lunes, 25 de marzo de 2013

El deber de un scout empieza en su propia casa.

Tarde, para no variar, termino el capítulo de principios scouts con éste último de los principios: El deber de un scout empieza en su propia casa.

¿A alguno le suena la frase "Yo, hasta que no me tomo un café, no soy persona"? Aunque la frase en principio es inocente y no alude más que a la poca energía con que se levantan los dependientes de la cafeína, muchas personas lo utilizan como excusa para ser unos bordes durante las primeras horas del día. Hay gente que tiene una cierta moral, pero es de cara a la galería, en lo privado necesitan coger fuerzas, buscar su paréntesis, su margen de excepción, su trecho para coger carrerilla. Hay gente que necesita prepararse para ser amable, como el que necesita acicalarse para sentirse capaz de enfrentarse al mundo. ¿Quiere eso decir, que si no se nos concediese ese espacio, no podríamos actuar en justicia a quienes somos, a quienes queremos o a quienes debemos ser?

Creo que este principio habla precisamente de eso. Uno no decide dónde poner su casilla de salida, porque en realidad, nunca abandona el tablero de juego. No se hace una frontera, porque lo ideal es no abandonar sus límites. No se decide cuándo actuar como un scout, porque SE ES scout.

Es difícil, claro, no somos perfectos, y nos desviamos del camino constantemente, de ahí la dificultad de ser puro... pero de lo que se trata es de no ser gentil y caballeroso con todo el mundo, menos con quien tienes confianza suficiente como para ser un cretino y que te lo perdonen. No cuidar el medio ambiente plantando árboles y cumplir las obligaciones en el trabajo como un campeón... y desatender a la mascota al llegar a casa porque uno está cansado. El escultismo no es sólo una herramienta para cambiar el mundo, sino también para cambiarnos a nosotros mismos, para pulir nuestras imperfecciones y mejorar, para ser más capaces de cambiar el mundo y a los demás. El mundo dejó de ser un entorno en el que los árboles, los ríos, el suelo, los recursos, las plantas y animales eran sus características principales... hoy en día, nuestro medio ambiente está hecho de personas, y de los resultados de las decisiones de esas personas. Por eso, para cambiar el mundo, hemos de cambiar nosotros, educar a los demás y educarnos a nosotros mismos. Para eso, tenemos que incorporar los principios scouts a nuestra vida diaria, a las decisiones cotidianas, a nuestro trabajo, nuestras amistades, nuestras relaciones... a todo.

Y ése es el último principio que nos debe guiar para no caer en la hipocresía. No necesito quitarme las legañas para ser cortés, ni un baño de sales para preocuparme por el medio ambiente, ni siquiera estar de buen humor para ser amigo de todos. Pienso, luego existo, luego soy scout, mientras esté vivo y despierto, porque así lo he decidido, así lo prometí, y así debe ser siempre, sin excepciones. 





jueves, 24 de enero de 2013

El scout es buen ciudadano.

Llegamos, con una semana de retraso, eso sí, al segundo principio scout, que si bien no tiene connotaciones tan desagradables como algunas de las cosas ya explicadas, sí que hiede a corrección política que tira para atrás. Tiene su gracia la cosa, porque ser políticamente correcto y ser buen ciudadano parecen lo mismo pero no tienen por qué tener nada que ver. Dejadme explicarme.

El scout debe ser CÍVICO. Esto quiere decir que no se mueve en sociedad como un intruso, tomando lo que necesita y desentendiéndose de todo lo demás. Un buen scout es miembro activo de su comunidad, y asimila el compromiso de cuidarla y mejorarla para que ésta sea el entorno ideal tanto para él como para los demás.

En este punto, cabe añadir que el concepto de comunidad al que me refería puede ser extraordinariamente amplio, y puede referirse a tu barrio, tu pueblo, tu ciudad, tu provincia, o incluso, tu país.
Esta clase de civismo se puede manifestar de mil maneras. Conocer tu entorno, respetarlo, quizá incluso amarlo lo bastante como para echar raíces en él, son solo un principio en nuestra labor.
El scout se esfuerza por mantener limpios sus espacios públicos, cuidados los bienes comunales, se interesa por sus vecinos, y por las noticias y novedades que afectan a su entorno, a su pueblo, barrio, ciudad...

Creo que cuando decimos la expresión "Buen ciudadano", algún gatillo se dispara que nos recuerda al concepto de "niño bueno" o a la concepción infantil de "buen alumno". Es decir, ser dócil y obediente. Por eso nos suena todo a políticamente correcto. Pero un buen ciudadano no tiene nada que ver con eso. Un buen ciudadano tiene el deber cívico de preocuparse por el entorno y sus conciudadanos, y eso implica tener algún criterio político firme: reflexionar, votar, manifestarse, exigir, y llegado al caso de la injusticia extrema, poner en práctica la desobediencia civil. Éso es lo más divertido del asunto, que aunque el scout por norma general sea disciplinado, obediente, y acate las normas aceptadas en su comunidad; su obligación cívica y moral es de desobedecer las leyes injustas, y luchar por algo mejor.

Al fin y al cabo, si la misión del jefe era que dejáramos un mundo mejor; nos va tocando poner nuestro granito de arena en la lucha, dándole un giro Gandhiano a aquella frase de John Fitzgerald Kenndy que decía: "No se pregunten qué puede hacer su país por ustedes. Pregúntense qué pueden hacer ustedes por su país."


viernes, 11 de enero de 2013

El scout está orgulloso de su fe y la practica.

Empiezo nuevo capítulo, ya por fin, y ahora hablaré de otros elementos del ideario scout que, al igual que las virtudes, se presenta en número de tres: los principios.
El primero de ellos, y, probablemente, mi favorito, es el que en mi libro de progresión rezaba:
"EL SCOUT ESTÁ ORGULLOSO DE SU FE Y LA PRACTICA"

Como ya dije antes, siempre que las palabras "Dios" y "Fe" aparecen en los idearios, las considero un anacronismo cultural, no porque no respete la religión, como fuente de paz espiritual y marco de desarrollo y autorealización para muchos... Sino porque la considero un resumen incompleto del esquema de creencias espirituales, morales, ideológicas, políticas, etc... que a mi ver, son tan importantes para definir quién es cada uno en esta vida.

Creo que si tuviera que resumir este principio en un adjetivo que defina al que lo cumple (y he estado muy tentado de hacerlo por lo largo del título) sería: CONSECUENTE.
El scout, y a mi ver cualquier persona, debe alcanzar un alto grado de sintonía entre lo que cree, lo que predica, y lo que realiza. El que se ampara demasiado en el relativismo moral (quien dice lo que no cree, hace lo contrario de lo que dice, y actúa en contra de sus convicciones) acaba pecando de falsedad, no se respeta mucho a sí mismo o a sus ideales, y pierde credibilidad para con todos aquellos que le escuchen. Pobre ejemplo para los demás entonces, si pretende ser un referente.

La auténtica sabiduría reside en la frase del friso del oráculo de Delfos: "Conócete a sí mismo". El scout debe intentar tener claro quién es, y no avergonzarse de ello. Siempre se puede dudar. De hecho, se debe dudar. La dosis sana de inseguridad es lo que nos permite detenernos a reflexionar, autoevaluarnos, replantearnos ideas, salir de nuestros errores, corregirnos, perfeccionarnos. La duda nos impide convertirnos en zelotes fanáticos. Pero si te avergüenzas de aquello en lo que crees, quizá sea el momento de replanteártelo en serio, y tomar un nuevo camino.

Si no hay razones para avergonzarse, el scout no se esconde, no se retracta, no se contradice. Si uno es religioso, por ejemplo, asistirá a los oficios y ceremonias correspondientes y se esforzará por cumplir los votos y mandamientos de su credo, en la manera que entienda mejor y más sabia. Si es defensor de la igualdad de género, no abusará jamás física, verbal, o psicológicamente de su pareja, y no utilizará el género como excusa para establecer criterios diferentes en el reparto de derechos y obligaciones. Si se es Scout... sencillamente, se intentará de corazón ser de verdad scout.

Si cree en ello de corazón, nunca se avergonzará de uniformes, de símbolos ni nada por el estilo, defenderá sus ideales con lógica y respeto, pero con pasión, y será firme en sus convicciones.
¿Tenéis claro en lo que creéis? ¿No? Pues entonces el escultismo y la filosofía socrática os invitan a la actividad mental más sana del mundo: sentáos un rato a reflexionar.

martes, 1 de enero de 2013

Palabras complicadas: PATRIA

Patria es otra de esas palabras que rechinan en nuestros oídos con ecos extraños.
George Bernard Shaw decía que "Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él". y que "Nunca se tendrá un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana". Oscar Wilde resumía en que, "El patriotismo es la virtud de los depravados". Arthur Schopenhauer profundizaba en ello, yendo aún más allá al explicar que "Todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad".
 Otros tantos autores hablaron del patriotismo como algo necesario.

Creo que la división lógica está en separar los conceptos de patria y de nacionalismo. El nacionalismo no mejora el país, ya que da por hecho que el país es mejor que la mayoría. El patriotismo bien entendido es crítico, y no tiene nada que ver con banderas, sino con nuestra relación con el entorno. Los nacionalismos siempre me han parecido una soberana estupidez, ya que están vacíos de ideales, y generalmente se regodean en el ensalzamiento de los valores abstractos de la llamada patria. Como proclama política, son una manera muy al uso de aparentar una ideología y de no ofrecer nada.

Sin embargo, sí que tenemos una patria, porque todo el mundo echa raíces, en un momento u otro de su vida. La patria, creo yo, sería ese lugar, o ese entorno o circunstancias al que uno puede llamar hogar. No tiene por qué tener nada que ver con el lugar donde naciste, o incluso, con un lugar. Es algo más complejo, y a la vez mucho más simple. Tiene que ver con el amor, la nostalgia y con nuestro propio entorno vital, con toda la gente y procesos que lo componen.
Pero, para amar algo, hay que conocerlo al menos en cierta medida. No se puede amar un país porque es un sistema caótico y complejo de magnitudes monstruosas y límites difusos que no podemos ni siquiera aspirar a abarcar.

Cuando mis lobatos me preguntan que de qué equipo soy (y reconozco que sufro esta pregunta a menudo, y detesto el fútbol), yo siempre les contesto que del de mis amigos, del de mi familia, y del grupo scout Narsés. Si tengo el día inspirado, a veces añado que yo no pertenezco a nadie, más que a aquellos a los que llevo en el corazón. Y ésa, amigos míos, es mi patria. También lo es mi barrio, mi vieja escuela, la biblioteca, el grupo y su local, la casa de mis padres y la cueva de friki en la que he convertido el sótano, o el foro de rol donde participo, la federación scout en la que crecí, y todos los amigos que tengo dispersos por España y por el mundo. Todas esas cosas son mi patria, porque patria, al final, es un concepto para describir los vínculos invisibles que comprometen al scout con su entorno que lo convierte en quien es desde el momento en que nace. Su prójimo, su ecosistema, su sitio en el mundo. Llámalo mundo, sociedad, o como quieras.

El fundador nos dejó la misión de dejar el mundo mejor de lo que estaba, y, por decirlo así, la palabra "DIOS" refería a los planos de construcción, y la palabra "PATRIA" a los materiales; o dicho de otra manera, al modelo y al trozo de lienzo que nos toca pintar en el cuadro cósmico. Aquello en lo que crees, y el entorno que te rodea. La misión del idealista siempre será transformar lo segundo para ajustarlo a lo primero, y las palabras que utilicemos no serán tan importantes como su significado.



lunes, 17 de diciembre de 2012

Palabras complicadas: DIOS

La historia de la humanidad ha estado plagada de épocas de depresión, en las que el hambre galopaba rampante, la miseria era la norma común, la educación y la cultura no eran accesibles, y en las que la mera supervivencia no se daba por sentada. La más famosa y contundente fué la Alta Edad Media, pero tanto en imperios de la antigüedad como en las naciones industriales se han repetido estos periodos, cuando las malas cosechas, las epidemias, la economía o la guerra así lo han dictado.

El debate ético, moral e ideológico era poco común entre la gente de a pie de estos periodos. Primero, porque en tiempos de crisis no es frecuente poder hablar con libertad de estos temas sin miedo a la represión. Segundo, porque la gente rara vez poseía el vocabulario y la complejidad de ideas suficientes como para expresar estos conceptos. Y tercero, porque el aliento se reservaba para trabajar sin descanso, y quizá garantizar el pan de cada día.
Por eso se hacen necesarios conceptos más simples para abreviar y resumir todos los ideales y conceptos morales positivos. En estos tiempos, además, la gente ofrece lo peor de sí misma, cuando su propia existencia y seguridad se ve amenazada, y la solidaridad sale cara; por eso esos conceptos han de venir del exterior, ya que la fe en la bondad humana es un tesoro insólito, y la asunción de que es el propio hombre el que debe hacer imperar bien y justicia para remediar lo que él mismo causa es desoladora.

En estos periodos aparece para cumplir este papel la palabra "Dios". Dios, para el que es creyente de verdad, es la encarnación de todo bien. Los hombres buenos lo son en la medida en que respetan a Dios, o le llevan en su corazón. Esto ahorra mucha palabrería y reflexión, porque creer de corazón en Dios, es creer en la bondad, la generosidad, la justicia, la igualdad, la compasión, el perdón, etc...

Cuando estas reminiscencias religiosas se cuelan en el escultismo como legados de un pasado más espiritual, incomodando a los más laicos del colectivo, no hay que horrorizarse y tacharla a ciegas, sino entenderla como lo que es: un resumen burdo y teocentrista de "Aquello en lo que creo". Este aquello en lo que uno cree puede, en efecto, ser la religión, pero no tiene que limitarse a la misma: Son tus sueños, tus ideales, tu manera de entender el mundo, y tu propia interiorización de los conceptos absolutos del bien.

Quisiera poseer la solución al enigma de cómo resumir en las fórmulas y ceremoniales algo tan complejo en nada que sea más corto que una frase de, al menos 5 palabras sin recurrir a Dios, para poder hablar con propiedad, pero temo que el asunto es complicado, y merece que cada uno haga su propia reflexión.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Palabras abstractas y complicadas...

Mi plan era continuar con los tres principios scout, pero me doy cuenta, aún antes de empezar, de que resultaría muy complicado continuar sin aclarar el conflicto con la lingüística en el que se metido el escultismo de estas últimas décadas. Ya he comentado antes que me parece pereza intelectual el cambio de vocabulario, pero me temo que para explicarme bien deba alargar el planteamiento, y hablar un poco de mí mismo.

Mi fe en estos últimos años no pasa de ser un coqueteo con el mito por amor a la fantasía, (en tanto que ésta no sólo es bella y amena, sino un medio y una excusa para reflexionar sobre ideas más elevadas); y un pequeño reducto de agnosticismo, nacido del miedo profundo al gran misterio de la muerte, y al concepto de afrontar el fin de la existencia desde dentro. (Es fácil presenciar el fin de algo desde fuera, y aceptar la idea de que ese algo ha dejado de existir, ¿Pero abordar la inexistencia desde dentro? La idea es brutalmente sencilla y a un tiempo imposible: no experimentas nada, porque sencillamente no existes.)
Sin embargo, cuando me sumergí en el escultismo, aún profesaba un agnosticismo menos interesado, y más próximo a la fe cristiana. Nuestros libros de progresión de entonces llevaban mucho tiempo sin actualizar, y aunque aún no había una obsesión tan chirriante con la corrección política; palabras como "Dios", o "Patria" (hoy en día incluso palabras como "Honor", "Bandera" o "Alma" corren riesgo de caer en este saco) ya eran incómodas por su proliferación en las fórmulas, ceremoniales, y canciones.

Recientemente ha surgido un afán falsamente renovador por erradicar estas palabras de nuestro vocabulario para evitar que se nos asocie con colectivos mucho menos benévolos que el nuestro, y con conceptos anticuados; pero sin sustituirlos por ninguna otra cosa, dejando delatadores huecos en blanco, aún emborronados y manchados por los restregones de la goma de borrar.

Las palabras me son tan incómodas como a cualquiera, y soy partidario de utilizar un lenguaje lo más ajustado posible a la realidad, para poder hablar con propiedad. Pero no soy partidario de negar el pasado, de tratar de eliminar quirúrgicamente conceptos que nos definen como colectivo por no hacer un esfuerzo por encontrar las palabras apropiadas para explicarlos. La pereza intelectual es uno de los defectos que más rápidamente nos puede alejar de nuestro desarrollo como personas, y quizá, por alejarnos de ideas y colectivos que han sido restrictivos y censuradores, nos estamos convirtiendo nosotros también en torpes censores del lenguaje, desesperados por una higiene conceptual que mantenga una fachada impoluta.

Seguiría, pero parece que la entrada ya se me está haciendo demasiado larga, y para no abusar de vuestra paciencia, mejor explico estas palabras una por una, y en entradas independientes. Continuará...

viernes, 7 de diciembre de 2012

Virtudes Scout: PUREZA

Vamos con la última de las tres virtudes, tal y como las aprendí: La pureza.

Me consta que en otros círculos, incluída la asociación en que ahora se engloba mi grupo, esta difícil palabra se ha sustituído por "humildad", para facilitar el trámite de tener que explicar un concepto con unas connotaciones tan arcaicas como las que evoca la palabra "Pureza". Con todo, me parece un ejercicio de pereza intelectual, ya que la pureza scout no se limita a la humildad, sino que va mucho más allá.

Saquemos la pureza de todo contexto religioso o de virginalidad. La pureza es el estado en el que algo está libre de imperfecciones, de manchas, de desperfectos. Obviamente, hablamos de pureza moral, pero... ¿Qué mente, hoy en día, está libre de recovecos, de perversiones, de pasadizos oscuros llenos de vueltas y callejones sin salida donde se encuentran los frutos de nuestros temores, prejuicios y sufrimiento, donde se encuentran todos los mecanismos de defensa emocional que nos oscurecen el carácter?

Hay quien dice que la verdadera pureza está en la primera infancia, y tienen parte de razón, porque es cuando menos contaminadas están nuestras mentes... pero por supuesto, no es una pureza duradera, porque los bebés aún no han aprendido a controlar sus impulsos, sentimientos, y apetitos, aún no saben comportarse socialmente. Creo que la auténtica pureza de espíritu está en tratar de ver el mundo con los ojos de un niño, permitiendo que las cosas nos ilusionen, y no prejuzgando, no dar nada por hecho, excepto la humildad de no despreciar nada, de sobreentender que todo puede merecer la pena, de que todo merece respeto, y que no somos mejores que nada ni nadie. Librarse del sarcasmo que nace en el corazón, de la crueldad, de la soberbia, de los prejuicios, de la estrechez de miras. La pureza es quizá como empezar de cero con cada persona que conoces, poner la misma ilusión en cada empresa, y amar cada vez como si fuera la primera y la última. Manteniendo esa ingenuidad, esa ilusión, esa terquedad en el buen hacer. El escultismo es un movimiento pensado para los niños, y una de las virtudes del scout es intentar no perder nunca a ese niño interior.


 Esto requiere un ejercicio constante de reflexión y autoevaluación, y un esfuerzo enorme para intentar mantener siempre una actitud abierta y justa. Es imposible mantener limpia del todo la casa donde uno vive, si no es a costa de trabajar en ello a menudo, pero el que pretende ser sano en cuerpo y mente debe abrir las ventanas de vez en cuando y airear el polvo.