerar a sus anteriores parejas poco menos que meros donantes, donantes del material genético necesario para engendrar a las criaturas en torno a las cuales gira gran parte de sus actuales vidas. El rencor no es la más positiva o alegre de las motivaciones, pero se podría decir que a esta gente la unió un cierto resentimiento hacia aquellos que fracasaron más o menos estrepitosamente en la misión de ser padres.

Paralelamente a esto, Dani, el hijo de mi novia, me ha regalado la tarjeta que ha hecho en el cole por el día del padre, además de varios collages por mi cumpleaños, y cada día se va haciendo más y más evidente que empieza a verme y quererme como padre, bastante más que al padre biológico, hacia el que sólo le unen sentimientos distantes y dolidos.

Esta coyuntura me ha hecho plantearme seriamente la importancia de ser buen padre, y valorar la enorme suerte que he tenido de tener al que tengo. Y por ser el día que es, merece la pena que dedique un par de párrafos a hablar de mi padre.

Creo que desde bien pequeño tuve en mi cabeza sólidamente grabada la imagen de mi padre como un hombre robusto y firme, con pelo corto, barba cerrada y un ceño severo desmentido por su carácter tranquilo, sosegado y siempre amante de la paz. Nunca fue un gran cómico, pero siempre gozó de un estupendo sentido del humor, que le facilitaba una risa que a día de hoy sigue siendo un bálsamo infalible para mi ánimo. Si tuviera que resumir la impresión que me merece mi padre, diría que mi padre fue, ante todo, un Sabio. Recuerdo las larguísimas veladas dedicadas con sus amigos a partidas de Trivial Pursuit interminables en las que no dejaba de fascinarme la inagotable cultura almacenada por este hombre tan humilde, que siendo electricista, devoraba libros y cine, tenía una respuesta para casi todo, pero no le importaba debatir de manera razonable sus posturas, y nunca le faltaba un cierto margen de curiosidad por aprender cosas nuevas, que me permitió, años después, compartir con él mi afición por los juegos de estrategia. Si es a él a quien le debo mi amor por la lectura y mi respeto a la ciencia y el saber, le debo mucho, muchísimo.

Pero si algo le debo a este hombre sabio, razonable, tranquilo, amable, cascarrabias a veces, y fascinantemente culto, es mi noción de la justicia. Si en algo era patente la firmeza del carácter de mi padre era en la pasión de sus ideales. Siempre tuvo muy claros sus principios, bien definida su conciencia de clase, y no se corta un pelo para denunciar las hipocresías del mundo, o ser autocrítico con las propias. Siempre le preocupó mucho lo que está bien y lo que no, y lo que es justo, muy a menudo, antes que lo que le convenía. También he heredado de él buena parte de esa pasión, y aún me embarga el sentimiento cuando se junta con amigos, y con el vino y la guitarra fluyen canciones hermosas de viejos cantautores, y anécdotas de sueños, de lágrimas, de risas y de clandestinidad. Los veo convertirse ante mis ojos en viejos piratas, herederos de la derrota, brindando con vino y ron por la libertad soñada, las hazañas gloriosas, y las revoluciones que emprendieron y nunca se terminaron de consumar.

Y a día de hoy, mi padre sigue siendo una de las personas a las que más admiro, mi referencia y medida de lo que es justo, es la persona que más ha contribuido a convertirme en la persona que soy, y es el noble corazón de mi padre el que ha forjado mi brújula moral. Por ser quien soy, gracias, papá. Feliz día del Padre.

jueves, 14 de agosto de 2014

El Scout es leal

Primero, la ley original con la traducción que a mi entendimiento sería la más ajustada.

A SCOUT IS LOYAL
(EL SCOUT ES LEAL) Al rey, a sus jefes, a su país y a sus empleadores. Debe permanecer leal a éstos en la dicha y la adversidad, frente a cualquiera que sea su enemigo, o incluso aquellos que hablen mal de ellos.

Y a continuación, la ley tal y como llegó a mí:

EL SCOUT ES LEAL

Mientras otros principios scouts se encuentran más diluidos y dispersos en el texto subyacente de varias leyes, Baden Powell no encontró otra forma de resumir la lealtad en la ley, o bien quiso hacer especial hincapié en ella. El sentido está bien claro: sé leal a los tuyos, defiéndelos de los que les ataquen o agravien, etc. Ya he hablado mucho de la lealtad en su virtud correspondiente, de lo que es y de lo que no debe ser. Por eso, en esta ley, me parece de especial interés centrarme en algo que aclara la ley original, pero no la actual, ni su principio correspondiente: ¿A quién debe ser leal un scout? 

Me ha llamado la atención bastante que en múltiples interpretaciones posteriores de la ley se han añadido a la lista a los padres, a los subordinados, y en algunos casos, a los camaradas. El fundador no los incluyó en su lista a ninguno de éstos. ¿Por qué? Bueno, aquí es donde toca ponerse crítico con el fundador, ya que si bien fue el artífice de la idea que a día de hoy ayuda a educar a millones de niños en todo el mundo en una filosofía que les haga más esforzados, nobles y comprometidos; está claro que antes de tener idea de la magnitud que iba a adquirir su iniciativa, le dio toques muy personales que creo que no eran necesarios, o útiles siquiera para el propósito al que hoy sirve el escultismo. Baden Powell era un militar británico, y como tal, sus lealtades eran primero para con el país y con la monarquía. Esperaba además obediencia de sus subordinados, fueran éstos soldados, o jóvenes scouts, a los que en un principio, quiso acercar a esos valores de lealtad obediencia y sacrificio castrenses. Quizá, al ser el líder fundador, y pensar educar a chavales, nunca se le ocurrió pensar, que más importante aún que la lealtad a los superiores, es a los subordinados, a los que dependen de nosotros, o a los que nos profesan lealtad. En general, choco de frente con la idea misma de estar obligado a deber lealtad a alguien que no ha decidido uno mismo, y que una persona adulta debe decidir con sabiduría dónde deposita sus lealtades, y ser consecuente. Pero también dije antes que no todos los lazos los elegimos, algunos, como los de la familia, nos vienen dados al nacer, pero también tienen valor. Entonces, ¿Cómo se nos quedaría la ley original, y dónde debe quedar la lealtad de un scout? Como republicano que me considero, opino que todos los reyes habidos y por haber pueden irse a hacer gárgaras, por lo que a mí respecta, como institución corrupta y alejada de cualquier sentido de la justicia y la igualdad entre personas que son. ¿La gente que te da trabajo? Muchos de ellos son una panda de sinvergüenzas que no dudan en darte la patada por muy bien que hagas tu trabajo, si con ello se ahorran cuatro perras chicas. ¿Y el país? Baste decir que pocas cosas, aparte de la religión, han traído tanto daño y dolor como un patriotismo mal entendido. Pero quizá en esto último resida la clave de dónde deben estar nuestras lealtades. En todo aquello que consideremos patria, en los términos que la describía en entradas anteriores (Concretamente, aquí). Allí donde tengamos pendiente una deuda de gratitud, entre aquellas personas que podamos decir nuestras, y que nos pueden decir suyas.

Siguiendo esta pauta, no tenemos por qué ser leales a un gobernante corrupto o mediocre que no nos represente, pero sí a los líderes que escojamos; ni a unos padres maltratadores o desentendidos de tí, pero sí a una familia que con más o menos acierto se esfuerza por ofrecerte apoyo, cariño y un futuro, no al país como abstracción de fronteras y nacionalismos, pero sí a tu patria tal y como la configuran todas las cosas, personas y lugares que amas y de los que formas parte. A las personas a las que les debemos algo, aunque sea el contribuir a que seamos quienes somos el día de hoy. Y por supuesto, a nuestros ideales, a nuestras creencias y principios, a las leyes que aceptemos como propias desde nuestra libertad y responsabilidad. Al fin y al cabo, si discutimos cómo cumplir mejor la ley scout, no es porque nadie nos impusiera obedecerla, sino porque en su momento tomamos la decisión de la promesa como individuos libres.

domingo, 13 de octubre de 2013

El Scout cifra su honor en ser digno de confianza.

Primero, la ley original con la traducción que a mi entendimiento sería la más ajustada.

A SCOUT'S HONOUR IS TO BE TRUSTED
(EL HONOR DE UN SCOUT RESIDE EN QUE CONFÍEN EN ÉL) Si un scout dice "Por mi honor, así es", significa que así es, tal como si hubiera hecho el más solemne juramento. De modo similar, si un oficial scout le dice a un scout: "Confío en tu honor el que hagas esto," el scout está obligado a cumplir con esa orden hasta el máximo de sus capacidades, y a no dejar que nada interfiera en la realización de ésta. Si un scout rompiera su honor diciendo una mentira o no cumpliendo con una orden con exactitud cuando se confiara en su honor a que lo hiciera, dejaría de ser scout, y debería entregar su medalla scout y no serle permitido volver a llevarla nunca más.

Y a continuación, la ley tal y como llegó a mí:

EL SCOUT CIFRA SU HONOR EN SER DIGNO DE CONFIANZA

Como habréis podido comprobar, la ley original pone especial peso en el valor de la obediencia ciega y absoluta como medida de la disciplina, algo con lo que yo, personalmente, no comulgo, y que hay que entender en el contexto del fundador, un general militar inglés que trataba a los primeros scouts como jóvenes soldados, y confiaba, de hecho, en que pudieran ser individuos útiles como mensajeros, enfermeros, y demás funciones de campo. Mi intención, como educador, no es crear soldados, y por tanto mi método y mensaje no debe ser el mismo, pero trataremos eso más adelante, con leyes que se prestan más a ese debate. Por otro lado, me parece poco motivador el ser tan categórico en decidir quién es scout y quién no, ya que la mayoría de scouts realizan su promesa a una edad muy temprana como para hacer frente a todas las responsabilidades que la ley deposita en ellos, y adjudicar castigo de expulsión vitalicia de la hermandad es un sinsentido educativo, ya que niega toda capacidad de redimirse de los propios errores y mejorar.
La ley, además, habla de honor, otra gran palabra en desuso, que sin embargo me parece bastante bonita, y quizá requiera su propia entrada entre las palabras abstractas y complicadas. Un día de estos, con suerte.

Esta ley podríamos dividirla en dos partes: En primer lugar, el scout es honesto, entiende la mentira como algo malo en la mayoría de ocasiones, y nunca miente por beneficio propio. Soy de la opinión de que, en ocasiones, una verdad callada o mitigada puede ser un alivio, que las mentiras piadosas a veces tienen su sentido de ser y su valor, pero pese a todo, un mundo libre de engaños es un mundo mejor, más limpio y más justo, y por lo tanto, el scout debe tomarse como parte de su filosofía personal el ser tan honesto como pueda. Y yendo un poco más allá, todavía existe la costumbre de dar "tu palabra scout", y cuando un scout da su palabra, pone la dignidad de su nombre y la calidad de su promesa scout en el asador, y por lo tanto, se da por hecho que lo que diga será siempre la más absoluta de las verdades.

En segundo, el scout debe ser esforzado en estar a la altura de las espectativas que en él se depositan. Ésto no quiere decir que el scout haya de ser perfecto. Puede fracasar, pero nunca por no haberlo intentado lo suficiente. A base de tomarse las pequeñas cosas en serio, y ser esforzado, diligente, y honrado, el scout puede peligrar de acabar siendo aquél de entre sus conocidos al que más a menudo le pidan favores complicados, o le encomienden tareas de cierta responsabilidad, y eso no quiere decir que tenga que aceptarlas siempre. Pero cuando las acepta, y se compromete, un scout no decepciona. Porque cuando se demuestra a la altura de la tarea, se le den las gracias o no, el mero hecho de saber que sus semejantes confían en él, y que cuentan con que no les va a fallar, es, para el scout, el mayor de los honores.

domingo, 6 de octubre de 2013

La Ley Scout

Me propongo seguir con mi blog-enciclopedia sobre el escultismo, después de un largo parón durante el que, entre otras cosas, he ido a un último campamento de verano con el grupo scout Narsés, antes de venirme a Valencia a estudiar en la universidad, y desligarme de las actividades habituales del grupo.

La Ley Scout, la madre de todas las normas y reglamentos scout, el eje central del ideograma. Lo que los principios y virtudes esbozan, apuntando a unos conceptos generales e imprecisos, se concreta y precisa en la ley, de forma mucho más específica. Un decálogo de normas que definen el significado de ser Scout.

Esta ley fue publicada en 1908 en el libro "Scouting for Boys" (Escultismo para muchachos), y es la que prometen cumplir todos los miembros del movimiento Scout (y/o Guías) en todo el mundo. No obstante, como todo en esta vida, la ley scout no es enteramente perfecta, ni inmutable. A lo largo de la larga historia de expansión y difusión del escultismo, ésta ha sufrido reinterpretaciones, versionados, y traducciones muy libres, que han dado lugar a una cierta variedad en su forma exacta, como podéis comprobar en la página correspondiente a la Ley Scout en la versión española de la Wikipedia. Además, nos separa más de un siglo de su publicación, y el punto de vista del fundador queda un tanto lejos de la ética pedagógica y sociocultural moderna. Por eso, a medida que vaya comentando los detalles de cada ley, no sólo trataré de explicarla en profundidad, exprimiendo su sentido, sino que haré una crítica de sus puntos más flacos, y comentaré las diferencias entre ley original en inglés, y la versión de la federación Scout Baden-Powell de España, que me llegó a mí cuando llegué a la tropa scout Impeesa, del grupo scout Narsés, allá por 1998.

domingo, 5 de mayo de 2013

Día de la Madre.

Nunca me había propuesto escribir sobre mi madre, o sobre mi relación con ella. Sé que de momento estaba centrando el blog en el escultismo, que es un tema que quiero seguir trabajando en detalle, pero dada la enorme influencia que esta mujer ha ejercido sobre mí, sobre mi vida y sobre mi identidad, creo que la ocasión merece hacer una breve interrupción. Para darle un pequeño pero merecidísimo homenaje.

La gente parece estar obsesionada a menudo con la importancia de la relación madre-hijo. Parece haber dominado la moral colectiva que el deber de los hijos es amar a sus padres por el mero hecho de darle la vida, a la madre en especial. Yo no me lo termino de creer del todo. Engendrar a un hijo no supone un sacrificio. De hecho, para muchos es un mero accidente en la búsqueda del placer. Muchos progenitores en el mundo abandonan a sus hijos al hambre, a la soledad, a la guerra, al comercio de vidas humanas, o a la atención de los saturados y a menudo ineficientes servicios públicos. La vida, tan sobrevalorada como está, fue un accidente químico desde sus mismos orígenes, en los tóxicos fondos oceánicos de la Tierra de la era de los cataclismos, y así ha sido hasta el día de hoy, con una humanidad empeñada en buscarle significado a la vida: Algo que, como viene siendo normal todos los fenómenos naturales donde no intervino la mano del hombre, tienen causas, pero no un propósito. Tal y como yo lo veo, ser traído a un mundo como el nuestro sólo para vivir una vida miserable, triste y plagada de carencias que acaben por destruirte o por convertirte e un monstruo en piel humana, no es ningún regalo de lujo.

Por eso, el amor que le tengo a mi madre, no tiene nada que ver con el hecho plano de existir, (que pese a todo, existo). El hecho es, que a medida que envejezco y adquiero sabiduría con cuentagotas, voy comprendiendo hasta qué punto comparto muchos de los defectos que siempre he achacado a mi madre, pero también las virtudes. A medida que envejezco, comprendo la magnitud de los constantes e infinitos sacrificios que hace mi madre por mí. Los imprescindibles, los necesarios, y hasta los contraproducentes, en un afán casi autodestructivo por darme todo aquello que ella no ha tenido. No es que me guste darme cuenta de cómo tanta atención como me dio me ha hecho poco desenvuelto, o cómo estoy perdiendo oído día a día. Tampoco me entusiasma en especial que intente convertirme constantemente en el joven modélico que ella tiene en mente, pero no lo puede evitar, y a día de hoy, debo reconocer que yo mismo peco de intentar hacer casar a las personas con las espectativas que me hago de ellas, y aunque mi madre fracase a menudo en ese empeño, ha conseguido por el camino convertirme en su viva imagen.

Como ella, soy perfeccionista con los pequeños detalles que me importan, pero tiendo a cometer errores garrafales en cosas evidentes que no habían llamado mi atención. Como ella, tengo un déficit de atención tan acusado que soy incapaz de enterarme de la mitad de cosas que me dicen, y peligro de perderme en las tramas enrevesadas, pero cuando hablo, como ella, digo tanto y tan deprisa, que pongo a prueba la capacidad de atención de mi interlocutor. Como ella, soy un amante de la tranquilidad, pero nervioso, inquieto, enérgico y apasionado por dentro. Como ella, soy maniático de buscar y establecer un pequeño cosmos de orden en mis cosas, mientras que desde fuera, aparento un caos generalizado en mis prioridades y maneras de hacer. Como ella, me muevo con inseguridad en aquellas cosas que me son nuevas y extrañas, prefiriendo ser un tanto escéptico con las novedades sospechosas. Como ella, alimento un enorme placer por la fantasía que va más allá de lo mundano (aunque en mi caso esto se traduzca en un amor por las temáticas de fantasía y ficción, y en el suyo por una apertura de mente hacia el soterismo). Como ella, tengo una opinión muy marcada de las cosas, soy un tren descarrilado de testarudez y vehemencia, cargado por dentro de ternura, ideales, sensibilidad, e inseguridades enormes.

Lo más importante de todo, no obstante, está en el mismo origen de quién soy, y es que, si bien intento desde siempre ser buena persona, amable y cariñoso con los que me rodean, es porque lo he aprendido de mi madre. Comparto con ella esa necesidad casi patológica de amar a los que me rodean. Por eso, como a ella, me encantan los animales y los niños, los besos y los abrazos, y los pequeños gestos de amabilidad. Así que, si bien ha sido mi padre (culto, tranquilo, inteligente, idealista y a quien también admiro muchísimo) quien más me ha influido en mi visión actual del mundo, mis ideales, mi visión política, mi sentido de la justicia... Fue mi madre, esa mujer menuda, inquieta,  ingenua, sensible, quisquillosa, enérgica, y ruidosa, atareada como cien hormigas, incansable como un glaciar en movimiento, capaz de regañar al mundo hasta hacerlo avergonzar, y de regatearle precios hasta a una máquina expendedora; la que me convirtió en quien soy, haciendo lo más importante que haya hecho nadie nunca por mí, que no fue darme la vida, sino enseñarme a amar, desde las mismísima cuna.
Por eso, aunque no se lo diga a menudo la quiero y la admiro como a muy poca gente. Felicidades, Mamá.

viernes, 29 de marzo de 2013

La que nunca ganará el festival de la canción scout.

En mi tercera y última entrada, seguiré hablando del festival un poco más. Sé que soy un maniático detallista con según qué cuestiones, y que casi ninguna de aquellas cosas que me escandalizaban en las dos entradas anteriores, por sí misma, tiene por qué interpretarse como una degradación del significado del escultismo. Todas en conjunto, no obstante, arrojan una sombra de duda.

Mucho más me preocuparon las letras. Soy aficionado a la lectura y la escritura, he sido letrista de mi grupo en un par de ocasiones (alguna de ellas con éxito) y tengo la costumbre de leer y analizar las letras de las canciones del certamen antes de que empiece la música, para valorarlas por su valor como poesía y como mensaje. Este año le concedí mi voto personal a una canción que hablaba de perseguir la utopía para poder avanzar, para seguir caminando, y volverse siempre a levantar. Algunas referencias eran bastante bonitas. Ganó, de hecho, aunque sospecho que la letra fué lo que menos intervino en ello. El resto de canciones en cambio eran pobres, no sólo en lo puramente lírico (cada una y cada cual hacía lo que podía, y había los altibajos naturales), sino en lo ideológico. Ninguna te contaba una historia interesante, o te hablaba de un tema importante, todas hablaban simplemente del escultismo, (cosa natural, claro). Pero las referencias al escultismo que allí se veían sólo pueden calificarse de bancarrota conceptual. Todas se contentaban con mencionar 5 o 6 veces palabras de la siguiente lista "sentimiento", "amistad", "canción" (al ser el festival, la cosa está en bandeja), o "centenario" (al celebrarse los cien años de escultismo en la región, la palabra estaba destinada a ser la muletilla comercial). Poco más. Casi daba la impresión de que quienes escribieron esas letras (imagino que escultas, rovers y scouters de sus respectivos grupos) no tenían ni puñetera idea de lo que iba el escultismo. Lo de que sea un sentimiento o que implique hacer amigos es cierto, pero lo mismo puede decirse de una peña o un equipo deportivo, una cofradía de semana santa, una parroquia mormona, una comparsa de carnaval, un colectivo de recreación histórica, o la asociación vecinal de amigos de la petanca.
 Si el festival debe servir para darnos a conocer, explicad algo más; o si vivimos tiempos de crisis y miseria, sed reivindicativos; no sé, haced algo constructivo, útil. Hablar del escultismo ensalzándolo pero sin explicarlo o ponerlo en práctica, es como hacerse la pelota a uno mismo, y para colmo andar falto de adjetivos. Me llevó a pensar que quizá el relevo generacional no ha sido óptimo, que el mensaje se ha transmitido a través de un teléfono roto viejo y oxidado, y que hay scouts ahí fuera con pañoleta al cuello y muy buena intención, pero que nunca terminaron de comprender el escultismo. Es un pensamiento deprimente, lo sé.

Por eso, el día de mi cumpleaños (17 de Marzo, día de San Patricio), mientras estaba de acampada con mi grupo, y aquejado de un caso grave de melancolía por razones muchas y variadas que en su mayoría no vienen al caso pero que incluyen lo dicho arriba; decidí sar salida a los sentimientos escribiendo algo, y puse todas esas inquietudes en verso. Mi grupo se queja de que casi nunca me decido a poner mi pluma a trabajar para crear nuevas letras de canción. Ésta queda a disposición de ellos, aunque es demasiado larga, y arremete contra el rumbo de la asociación de tal manera, y pone tanto en entredicho la preservación del ideal, que estoy seguro de que nunca, nunca, ganará el festival de la canción. Dice así:

Muchos años han pasado
de sangrar y de crecer,
nuestras caras han cambiado
nuestro sueño ¿Dónde fue?

Aprendimos las pasiones
de las glorias del ayer
mas la mano que recibe
aquel legado ¿Dónde fue?

Nuestras ropas son distintas,
marchitó la tradición,
mas la meta de las pistas
que seguimos ¿Se olvidó?

Aún lo llaman sentimiento,
aún se canta la canción,
mas el sentido que tuvo
con el tiempo ¿Se olvidó?

(Estribillo)
[Y cuando los sueños naufragan,
muere el mundo alrededor,
y la ambición y el dinero
son más fuertes que el amor...
¿Era amistad solamente?
¿Sólo juegos y canción?
¿La juventud celebrada
y el placer de la excursión?

Detrás de aquellas canciones
hubo ganas de luchar,
de elegir un rumbo justo
y no dejar de caminar,
de educar y dar ejemplo,
de guiar a los demás
a un mañana más hermoso
que ha de hacerse realidad.]

Éramos niños entonces,
no entendimos la misión.
Ahora que somos mayores
la esperanza ¿Se perdió?

Los lemas se gritan fuerte,
los pañuelos dan color.
Mas la ley que prometimos,
su sentido ¿Se perdió?

Cuando el amigo se marche,
apriete la soledad, y
nuestros sueños envejezcan
¿Qué será del ideal?

La misión no ha terminado,
el mundo aún debe cambiar,
que soñar sea nuestra lucha,
y nuestra meta, luchar.

(Estribillo)
[Y cuando los sueños naufragan...]