Primero, la ley original con la traducción que a mi entendimiento sería la más ajustada.
A SCOUT'S HONOUR IS TO BE TRUSTED
(EL HONOR DE UN SCOUT RESIDE EN QUE CONFÍEN EN ÉL) Si un scout dice "Por mi honor, así es", significa que así es, tal como si hubiera hecho el más solemne juramento. De modo similar, si un oficial scout le dice a un scout: "Confío en tu honor el que hagas esto," el scout está obligado a cumplir con esa orden hasta el máximo de sus capacidades, y a no dejar que nada interfiera en la realización de ésta. Si un scout rompiera su honor diciendo una mentira o no cumpliendo con una orden con exactitud cuando se confiara en su honor a que lo hiciera, dejaría de ser scout, y debería entregar su medalla scout y no serle permitido volver a llevarla nunca más.
Y a continuación, la ley tal y como llegó a mí:
EL SCOUT CIFRA SU HONOR EN SER DIGNO DE CONFIANZA
Como habréis podido comprobar, la ley original pone especial peso en el valor de la obediencia ciega y absoluta como medida de la disciplina, algo con lo que yo, personalmente, no comulgo, y que hay que entender en el contexto del fundador, un general militar inglés que trataba a los primeros scouts como jóvenes soldados, y confiaba, de hecho, en que pudieran ser individuos útiles como mensajeros, enfermeros, y demás funciones de campo. Mi intención, como educador, no es crear soldados, y por tanto mi método y mensaje no debe ser el mismo, pero trataremos eso más adelante, con leyes que se prestan más a ese debate. Por otro lado, me parece poco motivador el ser tan categórico en decidir quién es scout y quién no, ya que la mayoría de scouts realizan su promesa a una edad muy temprana como para hacer frente a todas las responsabilidades que la ley deposita en ellos, y adjudicar castigo de expulsión vitalicia de la hermandad es un sinsentido educativo, ya que niega toda capacidad de redimirse de los propios errores y mejorar.
La ley, además, habla de honor, otra gran palabra en desuso, que sin embargo me parece bastante bonita, y quizá requiera su propia entrada entre las palabras abstractas y complicadas. Un día de estos, con suerte.
Esta ley podríamos dividirla en dos partes: En primer lugar, el scout es honesto, entiende la mentira como algo malo en la mayoría de ocasiones, y nunca miente por beneficio propio. Soy de la opinión de que, en ocasiones, una verdad callada o mitigada puede ser un alivio, que las mentiras piadosas a veces tienen su sentido de ser y su valor, pero pese a todo, un mundo libre de engaños es un mundo mejor, más limpio y más justo, y por lo tanto, el scout debe tomarse como parte de su filosofía personal el ser tan honesto como pueda. Y yendo un poco más allá, todavía existe la costumbre de dar "tu palabra scout", y cuando un scout da su palabra, pone la dignidad de su nombre y la calidad de su promesa scout en el asador, y por lo tanto, se da por hecho que lo que diga será siempre la más absoluta de las verdades.
En segundo, el scout debe ser esforzado en estar a la altura de las espectativas que en él se depositan. Ésto no quiere decir que el scout haya de ser perfecto. Puede fracasar, pero nunca por no haberlo intentado lo suficiente. A base de tomarse las pequeñas cosas en serio, y ser esforzado, diligente, y honrado, el scout puede peligrar de acabar siendo aquél de entre sus conocidos al que más a menudo le pidan favores complicados, o le encomienden tareas de cierta responsabilidad, y eso no quiere decir que tenga que aceptarlas siempre. Pero cuando las acepta, y se compromete, un scout no decepciona. Porque cuando se demuestra a la altura de la tarea, se le den las gracias o no, el mero hecho de saber que sus semejantes confían en él, y que cuentan con que no les va a fallar, es, para el scout, el mayor de los honores.
domingo, 13 de octubre de 2013
domingo, 6 de octubre de 2013
La Ley Scout
Me propongo seguir con mi blog-enciclopedia sobre el escultismo, después de un largo parón durante el que, entre otras cosas, he ido a un último campamento de verano con el grupo scout Narsés, antes de venirme a Valencia a estudiar en la universidad, y desligarme de las actividades habituales del grupo.
La Ley Scout, la madre de todas las normas y reglamentos scout, el eje central del ideograma. Lo que los principios y virtudes esbozan, apuntando a unos conceptos generales e imprecisos, se concreta y precisa en la ley, de forma mucho más específica. Un decálogo de normas que definen el significado de ser Scout.
Esta ley fue publicada en 1908 en el libro "Scouting for Boys" (Escultismo para muchachos), y es la que prometen cumplir todos los miembros del movimiento Scout (y/o Guías) en todo el mundo. No obstante, como todo en esta vida, la ley scout no es enteramente perfecta, ni inmutable. A lo largo de la larga historia de expansión y difusión del escultismo, ésta ha sufrido reinterpretaciones, versionados, y traducciones muy libres, que han dado lugar a una cierta variedad en su forma exacta, como podéis comprobar en la página correspondiente a la Ley Scout en la versión española de la Wikipedia. Además, nos separa más de un siglo de su publicación, y el punto de vista del fundador queda un tanto lejos de la ética pedagógica y sociocultural moderna. Por eso, a medida que vaya comentando los detalles de cada ley, no sólo trataré de explicarla en profundidad, exprimiendo su sentido, sino que haré una crítica de sus puntos más flacos, y comentaré las diferencias entre ley original en inglés, y la versión de la federación Scout Baden-Powell de España, que me llegó a mí cuando llegué a la tropa scout Impeesa, del grupo scout Narsés, allá por 1998.
La Ley Scout, la madre de todas las normas y reglamentos scout, el eje central del ideograma. Lo que los principios y virtudes esbozan, apuntando a unos conceptos generales e imprecisos, se concreta y precisa en la ley, de forma mucho más específica. Un decálogo de normas que definen el significado de ser Scout.
Esta ley fue publicada en 1908 en el libro "Scouting for Boys" (Escultismo para muchachos), y es la que prometen cumplir todos los miembros del movimiento Scout (y/o Guías) en todo el mundo. No obstante, como todo en esta vida, la ley scout no es enteramente perfecta, ni inmutable. A lo largo de la larga historia de expansión y difusión del escultismo, ésta ha sufrido reinterpretaciones, versionados, y traducciones muy libres, que han dado lugar a una cierta variedad en su forma exacta, como podéis comprobar en la página correspondiente a la Ley Scout en la versión española de la Wikipedia. Además, nos separa más de un siglo de su publicación, y el punto de vista del fundador queda un tanto lejos de la ética pedagógica y sociocultural moderna. Por eso, a medida que vaya comentando los detalles de cada ley, no sólo trataré de explicarla en profundidad, exprimiendo su sentido, sino que haré una crítica de sus puntos más flacos, y comentaré las diferencias entre ley original en inglés, y la versión de la federación Scout Baden-Powell de España, que me llegó a mí cuando llegué a la tropa scout Impeesa, del grupo scout Narsés, allá por 1998.
domingo, 5 de mayo de 2013
Día de la Madre.
Nunca me había propuesto escribir sobre mi madre, o sobre mi relación con ella. Sé que de momento estaba centrando el blog en el escultismo, que es un tema que quiero seguir trabajando en detalle, pero dada la enorme influencia que esta mujer ha ejercido sobre mí, sobre mi vida y sobre mi identidad, creo que la ocasión merece hacer una breve interrupción. Para darle un pequeño pero merecidísimo homenaje.
La gente parece estar obsesionada a menudo con la importancia de la relación madre-hijo. Parece haber dominado la moral colectiva que el deber de los hijos es amar a sus padres por el mero hecho de darle la vida, a la madre en especial. Yo no me lo termino de creer del todo. Engendrar a un hijo no supone un sacrificio. De hecho, para muchos es un mero accidente en la búsqueda del placer. Muchos progenitores en el mundo abandonan a sus hijos al hambre, a la soledad, a la guerra, al comercio de vidas humanas, o a la atención de los saturados y a menudo ineficientes servicios públicos. La vida, tan sobrevalorada como está, fue un accidente químico desde sus mismos orígenes, en los tóxicos fondos oceánicos de la Tierra de la era de los cataclismos, y así ha sido hasta el día de hoy, con una humanidad empeñada en buscarle significado a la vida: Algo que, como viene siendo normal todos los fenómenos naturales donde no intervino la mano del hombre, tienen causas, pero no un propósito. Tal y como yo lo veo, ser traído a un mundo como el nuestro sólo para vivir una vida miserable, triste y plagada de carencias que acaben por destruirte o por convertirte e un monstruo en piel humana, no es ningún regalo de lujo.
Por eso, el amor que le tengo a mi madre, no tiene nada que ver con el hecho plano de existir, (que pese a todo, existo). El hecho es, que a medida que envejezco y adquiero sabiduría con cuentagotas, voy comprendiendo hasta qué punto comparto muchos de los defectos que siempre he achacado a mi madre, pero también las virtudes. A medida que envejezco, comprendo la magnitud de los constantes e infinitos sacrificios que hace mi madre por mí. Los imprescindibles, los necesarios, y hasta los contraproducentes, en un afán casi autodestructivo por darme todo aquello que ella no ha tenido. No es que me guste darme cuenta de cómo tanta atención como me dio me ha hecho poco desenvuelto, o cómo estoy perdiendo oído día a día. Tampoco me entusiasma en especial que intente convertirme constantemente en el joven modélico que ella tiene en mente, pero no lo puede evitar, y a día de hoy, debo reconocer que yo mismo peco de intentar hacer casar a las personas con las espectativas que me hago de ellas, y aunque mi madre fracase a menudo en ese empeño, ha conseguido por el camino convertirme en su viva imagen.
Como ella, soy perfeccionista con los pequeños detalles que me importan, pero tiendo a cometer errores garrafales en cosas evidentes que no habían llamado mi atención. Como ella, tengo un déficit de atención tan acusado que soy incapaz de enterarme de la mitad de cosas que me dicen, y peligro de perderme en las tramas enrevesadas, pero cuando hablo, como ella, digo tanto y tan deprisa, que pongo a prueba la capacidad de atención de mi interlocutor. Como ella, soy un amante de la tranquilidad, pero nervioso, inquieto, enérgico y apasionado por dentro. Como ella, soy maniático de buscar y establecer un pequeño cosmos de orden en mis cosas, mientras que desde fuera, aparento un caos generalizado en mis prioridades y maneras de hacer. Como ella, me muevo con inseguridad en aquellas cosas que me son nuevas y extrañas, prefiriendo ser un tanto escéptico con las novedades sospechosas. Como ella, alimento un enorme placer por la fantasía que va más allá de lo mundano (aunque en mi caso esto se traduzca en un amor por las temáticas de fantasía y ficción, y en el suyo por una apertura de mente hacia el soterismo). Como ella, tengo una opinión muy marcada de las cosas, soy un tren descarrilado de testarudez y vehemencia, cargado por dentro de ternura, ideales, sensibilidad, e inseguridades enormes.
Lo más importante de todo, no obstante, está en el mismo origen de quién soy, y es que, si bien intento desde siempre ser buena persona, amable y cariñoso con los que me rodean, es porque lo he aprendido de mi madre. Comparto con ella esa necesidad casi patológica de amar a los que me rodean. Por eso, como a ella, me encantan los animales y los niños, los besos y los abrazos, y los pequeños gestos de amabilidad. Así que, si bien ha sido mi padre (culto, tranquilo, inteligente, idealista y a quien también admiro muchísimo) quien más me ha influido en mi visión actual del mundo, mis ideales, mi visión política, mi sentido de la justicia... Fue mi madre, esa mujer menuda, inquieta, ingenua, sensible, quisquillosa, enérgica, y ruidosa, atareada como cien hormigas, incansable como un glaciar en movimiento, capaz de regañar al mundo hasta hacerlo avergonzar, y de regatearle precios hasta a una máquina expendedora; la que me convirtió en quien soy, haciendo lo más importante que haya hecho nadie nunca por mí, que no fue darme la vida, sino enseñarme a amar, desde las mismísima cuna.
Por eso, aunque no se lo diga a menudo la quiero y la admiro como a muy poca gente. Felicidades, Mamá.
La gente parece estar obsesionada a menudo con la importancia de la relación madre-hijo. Parece haber dominado la moral colectiva que el deber de los hijos es amar a sus padres por el mero hecho de darle la vida, a la madre en especial. Yo no me lo termino de creer del todo. Engendrar a un hijo no supone un sacrificio. De hecho, para muchos es un mero accidente en la búsqueda del placer. Muchos progenitores en el mundo abandonan a sus hijos al hambre, a la soledad, a la guerra, al comercio de vidas humanas, o a la atención de los saturados y a menudo ineficientes servicios públicos. La vida, tan sobrevalorada como está, fue un accidente químico desde sus mismos orígenes, en los tóxicos fondos oceánicos de la Tierra de la era de los cataclismos, y así ha sido hasta el día de hoy, con una humanidad empeñada en buscarle significado a la vida: Algo que, como viene siendo normal todos los fenómenos naturales donde no intervino la mano del hombre, tienen causas, pero no un propósito. Tal y como yo lo veo, ser traído a un mundo como el nuestro sólo para vivir una vida miserable, triste y plagada de carencias que acaben por destruirte o por convertirte e un monstruo en piel humana, no es ningún regalo de lujo.
Por eso, el amor que le tengo a mi madre, no tiene nada que ver con el hecho plano de existir, (que pese a todo, existo). El hecho es, que a medida que envejezco y adquiero sabiduría con cuentagotas, voy comprendiendo hasta qué punto comparto muchos de los defectos que siempre he achacado a mi madre, pero también las virtudes. A medida que envejezco, comprendo la magnitud de los constantes e infinitos sacrificios que hace mi madre por mí. Los imprescindibles, los necesarios, y hasta los contraproducentes, en un afán casi autodestructivo por darme todo aquello que ella no ha tenido. No es que me guste darme cuenta de cómo tanta atención como me dio me ha hecho poco desenvuelto, o cómo estoy perdiendo oído día a día. Tampoco me entusiasma en especial que intente convertirme constantemente en el joven modélico que ella tiene en mente, pero no lo puede evitar, y a día de hoy, debo reconocer que yo mismo peco de intentar hacer casar a las personas con las espectativas que me hago de ellas, y aunque mi madre fracase a menudo en ese empeño, ha conseguido por el camino convertirme en su viva imagen.
Como ella, soy perfeccionista con los pequeños detalles que me importan, pero tiendo a cometer errores garrafales en cosas evidentes que no habían llamado mi atención. Como ella, tengo un déficit de atención tan acusado que soy incapaz de enterarme de la mitad de cosas que me dicen, y peligro de perderme en las tramas enrevesadas, pero cuando hablo, como ella, digo tanto y tan deprisa, que pongo a prueba la capacidad de atención de mi interlocutor. Como ella, soy un amante de la tranquilidad, pero nervioso, inquieto, enérgico y apasionado por dentro. Como ella, soy maniático de buscar y establecer un pequeño cosmos de orden en mis cosas, mientras que desde fuera, aparento un caos generalizado en mis prioridades y maneras de hacer. Como ella, me muevo con inseguridad en aquellas cosas que me son nuevas y extrañas, prefiriendo ser un tanto escéptico con las novedades sospechosas. Como ella, alimento un enorme placer por la fantasía que va más allá de lo mundano (aunque en mi caso esto se traduzca en un amor por las temáticas de fantasía y ficción, y en el suyo por una apertura de mente hacia el soterismo). Como ella, tengo una opinión muy marcada de las cosas, soy un tren descarrilado de testarudez y vehemencia, cargado por dentro de ternura, ideales, sensibilidad, e inseguridades enormes.
Lo más importante de todo, no obstante, está en el mismo origen de quién soy, y es que, si bien intento desde siempre ser buena persona, amable y cariñoso con los que me rodean, es porque lo he aprendido de mi madre. Comparto con ella esa necesidad casi patológica de amar a los que me rodean. Por eso, como a ella, me encantan los animales y los niños, los besos y los abrazos, y los pequeños gestos de amabilidad. Así que, si bien ha sido mi padre (culto, tranquilo, inteligente, idealista y a quien también admiro muchísimo) quien más me ha influido en mi visión actual del mundo, mis ideales, mi visión política, mi sentido de la justicia... Fue mi madre, esa mujer menuda, inquieta, ingenua, sensible, quisquillosa, enérgica, y ruidosa, atareada como cien hormigas, incansable como un glaciar en movimiento, capaz de regañar al mundo hasta hacerlo avergonzar, y de regatearle precios hasta a una máquina expendedora; la que me convirtió en quien soy, haciendo lo más importante que haya hecho nadie nunca por mí, que no fue darme la vida, sino enseñarme a amar, desde las mismísima cuna.
Por eso, aunque no se lo diga a menudo la quiero y la admiro como a muy poca gente. Felicidades, Mamá.
viernes, 29 de marzo de 2013
La que nunca ganará el festival de la canción scout.
En mi tercera y última entrada, seguiré hablando del festival un poco más. Sé que soy un maniático detallista con según qué cuestiones, y que casi ninguna de aquellas cosas que me escandalizaban en las dos entradas anteriores, por sí misma, tiene por qué interpretarse como una degradación del significado del escultismo. Todas en conjunto, no obstante, arrojan una sombra de duda.
Mucho más me preocuparon las letras. Soy aficionado a la lectura y la escritura, he sido letrista de mi grupo en un par de ocasiones (alguna de ellas con éxito) y tengo la costumbre de leer y analizar las letras de las canciones del certamen antes de que empiece la música, para valorarlas por su valor como poesía y como mensaje. Este año le concedí mi voto personal a una canción que hablaba de perseguir la utopía para poder avanzar, para seguir caminando, y volverse siempre a levantar. Algunas referencias eran bastante bonitas. Ganó, de hecho, aunque sospecho que la letra fué lo que menos intervino en ello. El resto de canciones en cambio eran pobres, no sólo en lo puramente lírico (cada una y cada cual hacía lo que podía, y había los altibajos naturales), sino en lo ideológico. Ninguna te contaba una historia interesante, o te hablaba de un tema importante, todas hablaban simplemente del escultismo, (cosa natural, claro). Pero las referencias al escultismo que allí se veían sólo pueden calificarse de bancarrota conceptual. Todas se contentaban con mencionar 5 o 6 veces palabras de la siguiente lista "sentimiento", "amistad", "canción" (al ser el festival, la cosa está en bandeja), o "centenario" (al celebrarse los cien años de escultismo en la región, la palabra estaba destinada a ser la muletilla comercial). Poco más. Casi daba la impresión de que quienes escribieron esas letras (imagino que escultas, rovers y scouters de sus respectivos grupos) no tenían ni puñetera idea de lo que iba el escultismo. Lo de que sea un sentimiento o que implique hacer amigos es cierto, pero lo mismo puede decirse de una peña o un equipo deportivo, una cofradía de semana santa, una parroquia mormona, una comparsa de carnaval, un colectivo de recreación histórica, o la asociación vecinal de amigos de la petanca.
Si el festival debe servir para darnos a conocer, explicad algo más; o si vivimos tiempos de crisis y miseria, sed reivindicativos; no sé, haced algo constructivo, útil. Hablar del escultismo ensalzándolo pero sin explicarlo o ponerlo en práctica, es como hacerse la pelota a uno mismo, y para colmo andar falto de adjetivos. Me llevó a pensar que quizá el relevo generacional no ha sido óptimo, que el mensaje se ha transmitido a través de un teléfono roto viejo y oxidado, y que hay scouts ahí fuera con pañoleta al cuello y muy buena intención, pero que nunca terminaron de comprender el escultismo. Es un pensamiento deprimente, lo sé.
Por eso, el día de mi cumpleaños (17 de Marzo, día de San Patricio), mientras estaba de acampada con mi grupo, y aquejado de un caso grave de melancolía por razones muchas y variadas que en su mayoría no vienen al caso pero que incluyen lo dicho arriba; decidí sar salida a los sentimientos escribiendo algo, y puse todas esas inquietudes en verso. Mi grupo se queja de que casi nunca me decido a poner mi pluma a trabajar para crear nuevas letras de canción. Ésta queda a disposición de ellos, aunque es demasiado larga, y arremete contra el rumbo de la asociación de tal manera, y pone tanto en entredicho la preservación del ideal, que estoy seguro de que nunca, nunca, ganará el festival de la canción. Dice así:
Muchos años han pasado
de sangrar y de crecer,
nuestras caras han cambiado
nuestro sueño ¿Dónde fue?
Aprendimos las pasiones
de las glorias del ayer
mas la mano que recibe
aquel legado ¿Dónde fue?
Nuestras ropas son distintas,
marchitó la tradición,
mas la meta de las pistas
que seguimos ¿Se olvidó?
Aún lo llaman sentimiento,
aún se canta la canción,
mas el sentido que tuvo
con el tiempo ¿Se olvidó?
(Estribillo)
[Y cuando los sueños naufragan,
muere el mundo alrededor,
y la ambición y el dinero
son más fuertes que el amor...
¿Era amistad solamente?
¿Sólo juegos y canción?
¿La juventud celebrada
y el placer de la excursión?
Detrás de aquellas canciones
hubo ganas de luchar,
de elegir un rumbo justo
y no dejar de caminar,
de educar y dar ejemplo,
de guiar a los demás
a un mañana más hermoso
que ha de hacerse realidad.]
Éramos niños entonces,
no entendimos la misión.
Ahora que somos mayores
la esperanza ¿Se perdió?
Los lemas se gritan fuerte,
los pañuelos dan color.
Mas la ley que prometimos,
su sentido ¿Se perdió?
Cuando el amigo se marche,
apriete la soledad, y
nuestros sueños envejezcan
¿Qué será del ideal?
La misión no ha terminado,
el mundo aún debe cambiar,
que soñar sea nuestra lucha,
y nuestra meta, luchar.
(Estribillo)
[Y cuando los sueños naufragan...]
Mucho más me preocuparon las letras. Soy aficionado a la lectura y la escritura, he sido letrista de mi grupo en un par de ocasiones (alguna de ellas con éxito) y tengo la costumbre de leer y analizar las letras de las canciones del certamen antes de que empiece la música, para valorarlas por su valor como poesía y como mensaje. Este año le concedí mi voto personal a una canción que hablaba de perseguir la utopía para poder avanzar, para seguir caminando, y volverse siempre a levantar. Algunas referencias eran bastante bonitas. Ganó, de hecho, aunque sospecho que la letra fué lo que menos intervino en ello. El resto de canciones en cambio eran pobres, no sólo en lo puramente lírico (cada una y cada cual hacía lo que podía, y había los altibajos naturales), sino en lo ideológico. Ninguna te contaba una historia interesante, o te hablaba de un tema importante, todas hablaban simplemente del escultismo, (cosa natural, claro). Pero las referencias al escultismo que allí se veían sólo pueden calificarse de bancarrota conceptual. Todas se contentaban con mencionar 5 o 6 veces palabras de la siguiente lista "sentimiento", "amistad", "canción" (al ser el festival, la cosa está en bandeja), o "centenario" (al celebrarse los cien años de escultismo en la región, la palabra estaba destinada a ser la muletilla comercial). Poco más. Casi daba la impresión de que quienes escribieron esas letras (imagino que escultas, rovers y scouters de sus respectivos grupos) no tenían ni puñetera idea de lo que iba el escultismo. Lo de que sea un sentimiento o que implique hacer amigos es cierto, pero lo mismo puede decirse de una peña o un equipo deportivo, una cofradía de semana santa, una parroquia mormona, una comparsa de carnaval, un colectivo de recreación histórica, o la asociación vecinal de amigos de la petanca.
Si el festival debe servir para darnos a conocer, explicad algo más; o si vivimos tiempos de crisis y miseria, sed reivindicativos; no sé, haced algo constructivo, útil. Hablar del escultismo ensalzándolo pero sin explicarlo o ponerlo en práctica, es como hacerse la pelota a uno mismo, y para colmo andar falto de adjetivos. Me llevó a pensar que quizá el relevo generacional no ha sido óptimo, que el mensaje se ha transmitido a través de un teléfono roto viejo y oxidado, y que hay scouts ahí fuera con pañoleta al cuello y muy buena intención, pero que nunca terminaron de comprender el escultismo. Es un pensamiento deprimente, lo sé.
Por eso, el día de mi cumpleaños (17 de Marzo, día de San Patricio), mientras estaba de acampada con mi grupo, y aquejado de un caso grave de melancolía por razones muchas y variadas que en su mayoría no vienen al caso pero que incluyen lo dicho arriba; decidí sar salida a los sentimientos escribiendo algo, y puse todas esas inquietudes en verso. Mi grupo se queja de que casi nunca me decido a poner mi pluma a trabajar para crear nuevas letras de canción. Ésta queda a disposición de ellos, aunque es demasiado larga, y arremete contra el rumbo de la asociación de tal manera, y pone tanto en entredicho la preservación del ideal, que estoy seguro de que nunca, nunca, ganará el festival de la canción. Dice así:
Muchos años han pasado
de sangrar y de crecer,
nuestras caras han cambiado
nuestro sueño ¿Dónde fue?
Aprendimos las pasiones
de las glorias del ayer
mas la mano que recibe
aquel legado ¿Dónde fue?
Nuestras ropas son distintas,
marchitó la tradición,
mas la meta de las pistas
que seguimos ¿Se olvidó?
Aún lo llaman sentimiento,
aún se canta la canción,
mas el sentido que tuvo
con el tiempo ¿Se olvidó?
(Estribillo)
[Y cuando los sueños naufragan,
muere el mundo alrededor,
y la ambición y el dinero
son más fuertes que el amor...
¿Era amistad solamente?
¿Sólo juegos y canción?
¿La juventud celebrada
y el placer de la excursión?
Detrás de aquellas canciones
hubo ganas de luchar,
de elegir un rumbo justo
y no dejar de caminar,
de educar y dar ejemplo,
de guiar a los demás
a un mañana más hermoso
que ha de hacerse realidad.]
Éramos niños entonces,
no entendimos la misión.
Ahora que somos mayores
la esperanza ¿Se perdió?
Los lemas se gritan fuerte,
los pañuelos dan color.
Mas la ley que prometimos,
su sentido ¿Se perdió?
Cuando el amigo se marche,
apriete la soledad, y
nuestros sueños envejezcan
¿Qué será del ideal?
La misión no ha terminado,
el mundo aún debe cambiar,
que soñar sea nuestra lucha,
y nuestra meta, luchar.
(Estribillo)
[Y cuando los sueños naufragan...]
La evolución de ASDE
Hablaba en la anterior entrada de los festivales de la canción. Su origen y significado, y en lo que se han convertido en mi asociación. No quedaría completo el artículo si no dijera que este rastro de pasos que alejan al festival de su propósito y sentido, no son un caso aislado en nuestra asociación. Creo que forman parte de un proceso mucho más grande, triste y preocupante, que amenaza con arrebatar al escultismo de su significado, gota a gota, palabra a palabra, idea a idea. Sospecho, de hecho, que éste un fenómeno generalizado en muchos grupos scouts de hoy en día, al margen de su afiliación asociativa, y de las propias asociaciones, que por comodidad o pereza intelectual o ideológica lo consienten y/o incentivan.
Para entrar en materia, diré que en mi grupo y en la federación que lo vió nacer, las actividades se abrían y cerraban con un acto de izada o arriada de banderas, que incluía las tradicionales formaciones, gritos, canciones. Elementos todos ellos cargados de simbolismo, que recordaban a una disciplina marcial arcaica (y de ahí el rechazo), que sin embargo nos permite tener una organización interna eficaz, mantener la tradición del grupo (allí donde la tradición no entraba en conflicto con el sentido común) e inculcar un poco de disciplina, eso sí, bien entendida, a los muchachos.
No queda apenas rastro de eso. Cualquier anuncio que se haga, se hace desde la megafonía de un escenario, aquél del que dispongamos si estamos en un festival de la canción, o uno portátil si no hay otra cosa. El resto del tiempo, estos equipos de sonido se destinan a poner música, de la que sea facilona, masticadita y de moda, que puede mezclar los últimos éxitos del verano con pachangueo discotequero, con clásicos de disney o algún éxito poco controvertido del pop-rock. Lo frecuente es que la música se mantenga a pleno volumen hasta la hora en que la ley exija unos niveles razonables de silencio. El mantener unos hábitos de sueño sanos queda descartado, en favor de convertir los actos asociativos en un guateque multitudinario en el que, como elemento fuera de lugar, hay niños en edades de primaria.
El festival, que es, ya digo, muy simbólico del espíritu de la asociación, es el principal escaparate de algunos de estos atropellos. En él se ven las actitudes infantiles de mal perder, falta de educación, desinterés por la limpieza de los espacios públicos, y el respeto al entorno y a los demás de las que hacen gala, pero hay más. Se ha hecho costumbre que algún cargo público o personalidad del ayuntamiento o la Comunidad Autónoma co-presente el certamen (como si cada scouter veterano no fuera, por méritos propios, un profesional de la animación de grupos), y en algún momento de la gala, alguien le cuelga al cuello una pañoleta. Esa persona se siente algo más integrada durante quince minutos, pero no comprende el significado de la pañoleta que le han colgado. Probablemente no sepa nada de la ley scout, los principios, las virtudes, las tradiciones, y todo aquello que este blog intenta desvelar. No sabe que para ponerse ese mismo pañuelo, nosotros hemos hecho una promesa, un juramento que nos ata de por vida a una vida de servicio a la comunidad, al mundo, a nuestro prójimo y a nuestro ideal de dejar un mundo mejor. Pero nosotros sí lo sabemos. Lo sabemos y al ponérsela al cuello al primer político que se acerca sin saber nada de todo ésto para quedar bien con él, estamos prostituyendo el significado de la pañoleta, nada más y nada menos.
Y veo que me traiciona mi verborrea, y vuelvo a pasarme del largo apropiado, así que continuaré en una 3ª y última entrega de esta reflexión y crítica al rumbo del escultismo.
Para entrar en materia, diré que en mi grupo y en la federación que lo vió nacer, las actividades se abrían y cerraban con un acto de izada o arriada de banderas, que incluía las tradicionales formaciones, gritos, canciones. Elementos todos ellos cargados de simbolismo, que recordaban a una disciplina marcial arcaica (y de ahí el rechazo), que sin embargo nos permite tener una organización interna eficaz, mantener la tradición del grupo (allí donde la tradición no entraba en conflicto con el sentido común) e inculcar un poco de disciplina, eso sí, bien entendida, a los muchachos.
No queda apenas rastro de eso. Cualquier anuncio que se haga, se hace desde la megafonía de un escenario, aquél del que dispongamos si estamos en un festival de la canción, o uno portátil si no hay otra cosa. El resto del tiempo, estos equipos de sonido se destinan a poner música, de la que sea facilona, masticadita y de moda, que puede mezclar los últimos éxitos del verano con pachangueo discotequero, con clásicos de disney o algún éxito poco controvertido del pop-rock. Lo frecuente es que la música se mantenga a pleno volumen hasta la hora en que la ley exija unos niveles razonables de silencio. El mantener unos hábitos de sueño sanos queda descartado, en favor de convertir los actos asociativos en un guateque multitudinario en el que, como elemento fuera de lugar, hay niños en edades de primaria.
El festival, que es, ya digo, muy simbólico del espíritu de la asociación, es el principal escaparate de algunos de estos atropellos. En él se ven las actitudes infantiles de mal perder, falta de educación, desinterés por la limpieza de los espacios públicos, y el respeto al entorno y a los demás de las que hacen gala, pero hay más. Se ha hecho costumbre que algún cargo público o personalidad del ayuntamiento o la Comunidad Autónoma co-presente el certamen (como si cada scouter veterano no fuera, por méritos propios, un profesional de la animación de grupos), y en algún momento de la gala, alguien le cuelga al cuello una pañoleta. Esa persona se siente algo más integrada durante quince minutos, pero no comprende el significado de la pañoleta que le han colgado. Probablemente no sepa nada de la ley scout, los principios, las virtudes, las tradiciones, y todo aquello que este blog intenta desvelar. No sabe que para ponerse ese mismo pañuelo, nosotros hemos hecho una promesa, un juramento que nos ata de por vida a una vida de servicio a la comunidad, al mundo, a nuestro prójimo y a nuestro ideal de dejar un mundo mejor. Pero nosotros sí lo sabemos. Lo sabemos y al ponérsela al cuello al primer político que se acerca sin saber nada de todo ésto para quedar bien con él, estamos prostituyendo el significado de la pañoleta, nada más y nada menos.
Y veo que me traiciona mi verborrea, y vuelvo a pasarme del largo apropiado, así que continuaré en una 3ª y última entrega de esta reflexión y crítica al rumbo del escultismo.
miércoles, 27 de marzo de 2013
El festival de la canción scout.
Hace ya unas cuantas semanas se celebró en Murcia el "Festival de la Canción Scout".
Ya sea para amenizar veladas sentados alrededor del fuego, para levantar el ánimo y entretenerse durante las largas caminatas por el monte, como método de exorcismo para alejar el mal humor y la tristeza cuando nos enfrentmos a dificultades, o para presentar a los más jóvenes la belleza del lenguaje a través de la lírica, con la esperanza de que quizá, con el tiempo, sean buenos lectores, pensadores, conversadores, o incluso poetas... La canción siempre ha estado ligada al movimiento scout.
Por eso es tradición celebrar certámenes de canciones entre grupos pertenecientes a la misma asociación. Para compartir esa faceta artística del escultismo, para compartir canciones, ideas, sueños y música. Para darle voz en verso a la lucha que libramos.
Hace años que dejaron de gustarme estos festivales. Por múltiples razones. Para empezar, la impresión general que he obtenido de ellos en los últimos años es de que ya no se trata tanto de compartir algo hermoso, como de competir. Por probar con una analogía que os sea familiar, diré que el clima es similar al de Eurovisión:
1)No existe una variedad de premios y menciones que recompensen aspectos vitales como la melodía o la letra, sino un podio único, que ocuparán los favoritos de un jurado cuyo criterio es misterioso, y en el que se intuye una inclinación a factores como el efectismo visual de la puesta en escena (disfraces, atrezzo, decorados, bailes, escenificación, etc...), o factores políticos (quién ganó la última vez, con quién me llevo bien o mal, con quién quiero llevarme mejor, quién está pasando por un bache y se merece algo que le anime...) en detrimento de otros como la calidad artística de la canción, o la encarnación de los valores scouts en una letra inteligente y hermosa.
2)Los principales objetivos son ganar, hacer ruido, hacer publicidad al conjunto y animar a tu bando como si te fuera la vida en ello, por lo que, claro está, casi nadie tiene un interés desmedido por las canciones de los demás. Hay, de hecho un premio a la "animación", para incentivar que los grupos cumplan estos objetivos. Diré que este año tal premio se lo llevó un grupo que llevó carteles enormes como parte de su estrategia de animación, que se sentaba en primera fila y que cada vez que los levantaba, conseguía que nadie que estuviera detrás de ellos pudiera ver el escenario. Sin palabras.
Creo, y así lo escribo, que la sociedad del capitalismo radical y de los deportes de competición inculcan a las personas desde su más tierna infancia que la esencia de la vida es competir... y ganar, mientras que yo opino que sería mucho más sensato educar a nuestros niños en la mentalidad de la cooperación. Por supuesto, esto es lo que se intenta hacer desde los grupos scout, o eso se supone, pero el festival supone un paso en falso, a mi ver. Las canciones no surgen por casualidad, casi nunca. En muchos casos requieren el esfuerzo combinado de mucha gente, y el sacrificio de mucho tiempo de la ronda solar para ensayarla, prepararla, y crear decorados y atrezzo, y eso es tiempo que se nos escapa y que podríamos dedicar a trabajar otras cosas. No digo que haya que medir con cronómetro el tiempo que se dedica por placer a juegos o a proyectos de dudosa utilidad final, pero recuerdo el caso de un grupo, perteneceiente a la federación en la que el mío estuvo antes de ésta, que estaba casi desintegrado, no tenía casi medios o infraestructuras, no acampaban ni se reunían, y su única actividad anual, era participar en el festival de la canción. Una elección de prioridades intrigante.
Aún me queda mucho por decir, pero la entrada es larga, y nunca se debe abusar de la paciencia del lector, así que en "La evolución de ASDE", continuará...
Ya sea para amenizar veladas sentados alrededor del fuego, para levantar el ánimo y entretenerse durante las largas caminatas por el monte, como método de exorcismo para alejar el mal humor y la tristeza cuando nos enfrentmos a dificultades, o para presentar a los más jóvenes la belleza del lenguaje a través de la lírica, con la esperanza de que quizá, con el tiempo, sean buenos lectores, pensadores, conversadores, o incluso poetas... La canción siempre ha estado ligada al movimiento scout.
Por eso es tradición celebrar certámenes de canciones entre grupos pertenecientes a la misma asociación. Para compartir esa faceta artística del escultismo, para compartir canciones, ideas, sueños y música. Para darle voz en verso a la lucha que libramos.
Hace años que dejaron de gustarme estos festivales. Por múltiples razones. Para empezar, la impresión general que he obtenido de ellos en los últimos años es de que ya no se trata tanto de compartir algo hermoso, como de competir. Por probar con una analogía que os sea familiar, diré que el clima es similar al de Eurovisión:
1)No existe una variedad de premios y menciones que recompensen aspectos vitales como la melodía o la letra, sino un podio único, que ocuparán los favoritos de un jurado cuyo criterio es misterioso, y en el que se intuye una inclinación a factores como el efectismo visual de la puesta en escena (disfraces, atrezzo, decorados, bailes, escenificación, etc...), o factores políticos (quién ganó la última vez, con quién me llevo bien o mal, con quién quiero llevarme mejor, quién está pasando por un bache y se merece algo que le anime...) en detrimento de otros como la calidad artística de la canción, o la encarnación de los valores scouts en una letra inteligente y hermosa.
2)Los principales objetivos son ganar, hacer ruido, hacer publicidad al conjunto y animar a tu bando como si te fuera la vida en ello, por lo que, claro está, casi nadie tiene un interés desmedido por las canciones de los demás. Hay, de hecho un premio a la "animación", para incentivar que los grupos cumplan estos objetivos. Diré que este año tal premio se lo llevó un grupo que llevó carteles enormes como parte de su estrategia de animación, que se sentaba en primera fila y que cada vez que los levantaba, conseguía que nadie que estuviera detrás de ellos pudiera ver el escenario. Sin palabras.
Creo, y así lo escribo, que la sociedad del capitalismo radical y de los deportes de competición inculcan a las personas desde su más tierna infancia que la esencia de la vida es competir... y ganar, mientras que yo opino que sería mucho más sensato educar a nuestros niños en la mentalidad de la cooperación. Por supuesto, esto es lo que se intenta hacer desde los grupos scout, o eso se supone, pero el festival supone un paso en falso, a mi ver. Las canciones no surgen por casualidad, casi nunca. En muchos casos requieren el esfuerzo combinado de mucha gente, y el sacrificio de mucho tiempo de la ronda solar para ensayarla, prepararla, y crear decorados y atrezzo, y eso es tiempo que se nos escapa y que podríamos dedicar a trabajar otras cosas. No digo que haya que medir con cronómetro el tiempo que se dedica por placer a juegos o a proyectos de dudosa utilidad final, pero recuerdo el caso de un grupo, perteneceiente a la federación en la que el mío estuvo antes de ésta, que estaba casi desintegrado, no tenía casi medios o infraestructuras, no acampaban ni se reunían, y su única actividad anual, era participar en el festival de la canción. Una elección de prioridades intrigante.
Aún me queda mucho por decir, pero la entrada es larga, y nunca se debe abusar de la paciencia del lector, así que en "La evolución de ASDE", continuará...
lunes, 25 de marzo de 2013
El deber de un scout empieza en su propia casa.
Tarde, para no variar, termino el capítulo de principios scouts con éste último de los principios: El deber de un scout empieza en su propia casa.
¿A alguno le suena la frase "Yo, hasta que no me tomo un café, no soy persona"? Aunque la frase en principio es inocente y no alude más que a la poca energía con que se levantan los dependientes de la cafeína, muchas personas lo utilizan como excusa para ser unos bordes durante las primeras horas del día. Hay gente que tiene una cierta moral, pero es de cara a la galería, en lo privado necesitan coger fuerzas, buscar su paréntesis, su margen de excepción, su trecho para coger carrerilla. Hay gente que necesita prepararse para ser amable, como el que necesita acicalarse para sentirse capaz de enfrentarse al mundo. ¿Quiere eso decir, que si no se nos concediese ese espacio, no podríamos actuar en justicia a quienes somos, a quienes queremos o a quienes debemos ser?
Creo que este principio habla precisamente de eso. Uno no decide dónde poner su casilla de salida, porque en realidad, nunca abandona el tablero de juego. No se hace una frontera, porque lo ideal es no abandonar sus límites. No se decide cuándo actuar como un scout, porque SE ES scout.
Es difícil, claro, no somos perfectos, y nos desviamos del camino constantemente, de ahí la dificultad de ser puro... pero de lo que se trata es de no ser gentil y caballeroso con todo el mundo, menos con quien tienes confianza suficiente como para ser un cretino y que te lo perdonen. No cuidar el medio ambiente plantando árboles y cumplir las obligaciones en el trabajo como un campeón... y desatender a la mascota al llegar a casa porque uno está cansado. El escultismo no es sólo una herramienta para cambiar el mundo, sino también para cambiarnos a nosotros mismos, para pulir nuestras imperfecciones y mejorar, para ser más capaces de cambiar el mundo y a los demás. El mundo dejó de ser un entorno en el que los árboles, los ríos, el suelo, los recursos, las plantas y animales eran sus características principales... hoy en día, nuestro medio ambiente está hecho de personas, y de los resultados de las decisiones de esas personas. Por eso, para cambiar el mundo, hemos de cambiar nosotros, educar a los demás y educarnos a nosotros mismos. Para eso, tenemos que incorporar los principios scouts a nuestra vida diaria, a las decisiones cotidianas, a nuestro trabajo, nuestras amistades, nuestras relaciones... a todo.
Y ése es el último principio que nos debe guiar para no caer en la hipocresía. No necesito quitarme las legañas para ser cortés, ni un baño de sales para preocuparme por el medio ambiente, ni siquiera estar de buen humor para ser amigo de todos. Pienso, luego existo, luego soy scout, mientras esté vivo y despierto, porque así lo he decidido, así lo prometí, y así debe ser siempre, sin excepciones.
¿A alguno le suena la frase "Yo, hasta que no me tomo un café, no soy persona"? Aunque la frase en principio es inocente y no alude más que a la poca energía con que se levantan los dependientes de la cafeína, muchas personas lo utilizan como excusa para ser unos bordes durante las primeras horas del día. Hay gente que tiene una cierta moral, pero es de cara a la galería, en lo privado necesitan coger fuerzas, buscar su paréntesis, su margen de excepción, su trecho para coger carrerilla. Hay gente que necesita prepararse para ser amable, como el que necesita acicalarse para sentirse capaz de enfrentarse al mundo. ¿Quiere eso decir, que si no se nos concediese ese espacio, no podríamos actuar en justicia a quienes somos, a quienes queremos o a quienes debemos ser?
Creo que este principio habla precisamente de eso. Uno no decide dónde poner su casilla de salida, porque en realidad, nunca abandona el tablero de juego. No se hace una frontera, porque lo ideal es no abandonar sus límites. No se decide cuándo actuar como un scout, porque SE ES scout.
Es difícil, claro, no somos perfectos, y nos desviamos del camino constantemente, de ahí la dificultad de ser puro... pero de lo que se trata es de no ser gentil y caballeroso con todo el mundo, menos con quien tienes confianza suficiente como para ser un cretino y que te lo perdonen. No cuidar el medio ambiente plantando árboles y cumplir las obligaciones en el trabajo como un campeón... y desatender a la mascota al llegar a casa porque uno está cansado. El escultismo no es sólo una herramienta para cambiar el mundo, sino también para cambiarnos a nosotros mismos, para pulir nuestras imperfecciones y mejorar, para ser más capaces de cambiar el mundo y a los demás. El mundo dejó de ser un entorno en el que los árboles, los ríos, el suelo, los recursos, las plantas y animales eran sus características principales... hoy en día, nuestro medio ambiente está hecho de personas, y de los resultados de las decisiones de esas personas. Por eso, para cambiar el mundo, hemos de cambiar nosotros, educar a los demás y educarnos a nosotros mismos. Para eso, tenemos que incorporar los principios scouts a nuestra vida diaria, a las decisiones cotidianas, a nuestro trabajo, nuestras amistades, nuestras relaciones... a todo.
Y ése es el último principio que nos debe guiar para no caer en la hipocresía. No necesito quitarme las legañas para ser cortés, ni un baño de sales para preocuparme por el medio ambiente, ni siquiera estar de buen humor para ser amigo de todos. Pienso, luego existo, luego soy scout, mientras esté vivo y despierto, porque así lo he decidido, así lo prometí, y así debe ser siempre, sin excepciones.
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